martes, 4 de febrero de 2014

El Marxismo en Chile: Producción y utilización.



Cuadro: Dialéctica, de Pablo Veronese. 

Resumen con comentarios del texto de Tomás Moulián. 

El Marxismo en Chile: Producción y utilización.

I.-Generalidades:
1.     De la especificidad de la investigación:
El análisis está colocado en el “circuito de circulación”, “en el hecho de que las ideas son consideradas productos que, a través de sistemas de difusión o diseminación, se orientan hacia le uso” (57). El foco del análisis, en específico está puesto en “los marxismos en uso y los usos del marxismo” (58).

2.    De los conceptos básicos: El sistema de conocimiento social.
La preocupación de las ideas como productos circulando y conectados a través de una red de usuarios requiere: 1) una conceptualización de carácter estructural y otra 2) de carácter dinámico.- La primera referencia la toma de José Joaquín Bruner en el concepto de “Sistema de Investigación[1] para referirse a “un colectivo de investigadores identificados por una común orientación de sus prácticas de investigación, la que se halla condicionada por una tradición de pensamiento compartida, por una comunidad de referencias teóricas y, sobre todo, por un interés rector de conocimiento[2] Este istema conceptual está formado por dos componentes: 1) “el contenido intelectual o sistema conceptual”; 2) por la “base profesional” entre quienes se distribuye prestigio y poder interno.  Estos “argumentos internistas” sobre el prestigio no son del todo aplicables en el sistema marxista, en el que los “argumentos externos” tiene una importancia capital.

3.    circuito de circulación.
Un sistema de conocimiento social es un sistema de circulación de productos cuyos principales momentos son: “producción-difusión-uso”. Al concerbarse la ida de circuito se respeta el hecho de que toda obra  “tiene una lógica de uso y que el uso determina la producción o, viceversa, que la distribución selecciona a los usuarios” (60)
Hay que dejar claro que el uso  no es el consumo de usuarios intelectuales o investigadores, sean estos otros practicantes, planificadores u otros formuladores de políticas. Es el consumo de agentes prácticos que, sin embargo, tienen en al cadena de circulación papales discursivos, sean de producción de objetos cognitivos de divulgación pedagógica, o sea la producción de objetos cognitivos de orientación política”.

4.    De las escuelas en el marxismo en uso:
Las escuelas y tradiciones que se han formado en Chile en el circuito de circulación  se pueden diferencias en relación a: a) la posición frente a la teoría –lo que remite a diferencias epistémicas; y a b) posiciones diferentes en la teoría.
Desde el punto de vista de la posición frente  a la teoría se encuentran dos grandes divisiones: 1) una piensa el marxismo como método “en el sentido de forma de conocer que eventualmente puede dar lugar  a generalizaciones y leyes más que a un conjunto ya elaborado de conocimientos sustantivos” (61); la otras es 2) la tradición que piensa el marxismo como teoría, “como un conjunto sistemático y ya aprehendido de generalizaciones y leyes sobre el capitalismo, la revolución y el socialismo” (61). Dentro de esta segunda tendencia, podemos identificar dos grandes escuelas: 2.1) la marxista-leninista-soviética; 2.2) la marxista-leninista castroguevarista.


II.- El marxismo teórico y metodológico: cuestiones generales
1.    La radicalidad de la diferencia.
La diferencia entre quiénes conciben al marxismo como una teoría y quiénes lo conciben como un método. La diferencia de estas dos posiciones radica en la forma de concebir lo teórico. La distinción entre ambas no está puesta en la refutabilidad empírico-material sino en al dialéctica y la historicidad. Para el marxismo metodológico el atribtuo de cientificidad proviene de considerar “a la realidad como contradictoriamente construida y al devenir histórico como resolución de contradicciones”. Dentro de este enfoque se puede diferencia la posición epistemológica althuseriana que considera al marxismo como una meta-teoría y una posición más ontológica En la posición teoricista, “la teoría era definida de una forma cerrada y como un conjunto ya completo de proposiciones sobre el capitalismo y el socialismo” (62)

2.    La noción de método en el marxismo metodológico en uso.
Esta noción fue la forma de concebir el marxismo en uso por el socialismo chileno. La noción de método más que una reducción a una concepción cientificista, jugó un “papel de antídoto contra las posturas más dogmáticas y cerradas, contra las lecturas textuales y contra la tradición libresca” (63). Esto permitió el surgimiento de otra visión: “la de fundamento gnoseológico de cualquier afirmación teórica” (63), que permitía realizar dos operaciones: rectificar el sincretismo de  la corriente socialista y mantener una visión teórica abierta.

