jueves, 26 de diciembre de 2013

La Nueva Mayoría en perspectiva. Contribución para el análisis del periodo político que se inaugura.



1. El reciente ciclo de movilizaciones sociales, el triunfo de Michel Bachelet en las elecciones presidenciales y el aumento que nuestro partido ha presenciado en diferentes sectores sociales a nivel nacional nos exige dar un salto en nuestra capacidad de análisis, para potenciar el desarrollo de una política de orientación Socialista y Libertaria a la altura del ciclo político que se abre a partir del re-posicionamientos de las movilizaciones sociales, la crisis de legitimidad que se viene instalando  y el triunfo de Bachelet. 

Entre las diversas movilizaciones que desde el 2006 se viene generando y que el 2011 tienen su cima se han manifestado distintas orientaciones que inciden en los tipos de relatos que se han construido por parte del espectro partidario para traducir el descontento. En ellas se han presentado  1) movilizaciones de descontento y malestar (protestas contra el Transantiago y la quema de la Polar), 2) de mayores espacios para el ejercicio de la ciudadanía ante la conculcación de derechos sociales fundamentales (las de los derechos sexuales) y de 3) refundación sociopolítica en cuanto atenta a los pilares del modelo de sociedad y el orden económico  instaurado en dictadura (las movilizaciones contra a subcontratación, la educación y el fin de las AFP), como al modelo de acción política inaugurado por la concertación durante los inicios de la transición democrática (el “modelo concertacionista”).

Las movilizaciones sociales, el agotamiento del “modelo concertacionista” y la torpeza política de la derecha en el ejecutivo arrastraron a las institucionalidad y el régimen político en una crisis de legitimidad y credibilidad que desde el 2011 se instaló con fuerza en la agenda política, sugiriendo la necesidad de refundar o ampliar el consenso social, recurriendo para ello a  una batería de reformas democráticas y sociales. En torno a ese diagnóstico distintos relatos políticos se fueron articulando, delimitando el espacio de transformaciones posibles a efectuar.

Por una parte, los relatos por hoy hegemónicos que buscan profundizar el modelo traduciendo el descontento  como una protesta por ampliación en el acceso y en las oportunidades del modelo. Este diagnóstico en su faceta de centro derecha manifiesta la necesidad de defender a ultranza los pilares del modelo neoliberal instaurado en la dictadura, bloqueando políticamente la posibilidad de cualquier transformación (la Alianza); y que en su versión de centro-izquierda,  afirma el agotamiento del acuerdo social y político-institucional instaurado en 1990, afirmando la posibilidad de un cambio moderado pero sin referencia a la emergencia de nuevos actores sociopolíticos (el relato de la Nueva Mayoría). Por otra parte, encontramos una articulación discursiva difusa, que afirma la crisis terminal y derrumbe del modelo, sin un planteamiento político hacia dónde orientar la reconstrucción socioeconómica y sin referir con claridad la necesidad de la emergencia de un sujeto sociopolítico amplio que vehiculice dicho proceso (la oposición de Izquierda al Partido Comunista)

El resultado de las recientes elecciones presidenciales  y “cansancio de la democracia” que presentó una abstención cercana al 60% dejó a las fuerzas opositoras al neoliberalismo desarticuladas y dio luz verde para que la versión progresista asuma la conducción del proceso de refundación del orden. La amplitud política y las características que este proceso de refundación del orden capitalista en el marco de un progresismo acotado que se presentará en Chile durante el próximo gobierno de Bachelet, se perfilará en relación a las características de la Nueva Mayoría y a la capacidad que tengamos como Movimiento Popular de marcar una agenda política de Ruptura Democrática, que permita que la Izquierda Libertaria avance en distintos frentes sociales, en el proceso de formación de cuadros y de organización partidaria, y que contribuyamos a que el campo popular de un salto en su proceso de rearme orgánico, político e ideológico en perspectiva de confrontación y ruptura con el orden constituido en clave socialista.

Para perfilar los principales rasgos de este proceso debemos atender tanto a las 1) transformaciones estructurales resultantes de la estrategia de modernización de libre mercado en los últimos años; 2) de la trayectoria del modelo concertacionista en términos del estilo de conducción, del contenido programático y de las articulaciones de fuerzas presentados; 3) en relación a las características de las articulaciones partido-sociedad y los rasgo del conflicto sociopolítico (clivaje) que se perfilará para el próximo ciclo político; 4) del estado orgánico de nuestro sector y del movimiento popular en su conjunto. En relación al diagnóstico de estos elementos podremos ajustar una táctica acorde a la estrategia de Ruptura Democrática para el periodo que nos toca afrontar.

2.-Las características de las estrategia de modernización llevada adelante durante la dictadura dejaron su huella en la trasformaciones institucionales del Estado y en la reorganización de la Estructura de Clases por efecto de la reconversión del aparato productivo, generando una desarticulación de la fuerza sindicalizada y transformando la composición cultural de la fuerza social tradicional de la izquierda chilena (la alianza de los trabajadores manuales e intelectuales expresada en la alianza PC-PS). Estas transformaciones modificaron el modo de relación de los partidos tradicionales con la sociedad, transformaron el contenido de la competencia electoral y las características de la institucionalidad estatal, generando un dique de contención y cooptación de la protesta social, acelerando el proceso de descomposición organizacional de las clases subalternas.

El proyecto concertacionista se erigió desde mediado de los ochenta como una ruta de transición moderada y consensuada cuya estructura del conflicto político y de competencia electoral se basó en la dicotomía “autoritarismo v/s democracia”. Esta contradicción política le permitió a la concertación  aglutinar el movimiento de descontento social generado desde 1982-1986, aislar a los sectores radicalizaos del espectro político y redirigir los efectos de la reformas neoliberales sobre la dictadura en el plebiscito del 1988. En ese sentido, el eje de organización política de la concertación  como alianza moderada fue colocado sobre la democratización y no sobre una discusión de alternativas de desarrollo, lo que políticamente implicó que se transformara en una continuadora del patrón de acumulación instaurado y que operara como herramienta política de la alianza de clases del bloque en el poder, conteniendo la emergencia de la protesta social y las fuerzas de las clases subalternas.

El efecto de esta configuración política permitió que las tendencias estructurales puestas en marcha desde los 80’ se consolidaran durante los primeros gobiernos democratacristianos bajo el imperativo político de conservar y preservar la democracia ante el riesgo de la regresión autoritaria, inaugurando un  modelo de acumulación y regulación del conflicto sociopolítico que podemos denominar “el modelo concertacionista”. Los rasgos de este nuevo marco político-económico fueron la aceptación del principio de la autorregulación de los mercados y de la mínima intervención política del Estado, orientado a corregir distorsiones focalizadas (la corrección de los costos sociales del modelo). Sus principales elementos son:

·         La reducción del tamaño y funciones del Estado y su privatización a manos de grandes grupos de interés.
·         La eliminación de la capacidad interventora del Estado para generar condiciones redistributivas, reduciendo su área de incidencia a  un papel subsidiario.
·         La supeditación de toda la política social al crecimiento económico.
·         La reorganización de la estructura social aumentando el peso relativo de las capas medias, sobre todo la fracción de trabajadores por cuenta propia, reduciéndose el proletariado clásico y eliminándose la figura jurídica del campesinado que se transforma en un asalariado del campo, bajo la figura del “trabajador temporero” (Tabla 1 sobre variación de la estructura social chilena)
·         La reorganización de las bases de constitución del proletariado clásico producto de las transformaciones de la estructura del mercado del trabajo, reduciéndose el peso numérico en la industria minera por aumento de la composición de capital fijo. Aumento de los trabajadores ligados a los sectores comerciales y de servicios. Aumento de la flexibilización y precariedad laboral que adopta rasgos estructurales (tabla 2, 3 Y 4). Esta situación se expresa en la estructura de la fuerza sindicalizada (tabla 5) y en la reducción de los espacios de reclutamiento y constitución de fuerza de trabajadores organizados.
·         La focalización de los planes asistenciales focalizados en los sectores populares no integrados al mercado con el objetivo de reducir los márgenes de pobreza nominal.
·         La transformación de la composición de la clase dominante por medio de la modernización de la burguesía agraria y financiera, que adquiere características monopólicas y corporativas desde el 2000.
·         La generación de un sistema democrático restringido: la constitución política de 1980; las leyes de quórum calificado; el sistema de representación binominal; La Ley Orgánica de Partidos; la autonomización del Banco Central.