3.    Las relaciones entre práctica y teoría.
“La afirmación de que el conocimiento o la explicación tienen relación con la acción y que la ciencia puede servir para un control racionalmente orientado de los procesos sociales no es propia ni específica del marxismo” (64). El involucramiento de las ciencias sociales en el modelamiento de la sociedad.
El marxismo supone: 1) que cualquier práctica debe ser orientada por un conocimiento técnico sobre la factibilidad de los fines o sobre la adecuación entre medios y fines; 2) la tesis de que la necesidad de la revolución se deriva del conocimiento; 3) que una revolución es imposible sin una teoría.

III.-El marxismo teoricista: las bases conceptuales.
1.    Diferencias y semejanzas:
La vertiente soviética (marxismo-leninismo-soviético) la castroguevarista (MIR, IzPS). Según Moulian las diferencias entre ambos enfoques son paradigmáticas y se desprenden de la concepción de la revolución.

2.    La teoría de la revolución:
a.    Características generales:
Se pueden distinguir tres niveles en la teoría de la revolución: a) el nivel del proceso revolucionario, donde se estudain el problema de las condiciones, de los medios o formas de lucha; b) el nivel de los fines, donde se analiza la sociedad socialista y su evolución; c) el nivel del estatuto de la teoría.

b.    Estatuto de la teoría:
Los marxismos-leninismos existentes en Chile afirman el carácter científico de la teoría de la revolución. Este atributo no se desprende de la construcción de leyes mediante el procedimiento inductivo de la generalización. Se supone que las leyes de la revolución existen en el marxismo-leninismo desde la obra fundacional de Lenin.  Dos son los supuestos que se desprenden de las leyes tendenciales de la sociedad capitalista: 1) “el supuesto del carácter contradictorio de todo orden social”; 2) el supuesto de la superación” (66).
En relación a este segundo supuesto se sostiene que el capitalismo contemporáneo en su fase imperialista desarrolla en su interior la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción.  En ese sentido, “las leyes de la revolución en la sociedad contemporánea surgen por la “aplicación” de los supuestos del materialismo dialéctico al análisis del fenómeno histórico del imperialismo”. Como aplicación deductiva de una proposición general, se desprenden supuestos respecto a la estructura de la realidad social y de sus formas de desarrollo. La corriente epistemológica althusseriana intenta construirlas como una epistemología. Moulián sostiene que la “dialéctica difícilmente escapa de las redes de una ontología social” (67)

c.    La primacía de lo estructural.
El centro del análisis es la contradicción principal entre “las fuerzas productivas” y las “relaciones sociales de producción”. No se coloca en el centro la voluntad de las masas ni su estado de conciencia.  N este planteamiento, el socialismo está planteado como una realidad internamente determinada; siempre es una necesidad, aunque no siempre una posibilidad inmediata (67)
Esta posición objetivista da primacía a la estructura respecto a la acción o la práctica. La acción sólo queda concebida en el marco de las “condiciones”. En otras palabras, los actores son determinados, nunca determinantes.
Esto está en sintonía con lo planteado por Godelier según quien en el capitalismo existen dos tipos de contradicciones: una interna a la estructura de relaciones de producción –la contradicción burguesía-proletariado; y la interestructural –que es la fuerzas productivas v/s relaciones sociales de producción.  La primera es constitutiva y originaria –existe siempre donde existe una formación social capitalista; la segunda, no es ni constitutiva ni originaria, y sólo se profundiza con el desarrollo del capitalismo.
En Lenin el nivel de la determinación constituye el encuadre determinante de la acción política como maduración de contradicciones estructurales y de carácter objetivo. “no desprende el proyecto de la voluntad, sino de las determinaciones estructurantes”. Ste constituye el encuadre teórico básico del marxismo-leninismo soviético operante en Chile.

d.    La revolución por etapas: la modernización.
Su idea básica es que el socialismo no puede saltarse etapas. Esta es la premisa básica del socialismo evolucionista y de raíz economicista prevaleciente en Chile. Esta dio origen a una forma particular de teoría de la modernización, en al que se afirmaba que el capitalismo “tenía tareas que cumplir y que éstas se estaban cumpliendo, parcialmente al menos, en el marco de la industrialización por el Estado”.  La tarea de la izquierda en ese marco, “debía ser el operar como una fuerza que favorecía ese despliegue ya existente de las fuerzas productivas e ir intentando, mediante reformas, corregir los obstáculos existentes al nivel de las relaciones de producción” (70).
Este diagnóstico estratégico  elaboró una visión de la política de alianzas que se constituía en torno al objetivo de la “revolución democrático-burguesa”  con dirección política de partidos centristas.  Para esto se requería: a) una izquierda con flexibilidad táctica; b) con una visión revolucionaria de las reformas modernizadoras; c)  y que existiese un centro poderoso, desarrollista y una derecha sistémica.
“Fue a partir de 1958 que el etapismo se desplazó de eje teórico, desde una teoría de la modernización como preparación del socialismo, hacia una teoría del tránsito institucional al socialismo”. Este viraje estratégico lo genera el PC, encuandrando esta línea en un marco economicista-determinista dado por las condiciones del país: “régimen colonial capitalista atrasado” (71-72).

3.    La revolución por etapas: el tránsito institucional.
Desde el “casi” triunfo del FRAP en las elecciones de 1958 el “gobierno popular” empezó a ser visto como comienzo o primera etapa de un tránsito institucional al socialismo (72), que permitiría la acumulación de fuerzas necesarias para el copamiento sucesivo del poder estatal.  La teoría del tránsito institucional e desarrolló junto con la tesis de la subordinación del centro y de la incapacidad de las burguesías nacionales para dirigir los procesos de cambios.” (72)
Para ello el PC justificó la tesis del tránsito institucional desde los clásicos del marxismo, para “de ese modo evitar clasificar la lucha armada como ley de la revolución y el camino pacífico como excepción”. La tesis elaborada consistió en que: a) las condiciones del desarrollo democrático, b) la fuerza alcanzada por la izquierda en ese marco, c) permitían un sucesivo copamiento del Estado, d) por lo que se podía prescindir de los rigores de una guerra civil.
Esta teoría del tránsito institucional estaba plagada de puntos de fuga y de defectos de coherencia, en parte porque desarrollando la idea fuerza del tránsito institucional, desde adentro y “desde arriba”, los productores nacionales se acercaba a los límites de la ortodoxia (…) El problema residía en el planteamiento condicional de la necesidad de una ruptura del Estado Burgués, poniendo en su lugar la tesis de una trayectoria de continuidad entre gobierno popular y poder socialista” Sobre este vacío estratégico se desarrolla la práctica de politización y elaboración estratégica del poder popular: 1) sobre el rol y protagonismo de los actores sociales movilizados en la consecución del socialismo; 2) y en la necesidad de generar un poder socialista orgánico que incidiendo en el aparato estatal, no se redujera al mero copamiento burocrática, y posibilitara la ruptura del sistema de dominio desde la autogestión social de los productores y del ejercicio de la soberanía en una perspectiva de poder comunal en clave socialista.