3.- La concertación representó una coalición de gobiernos  de perspectiva democratizadora, encargada de terminar con la dictadura y consolidar un régimen democrático. Sin embargo,  la trayectoria de sus componentes, la situación del país al término de la dictadura, la naturaleza de las clásicas relaciones entre partido y sociedad en Chile y las expectativas de las sociedad en que la concertación podría acabar con las rasgos más nocivos del patrón de acumulación instalado le dieron a sus gobiernos una proyección y expectativa mucho más grande de la que efectivamente esta pudo desempeñar, sobre la alianza de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista (el partido transversal o partido del orden).

La carencia de una “perspectiva de proyecto socioeconómico alternativa” a la economía social de mercado, la pérdida de importancia del rol dirigente del estado producto de las reformas neoliberales y la transformación ideológica del socialismo criollo (la renovación socialista), permitieron que el “estilo de conducción” inaugurado por Patricio Aylwin demarcara la trayectoria de la concertación. Este viraje en su composición fue de la mano de la transformación del clivaje “regresión autoritaria vs democracia”, que borró las fronteras de clase del conflicto político ante el peligro de la regresión autoritaria y aceleró la descomposición del rol histórico de los partidos políticos como organizadores y politizadores de la sociedad civil en Chile.

En la conducción de la coalición primó un diagnóstico que indicaba que el éxito de la consolidación democrática se jugarías en el terreno económico-social más que en el político-institucional, pues dada las condiciones del país, tamaño, riqueza de los recursos naturales y mercados estrechos, ya se había implantado la única estrategia de desarrollo posible. Esta consistía en “una economía de mercado abierta al exterior, integrándose a la economía global” (La posición de Edgardo Boeninger). Para lograrlo el gobierno dio continuidad a la política económica implementada en los años finales del régimen militar. Así se gestó un acuerdo entre los decé y los socialistas para la implementación de la política económica por vía de la inclusión del PS Carlos Ominami  a Economía y al DC Alejandro Foxley a Hacienda.

La ausencia de debate político y de alternativas que atravesaran a las elites dirigentes fue lo que caracterizó todo el periodo. Y ese déficit tiene que ver precisamente con la exclusión del movimiento popular y el estilo de conducción instalado. Este estilo de conducción favoreció la construcción de un caudillismo basado en el papel predominante del liderazgo presidencial, apoyado por la constitución de núcleos tecnocráticos en torno a la dirección, con una conducción personalista por sobre las relaciones intrapartidarias  y con la ausencia de un circuito intelectual científico-ideológico crítico que demarcada los límites de la transición.

Esto lo podemos observar en la estrategia de Aylwin que  fue de “crecimiento con equidad”, para lo cual buscó la adhesión empresarial y apoyo sindical (los acuerdos marcos), incorporando a los trabajadores a la toma de decisiones y generando una Reforma Tributaria moderada que permitiera la corrección de los costos sociales de la economía social de mercado y tomar la agenda de movilización de las clases subalternas configuradas entre el ciclo de jornadas de protesta populares y en el programa de la CUT.

Este “modelo concertacionista” fue profundizado durante la administración del Frei Ruiz-Tagle por vía de la reforma  de la modernización del Estado que terminó por subordinar la acción política a la lógica técnica del mercado, alimentó el modelo de concesiones y, a nivel político, cimentó la consideración de los chilenos como “usuarios” y “consumidores” del modelo. Quien selló este modelo fue Ricardo Lagos, mediante la ejecución de una política macroeconómica ajustada a la norma neoliberal y legitimando políticamente la constitución de 1980 con la Reforma Constitucional del 2005 que elimina los senadores designados y el rol tutelar de las fuerzas armadas, pero mantiene el grueso de la estructura antidemocrática constituida. En ese sentido, el rol histórico de la concertación fue legitimar el patrón de acumulación instalado, conteniendo el descontento social mediante el aumento de la política social focalizada, desmovilizando los atisbos de protesta social  generados y buscando la generación de consensos amplios con los trabajadores y los patrones.


4.- El primer gobierno de Michel Bachelet fue distinto, porque fue el primer gobierno del eje progresista PS-PPD que operó con mayores libertades y porque intentó marcar un estilo de conducción que buscó desenmarcarse del estilo precedente. Bachelet se presentó como una candidata “ciudadana”, por sobre los partidos de la concertación, profundizadora del “Estado Protector” y correctora de las inequidades de género de la sociedad chilena. Durante el gobierno de Bachelet se inaugura una política de aumento del gasto fiscal producto del auge del cobre desde el 2002, de corrección del sistema de previsiones y de aplicación del Plan Auge, mediante un estilo técnico y carismático. 

Sin embargo, durante su gobierno se presentan tres tipos de movilizaciones que marcan la visibilización de  la crisis política que estallará en el gobierno de Piñera: las movilizaciones de los secundarios y las protestas de los trabajadores subcontratados del cobre (protestas refundacionales y que amplían los repertorios de acción); las protestas inorgánicas de los “usuarios del Transantiago”  (de carácter inorgánico y de descontento); y el comienzo de las protestas de carácter ciudadano  (las de derechos sexuales, de legalización del THC y de defensa del medio ambiente). El efecto de estas movilizaciones fue poner al límite el modelo concertacionista de la política cupular y negociada (la aprobación de la LGE) y botar por la borda la tentativa de generar un gobierno de carácter técnico (el cambio ministerial del 2007).  

Hacia el final del gobierno de Bachelet el evidente agotamiento político de la concertación y la acumulación de expectativa de cambio de la Alianza permitió que la DC se llevara el fracaso político de las presidenciales del 2009 y que Piñera, desde su gobierno, terminara por romper el pacto transicional y el modelo concertacionista, que entró en desbande durante el 2010, generándose escisiones políticas que venían fraguándose desde comienzos del 2000’ (MAS, PRO) y que desde el 2011 comenzó a re-articularse por el efecto del “despertar de la sociedad chilena”.

La rearticulación de la concertación y la disputa del partido transversal (“DC, Gutenberg Martínez”- “PS Nueva Mayoría”, el sector de Escalona y Andrade) y el ala “progresista” (PPD-PS-PRSD) durante el 2010 tomó como puente al Partido Comunista. Desde el 2010 el sector progresista y el PC comenzaron con un proceso de convergencia que fue apoyado por el recambio interno del PS en el XXIX congreso general ordinario, que les permitió en el despliegue de la “Táctica de los Frentes de Defensa de los Derechos Sociales” ir articulando un polo de centro-izquierda al interior de la concertación, que revivió el intento por generar una “Federación Progresista” que reposicionó el sector crítico de la concertación que desde el 2002 articulado en torno a Sergio Aguiló, Nelson Ávila, Alejandro Navarro y Jorge Lavandero (el sector que firma el manifiesto “La Concertación de Chile por un Desarrollo con Justicia”)

5.-El Estallido de las movilizaciones sociales el 2011 significó un desafío considerable para la Concertación que, ante la necesidad de sobrevivencia como clase política, tomó el programa de las movilizaciones sociales y re-articuló una alianza política y social que permitiera inaugurar un nuevo ciclo político re-fundacional, con el objetivo de preservar el patrón de acumulación instaurado instalando regulaciones a la economía de mercado y dotándolo de mayores tintes de legitimidad. Sin embargo carece de momento de la generación de una sujeto sociopolítico que dote de legitimidad el proceso, rol que marginalmente el PC juega en la alianza de gobierno por su presencia en organizaciones sociales (CUT, ANEF, Colegio de Profesores) y que, en términos de la elaboración técnicas de las primeras reformas del programa de Bachelet, tendrán la importancia de constituirse en un claro mensaje a los movimientos sociales de los compromisos progresistas de la Nueva Mayoría. 