Haber posibilitado esto requería una revisión de la democracia y de la teoría por parte del bloque histórico socialista. Requería revisar el “papel de indispensable mediatización que debía tener el poder político en la construcción socialista”

La tesis del tránsito institucional tiene las mismas bases de determinismo economicista de la teoría de la modernización: 1) el postulado de la necesidad de completar el desarrollo capitalista; 2) introduciendo la afirmación de la imposibilidad de una co-dirección burguesa.  (74)

4.    Las finalidades del socialismo:
El planteamiento de las finalidades del socialismo fueron planteadas de manera clásica, sin que se desarrollara la hipótesis de que los medios (vía pacífica y copamiento institucional) pudieran condicionar los fines.  Esto dado porque la visión del socialismo se identificaba con: 1) la sustitución de las relaciones de producción de carácter privado por otras de carácter social; 2) el cambio de la estructura de la sociedad civil.
En la formulación clásica la “revolución” de las relaciones de producción debe ir acompañada de una “revolución” del Estado, que conducirá a la implantación de la dictadura del proletariado. A su vez, “la socialización productiva requiere sostenerse sobre un Estado proletario y sobre un proceso consciente de liquidación del poder político burgués, que no se extinguirá automáticamente por el cambio de relación de producción” (75). Es decir, requiere de un cambio de la estructura de representación de intereses y los universos simbólicos. Sin embargo, este momento de tránsito se nubla con la fase final-presentada en el marxismo más pedestre como fin del historia-  en la que Libertad y Necesidad se reconcilian en la autogestión social: “De cada cual según su capacidad; para cual según su necesidad”.

5.    Las interacciones teóricas.
La desestalinización y la penetración del marxismo humanista de raíz subjetivista que marcaba el acento en la práctica y en la conciencia por contraposición a una teoría que enfatiza el peso de las determinaciones estructurales posibilitó el proceso de diálogo marxista-cristianos.

IV.- El marxismo teoricista y los procesos de circulación del conocimiento.
En el circuito de circulación es posible diferenciar entre los productores y el sistema de uso, lo que nos permite atender a los particularidades de al institucionalización del marxismo-leninismo soviético.

1.    Los productores.
Se distinguen cuatro tipos de productores: 1) los textos del saber: corresponde a los clásicos y remite a la formulación teórica completa; 2) los textos de aplicación técnica: son producciones cuyo nivel de generalidad es menor, por tanto más acotada y aplicable a determinadas condiciones. Para  que este tipo de textos sean aceptados requieren de un proceso de exégesis ceñida a un determinado canon; 3) los textos de aplicación estratégica: corresponde de conocimiento para la aplicación política, bajo ciertos criterios de cientificidad (en este caso corresponde con una adecuación a las premisas epistemológicas de la tradición desde la cual se está teorizando). “Este supuesto significa que hay un saber que señala y explica las determinaciones estructurales básicas, con la cual se establecen proposiciones científicas, con carácter de ley, sobre la acción política de carácter revolucionario” (78); 4) los textos didácticos: es una trasposición desde un código científico a uno más accesible.

2.    El papel del partido en el circuito de circulación.
El partido tiene un papel fundamental en cada uno de los momentos del circuito de circulación, que remite a la “validez” de las proposiciones que rigen la acción política. Este papel de “rector político” se desprende de la tesis  de la primacía de la teoría por sobre la experiencia espontánea de las masas. Las dos premisas básicas son: 1) para que haya sujeto político de la revolución se necesita una teoría revolucionaria; 2) esta no puede surgir de la experiencia espontánea de las masas son que requiere ser sistematizada. En ese sentido: “La pura objetividad de la experiencia no basta, se requiere la “subjetivación” que el partido realiza, la toma de conciencia a través del reconocimiento” (79). “es a través de la “subjetivación” que el concepto deviene fuerza social” (81). La relación entre teoría y práctica se establece a través del partido y éste está presente en cada eslabón de la cadena”