Para cumplir con ese objetivo la concertación se sumergió en una disputa por la hegemonía interna que marcaría los énfasis programáticos de la coalición y el candidato que finalmente terminaría conduciendo el proceso. La relación de fuerzas al interior de la concertación comenzó a tensarse a favor del polo progresista con la conformación del primer comando de Bachelet con miras a las elecciones presidenciales y la resolución del PC en apoyar a la candidata  en las primarias del 30 de junio.

El acierto de Bachelet fue haber calibrado los énfasis de su programa acorde al barómetro de la movilización social y haber podido marcar una agenda de reformas progresistas con miras a las elecciones primarias del 30 de junio. En educación el manejo al ritmo de las movilizaciones fue claro. El 8 de abril Bachelet anuncia la inviabilidad de otorgar gratuidad en la educación, inclinándose por un arancel diferenciado (La tercera, 8/4/2013)  y tras las movilizaciones  de mediados de abril, Bachelet termina inclinándose por el fin al lucro y la gratuidad.

Resultados de Primarias 2013[1] Concertación y/o Nueva Mayoría

Candidato(a)
Votación
Michelle Bachelet
1.561.563
Andrés Velasco
278.056
Claudio Orrego
189.582
Juan A. Gómez
108.222
Total
2.137.423

El resultado de las elecciones no sólo fue abiertamente favorable para Bachelet y abiertamente desfavorables para el candidato de la DC, sino que marcó un acierto para el polo progresista y permitió que el PC entrara en la conformación del comando definitivo de Bachelet , marcándose una agenda cuyos principales ejes fueron: reforma Tributaria, a cargo del DC Alejandro Micco y Michael Jorrat; educación a cargo del PC Marcos Barraza; constitución a cargo del DC Patricio Zapata; y economía con la inclusión de René Cortázar, Eduardo Engel, José de Gregorio y Guillermo Larraín (La tercera, 11/7/2013).

El siguiente momento de fuerza se evidenció en el balotaje parlamentario en la que nuevamente el polo progresista quedó potenciado, tanto por la disminución de los parlamentarios de la derecha (RN aumenta de 18 a 19 y la UDI disminuye de 37 a 29) como por el aumento del PS (de 11 a 16) y el PC (de 3 a 6) y la pérdida de operadores importantes de la DC y el PS nueva Mayoría (Alvear y Escalona).

Finalmente el último momento de fuerza se expresó en los apabulladores resultados de la Nueva Mayoría –pese al cerca del 60% de abstención- que limpian el camino para que el Gobierno de Bachelet inicie un nuevo periodo político marcado por las reformas políticas y sociales, de características democratizadoras, pese a los tibios intentos por la Derecha de señalar que la abstención expresa una conformidad con el modelo instalado, situación que fue revertida por la tienda de Larraín días después.

6.-La profundidad política de este proceso a nivel institucional tiene algunos parámetros que incidirán en la amplitud que este nuevo ciclo tendrá, tanto a nivel de la conformación de una bancada parlamentaria comprometida con las reformas que presentará Bachelet, como por la conformación que tendrá el equipo ministerial que se presentará el 15 de Enero. En términos parlamentarios el anuncio de la conformación de una bancada progresista no es bien vista por la DC, quien teme en que se constituya la “Federación Progresista” y que el eje PS-PPD termine consolidándose (Diario Financiero, 23/12/2013). Sin embargo, este escenario es poco probable durante el primer año de gobierno y quedará sujeto al manejo parlamentario que tome Nueva Mayoría y el decante definitivo del fraccionamiento de la Derecha que inicia un vía crucis por estos días (a Evolópolis se le suma la marginación de Horvath y el anuncio de la generación de un referente regionalista de centroderecha que tomará la agenda de Parisi). 

En términos del equipo ministerial, Bachelet sigue remarcando el estilo personalista y por sobre de la conducción transversal de los partidos de la concertación que se expresará en los criterios de conformación del equipo ministerial, en lo que fue un rayado de cancha para la DC (el mostrador, 17/12/2013)  y un leve gesto a la resolución del comité central del PC de colocarse a disposición de la presidenta electa (radio Biobío, 21/12/20113). Y en términos de la conformación de las 50 primeras  reformas el equipo técnico de Bachelet está ajustando la táctica que se utilizará para este proceso. Dentro de las medidas más claras se encuentras la  Reforma Tributaria y la Reforma Educacional.

Finalmente, en relación a la readecuación de un nuevo pacto social la estrategia de la Nueva Mayoría sigue en la línea moderada de centro, degenerar una Reforma Constitucional por vía parlamento y una corrección parcial al sistema electoral. Por su parte, el PC da un gesto desde la conducción de la CUT a mantener esta línea de acuerdos moderados con todos los actores en el reciente acercamiento con la CPC y en la presentación de una agenda de reformas laborales, sobre negociación colectiva, que se sumará al proyecto de poner fin al Multirut de Bachelet que no ataca la estructura laboral heredada de los Planes Laborales.

El balance en términos de la trayectoria de la Concertación y la conformación de la Nueva Mayoría  en términos del estilo de conducción, las características de la articulación partido-sociedad y los rasgos de los clivajes políticos presenta variaciones menores que nos presenta los siguientes escenarios probables:

1.    La mantención del mimos estilo de conducción, sumado a una ampliación en términos de contenidos a una agenda progresista pero articulada sobre la misma relación partido-sociedad, basada en una clivaje político segmentado (policlasista) y un estilo altamente elitista y tecnocratizado, a la cual se suma en posición instrumental el PC, permitirán un  bloqueo de las movilizaciones sociales apostando a una conducción temprana del programa que levantan las clases subalternas.
2.    La variante que se introduce a ese escenario pasaría porque el Movimiento Popular tome la iniciativa el próximo año y apueste a generar una agenda política propia, con reivindicaciones de transición que apuesten a tensar los pilares del modelo y se establezca una relación de tensión con la Nueva Mayoría, que permita mover la agenda hacia la izquierda, desplace a la DC y consolide la  hegemonía del polo progresista, sobre la base de la generación de un Programa de Ruptura Democrática. La otra alternativa en el marco de un programa de RD sería que el Movimiento Popular tome la iniciativa y no mantenga ningún tipo de relación instrumental con la NM, apostando a la acumulación propia y al deterioro de la legitimidad sistémica, con el riesgo de aislarse y fraccionarse.

La opción de uno otra apuesta dependerá del estado orgánico de nuestro sector y del movimiento popular en su conjunto. En relación al diagnóstico de estos elementos podremos ajustar una táctica acorde a la estrategia de Ruptura Democrática para el periodo que nos toca afrontar, que nos permita construir una política de masas con capacidad de disputa y que nos permita ir decantando el Bloque de Clase de perspectiva socialista en el marco de nuestra estrategia de Poder Popular.

Compañeros, estamos situados en un punto de inflexión histórica en la coyuntura. De nuestros errores y aciertos dependerá la consecución con éxito de un proceso político socialista en nuestro territorio. Del temple de nuestra militancia, de la capacidad política de nuestros cuadros, del rigor de nuestros intelectuales. De la entereza y entrega personal del conjunto de la militancia. De la mancomunación de todos nuestros esfuerzos en una fuerza colectiva y un proyecto común.

Por el Socialismo y la Libertad.
Venceremos.

26/12/2013
mzg. 
Encargado de Formación Política
Frente Estudiantes Libertarios-base Universidad de Chile.









[1] Fuente: Cuarto Boletín. Servel.cl



[1] Fuente: Cuarto Boletín. Servel.cl

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