El partido es el sujeto teórico que hace circular y asegurar la validación del saber, que se va institucionalizando. Ese proceso de “control de la producción” se constituye en una selección activa en una división del trabajo político. “El partido tiene en esta tradición teórica una función de vigilancia y de correspondencia” (80). Además, le corresponde el papel de aplicación teórica y estratégica a través de: a) intelectuales orgánicos; b) mediante la validación de algún intelectual independiente referido a un diagnóstico histórico: estado de las clases sociales, estructura económica, rol del Estado.
El espacio de la elaboración estratégica corresponde a las direcciones partidarias. Además de aquello, el partido es comprendido como un agitador y un educador –la concientización y disputa de la hegemonía.
El partido, tiene un rol fundamental en el proceso de concientización y de movilización (organización y conciencia).
En este sistema de circulación de conocimiento, al partido nacional le corresponde el rol de articular los preceptos generales al marco nacional en el cual se constituye su campo cultural de la izquierda.
La ciencia en este sistema “estaba concebida como construcción racional-objetiva sobre lo real que. Al extenderse como conciencia, permitía la construcción del sujeto histórico” (83)

3.    La diversidad de productores y usuarios.
Su consagración del marxismo en el sistema universitario fue muy importante, porque le permitió reclutar intelectuales-militantes y posicionarse e a juventud. El aporte de Althusser fue importante en ese campo, quien  genera una posiciò epistemológica que ajusta cuentas contra la consideración del marxismo historicista y el marxismo como una filosofía del sujeto, planteando al marxismo como un “antihumanismo teórico”. En ese sentido, Altusser va en contra de la interpretaciones que abalan la lectura de la explotación a partir de conceptos como “ser genérico”, conciencia, libertad; contraponiendo, los conceptos de “modos de producción”, “formación ecoómico-social”, “relaciones sociales”.
En ese circuito, Marta Harnecker se constituyó como una difusora del marxismo bajo las premisas de que: a) la teoría para hacerla accesible a las masas debe someterse a una operación productora; b) la teoría está en condiciones de hacer historia sólo cuando se ha producid o la subjetivación.

V. La otra corriente teoricista: el  marxismo-leninismo castrista.

1.    La denominación:
Se utiliza esta denominación para referirse al MIR y a la Izquierda del PS.

2.    La base conceptual
a.    El análisis del capitalismo dependiente
A partir de los análisis de los regímenes de producción de A.L. se niega el carácter feudal de la formación económica-social y con eso se desecha la etapa política de revolución democrático-burguesa. Enfatizando que la industrialización en desarrollo estaba estructuralmente acotada o restringida porque su dinamismos provenía de las exportaciones de materias primas y de la importación de bienes de capital, insumos y tecnologías. En ese diagnostico se desprendía una crítica a las formas de integración monopólica de la industria manufacturera nacional en asociación con capital trasnacional, sumado al atraso crónico del campo producto de la oligarquía terrateniente. De ello se desprendía una crítica a la política de alianzas que contemplaba el apoyo de las burguesías nacionales y se planteaba como alternativa, una política de independencia de clase sobre la conducción del proletariado y las capas pobres de la ciudad y el campo.

3.    La alternativa de la lucha armada
Junto con el aporte de la lucha armada el prestigio alcanzado por la revolución cubana permitió tomar el modelo estratégico cubano como un referente de aplicación en una mezcla de economicismo y voluntarismo. En el caso chileno, como señalaba Guevara la inevitabilidad del socialismo quedaba demostrada pero no la tesis de la lucha armada.
“La diferencia que existía en Chile, aquello que “autorizaba” a pensar en una trayectoria distinta, “pacífica”, era la posibilidad de acceder a la presidencia a través del camino electoral. Pero no se formulaba un cambio de metas, por lo cual el “gobierno popular” era visto como viable solo a condición de avanzar hacia la resolución  final del problema del poder”. En algún momento no precisado, nunca bien precisado, la estrategia del copamiento debía ser dejada de lado, para dar paso al enfrentamiento directo” (91).

4.    Los productores de escuela
Fueron básicamente intelectuales profesionales cuya base teórica real fue el enfoque de la teoría de la dependencia. El principal aporte de los intelectuales dependentistas fue: “socavar las tesis vigentes sobre el capitalismo para reemplazarlas por el enunciado de la imposibilidad de un desarrollo “modernizado”.  En este marxismo castrista la posibilidad del socialismo se derivaba del agotamiento del capitalismo; había una matriz economicista, se planteaba la lucha armada como ejecución del “programa” de contradicciones del capitalismo dependiente” (92). Sus principales centros de producción de conocimiento fueron: FEN, con Centro de Investigación sobre Cuestiones económico-sociales (CESO). La revista Economía y Sociedad y Punto Final.

5.    Los puntos comunes
Tanto el castrismo como el comunismos soviético se asemejaban en el análisis de la condiciones de la revolución y en la descripción  en la que el socialismo se consideraba una etapa intermedia de sociedad en transición hacia el comunismo.  Esa sociedad e transición se caracterizaba por: a) la socialización de los medios productivos; b) la dictadura del proletariado. La combinación de ambos enfoques se daba en: “en la combinación de condiciones objetivas básicas y condiciones subjetivas adicionales”. En ese sentido, ambos modelos eran fuertemente deterministas.

6.    La gran ausencia
 Moulian plantea que, “la noción de partido del marxismo-leninismo soviético, con sus funciones de validación del saber clásico, de creación del saber aplicado, de concientización y de movilización de masas, debería haberse reformulado para adecuarla a la nueva visión estratégica que en Chile planteaban los productores del enfoque castrista” (94).
La peculiaridad del enfoque chileno es que aquí no se aprobó la concepción específica de la guerra castro-guevarista, sino un postulado más general, de la inevitabilidad de un momento de fuerza. “No se adoptó la teoría castro-guevarista sobre la génesis o formación del partido, ni tampoco la tesis del “partido revolucionario” como contra-poder armado”. (94)
Este nuevo enfoque estableció  una crítica a las vanguardias existentes, como espacios de adecuación al saber revolucionario, introduciendo un punto de fuga una validación práctica –en la realidad. Si en el enfoque tradicional, “la posesión de la verdad le daba al partido carácter de vanguardia de la clase; el propio partido era quien definía los intereses reales del proletariado (...) En contraste, la nueva tendencia teórica colocaba a la práctica como validación de la teoría, con lo cual se introducía aire al sistema teórico, un principio de refutabilidad sin limitaciones respecto de los componentes del sistema, no solamente referido a las aplicaciones estratégicas.” (95).
Esta tendencia castrista e formulada como anticlacisismo o heterodoxia, por ello que la cultura política que se fue construyendo planteaba como foco de tensión y disputa el nivel teórico estratégico del circuito de saber circulante. Por eso la crítica teórica política la llevó a remarcar las diferencias en el marco de una competencia por desplazar al marxismo soviético como vanguardia política del proletariado nacional.
Los efectos de este enfoque se reflejó con fuerza en la cultura socialista, en la que se instalan dos ideas: 1) la necesidad de “combinar formas de lucha”; 2) y la necesidad de transformar rápidamente al gobierno popular en revolución socialista.

VI. Un marxismo metodológico: La renovación socialista.
1.    El sentido de la clasificación.
Se caracteriza por entender que el marxismo no tiene un cuerpo teórico compleo y es básicamente un método de análisis de la realidad social, un conjunto de postulados sobre un conocimiento y de reglas de procesos cognitivos. Se caracteriza por tener un punto d vista más abierto frente al carácter de la teoría marxista y por criticar los cimientos dogmáticos del marxismo teoricista” (96)
En su interior podemos encontrar tres tendencias dentro de la renovación socialista: 1) la que ponía el énfasis en la critica desde el mismos marxismo, desde adentro, en su versión mecanicista y dogmática; 2) la que ponía el acento en la crítica estatalista de la política e intentaba proponer un concepto nuevo de la democracia; 3) La que replantió las finalidades tradicionales del “socialismo revolucionario”.

a.    El clima intelectual
2.    Crítica al marxismo leninismo
3.    La tendencia de crítica a las concepciones de la política
4.    L tendencia hacia la redefinición de las finalidades
5.    Los productores.

1.    Periodo de iniciación
2.    El carácter de los cambios
3.    El contenido de los cambios
4.    Los productores.




[1] José Juaquín Bruner.La investigación social positiva y la utilización del conocimiento”
[2] Es la misma definición de paradigma que da Tomás Khun. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario