sábado, 21 de septiembre de 2013

Clases, alianzas y ruptura democrática. Una interrogante de poder en la izquierda libertaria


Publicado en: 

Rebelion.org
Anarkismo.net



Toda Proyecto Político que apueste a constituirse como una alternativa histórica para el conjunto de la población, llegado a un punto de su desarrollo práctico requiere dar un salto en su capacidad de análisis y de acción. Requiere  complejizar sus herramientas de análisis, sus instrumentos organizacionales, sus métodos de acción y sus capacidades contraculturales.  En suma: requiere fortalecer su perspectiva estratégica, su horizonte programático, definir una línea política de acción coherente a la “formación económico social” en la que opera y debe establecer un  repertorio táctico que permita vehiculizar los objetivos de periodo de la lucha de clases en la que  se interviene. En este punto de inflexión histórica se encuentra la izquierda libertaria. En un momento de definición de si será capaz de constituirse como un polo de conducción política que permita referenciar las luchas de los sectores populares en perspectiva de mayorías o se condenará al marginalismo político propio de nuestra izquierda criolla. De si contribuirá en dar unidad política a la experiencia de lucha de los sectores populares de las últimas décadas y que permita la generación de condiciones para el decante de un Bloque Histórico Socialista o quedará relegada a los archivos historiográficos como una más de las experiencias políticas fallidas que se han llevado adelante en Chile.

Concepción general de poder.
Una perspectiva orgánica de poder se basa en la premisa de que la acción política extrae sus marcos referenciales en las características estructurales de una formación económico-social, el sistema de dominación que se establece y las alianzas sociales y políticas  que lo sostienen (alianzas de clases, fracciones de clases y estratos). Se parte del reconocimiento de que el sistema de dominio parte de una contradicción que organiza el conflicto político,  pero que se presenta de manera velada, dependiendo de las características y estrategias del sistema de dominio en la preservación de los intereses que administra y la legitimidad que se le otorga a su funcionamiento. Esa premisa básica que nos entrega el marxismo parte del reconocimiento de que un sistema de dominio como expresión orgánica de poder conjuga en su interior la dimensión de la fuerza (violencia)  y la del consenso (reconocimiento). Lo que nos permite comprender que los sistemas de dominio, al conjugar un campo de interés (fuerza) con uno de la legitimidad (consenso), deben políticamente desplegar distintas estrategias de dirección, contención y asimilación de los actores sociales y políticos[1]

Esta constatación general de los sistemas de dominios en formaciones capitalistas avanzadas se cruza con la particularidad de cada formación económico-social y su modo de inserción en el sistema internacional. Por lo cual, las estrategias de acción, contención y asimilación dependerán de las características concretas de  las formación de las clases sociales, fracciones y estratos; de las alianzas, sistemas de alianzas y posiciones en las alianzas; de las características de las formaciones institucionales, del  Estado, del sistema de partidos, del régimen político, de la densidad de las sociedad civil y de las organicidad de los actores sociales que inciden en las correlaciones de clases y en las de fuerzas.

a)    ¿Estratos o clases sociales?

La dialéctica como método de análisis concreto conjuga en su análisis distintos niveles de concreción y abstracción, que le permiten la  identificación de lo general (lo común a lo concreto) y su reproducción como un concreto del pensamiento. Es el dinamismo de la realidad reproducida por el camino del pensamiento con fines de intervención práctica de la realidad que permiten la generación de la unidad “teoría-praxis” a partir del  sujeto. El sujeto concreto es el centro del análisis y es, por tanto, la producción de la subjetividad el campo de su acción política. Es ese sujeto concreto que vive, piensa, trabaja, siente y lucha.

La discusión sobre la aplicación de las categorías de clase o de estratos al análisis de la formación de las clases sociales y los sistemas de alianzas es un debate que encubre dos modos diferentes de comprender la política. Entre un sector que plantea el análisis en términos de “autonomía de la acción política” y que parte de un análisis de tipos ideales y que tiene como corolario la disolución de la acción política en el comportamiento individual en una suerte de  “individualismo metodológico”; y, otro modo, que parte de la identificación de una “autonomía relativa” y que identifica una relación interior entre el campo del interés económico con el comportamiento político[2], insertando al individuo en una frontera estructural que permite dar mayor coherencia a  su marco referencial de acción.

Esta discusión sobre la contradicción entre estratos y las clases sociales parte de la idea equivocada de que en Marx  el único elemento a considerar en el análisis es el modo en cómo se insertan los individuos en el mercado económico a partir de a) su posición en las relaciones sociales de producción y b) la propiedad de los medios de producción. Por el contrario la posición de estratos ocupacionales, apoyándose en la sociología weberiana, adopta una posición centrada en los  a) modos de vinculación de los individuos con los procesos de trabajo bajo una b) óptica ocupacional. En una suerte de construcción de clases económicas a partir del orden ocupacional. Es a diferencia del enfoque marxista, que establece relaciones entre sujetos concretos, un enfoque que establece una gradación entre un modo abstracto de concebir el trabajo y al individuo. Por tanto, un modo puramente liberal de concebir la acción política a partir del comportamiento racional del individuo en relación a su ocupación.

El marxismo, como método de análisis, concibe que las oportunidades de mercado están limitadas por la ubicación de los individuos en las relaciones sociales de producción que tienden a corresponder con la propiedad de los medios de producción. En otras palabras, en Marx la dimensión histórica es fundamental, por cuanto incide explicativamente en a) la distribución inicial de los recursos, como b) el resultado final producto de su inserción en el mercado. Esta forma de comprender el análisis ajusta la dimensión de la “racionalidad individual” a la “coacción estructural”, situando al sujeto  o en un contexto espacial y temporal determinado.

b)    Enfoque de clases: ¿dicotómico?, ¿tricotómico:

El problema en relación al análisis de clases se genera por una complicación propia de la dialéctica que opera bajo distintos niveles de abstracción y complejidad. Por este motivo, la crítica a una supuesta presencia de un Marx Político, uno económico y otro filósofo social no se sostiene en argumentos fuertes: precisamente porque en el marxismo la política opera como articulación de las relaciones sociales de producción.

En ese sentido, la supuesta contradicción en Marx entre las categorías dicotómicas[3], con el enfoque “tricotómico”[4] que idéntica una diferenciación de clases en relación al tipo de ingreso y las fuentes de ingresos,  entre “Burgueses / terratenientes /proletarios”,  con una diferenciación compleja en el “dieciocho de brumario de Luis Bonaparte” carece de consistencia. En dicho texto Marx identifica al menos ocho clases sociales: aristocracia financiera, burguesía industrial, funcionarios públicos o altos dignatarios, pequeña burguesía, clase media, proletariado, campesinado y lumpen-proletariado.

En Marx las clases sociales dependerán del nivel de abstracción (nivel de la situación de fuerzas, del modo de producción o de la formación social).  De tal forma que encontraremos clases puras (burguesía/proletariado) en un modo de producción capitalista, en un nivel puramente abstracto; encontraremos clases y fracciones de clases, presentadas de manera estratifica en el nivel de “formación social”; y, finalmente, en el ámbito de comportamiento político, diferentes agrupamiento en función de su posición en las relaciones sociales de producción, la propiedad de los medios de producción y su estatus, su prestigio y comportamiento político.

El desafío más bien pasa por una correcta variabilización de las clases sociales con miras de intervención práctica en la formación social concreta: un proyecto aún inconcluso.

c)    Centralidad del trabajo, clases sociales y alianzas en una perspectiva orgánica de poder.
La importancia de un enfoque de clases en la estratégica socialista está dado porque nos permite identifica la alianza de clases que sostiene al sistema de dominación en el campo del interés económico y de la hegemonía política. Y porque nos permite trazar un mapa estratégico del bloque histórico a construir para vehiculizar reformas democráticas en perspectiva socialista: de nuestros sujetos en posiciones estratégicas en la estructura de poder del sistema,  en sujetos en posición de apoyo a sumar y a los sectores sociales en retaguardia en una perspectiva de poder que nos permiten, como bien nos recuerda Lenin, la expresión del poder como una mayoría que gobierne. 

En ese sentido, la discusión que inicia por estos días la izquierda libertaria en relación al carácter de la alianza social del bloque de clase a construir da cuenta de ese punto de inflexión histórica en la que los militantes nos encontramos.

La centralidad pasa por la construcción de un bloque de clase de contenido democrático bajo orientación socialista, que permita conjugar una mayoría electoral con mecanismos de presión de acción directa que agrupen a los sectores “anti neoliberales”, “anticapitalistas” y “progresistas” en un programa de reformas democráticas bajo hegemonía socialista: que apuesten a la construcción de un Estado de Derecho, garante de los intereses de los  trabajadores, de contenido patriótico y que conjugue un modelo de desarrollo integral, de respeto del ser humano y del medio ambiente.

Sobre ese dique político, el deber de los sectores marxista al interior de la izquierda libertaria es prefigurar una estrategia de poder que nos permita ir trazando los aspectos fundamentales de nuestra estrategia de “ruptura democrática”. A saber: a) la construcción de un bloque de un bloque de clase, con centralidad en los sectores estratégicos de la producción; b) que sume a los sectores medios integrados en posición de apoyo por hoy subsumidos en la recomposición del sistema de dominio; c) la inclusión de sectores en posición de retaguardia territorial que permitan en un futuro territorializar el poder, dinamizar la movilización y presionar a las formas  clásicas de mediación político-partidarias; d) la generación de los esbozos de programa democrático en perspectiva socialista en la cual los actores sociales tomen un protagonismo central; e) la generación de una herramienta partidaria, compleja, que centralice desde la acción colectiva una forma de construcción del socialismo desde abajo, libertario y democrático. 



Mzg.
Estudiante de historia y sociología, Universidad de Chile.
Militante del Frente de Estudiantes Libertarios- sección Santiago.

Desde cerrillos, 21/9/2013.










[1] Cuestión que Gramsci caracteriza como Consenso pasivos /activos y que Tomás Moulián, aplica de manera acertada para la caracterización de la formación social chilena desde el Estado de Compromiso de clases hasta su ruptura (1938-1973).
[2] Esta confusión opera dentro militantes de la izquierda libertaria que están en las postrimerías de  un liberalismo radical más que de una perspectiva socialista.,
[3] Marx en la “ideología alemana” de 1945 se refería en términos de “dominantes y dominados”. En la “Miseria de la Filosofía” de 1847, se refería en términos de “ricos y Pobres”. En 1848, en el “manifiesto comunista” se refiere a la oposición entre “Burgueses y proletarios”.
[4] Tomo III del Capital.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Garretón, Manuel Antonio (2012). Neoliberalismo corregido y progresismo limitado.



Es un estudio sobre los gobiernos de la concertación desde la perspectiva de las dos grandes corrientes de pensamiento y acción que se plantearon como alternativas en América Latina: el neoliberalismo y el progresismo.
El neoliberalismo es definida como aquella visión y práctica sobre la sociedad dominada por:
1)    el mercado como principio ordenar de toda la vida social.
2)    El Estado subsidiario y restringido drásticamente en todas sus funciones dirigenciales del desarrollo
3)    El predominio del capital financiero
4)    Y una estructura social marcada por las desigualdades estructurales y al concentración de la riqueza.
El progresismo  fue la respuesta que surgió de los sectores de centroizquierda en el mundo y en américa latina para superar ese orden neoliberal y devolverle al Estado y a al sociedad el predominio sobre el mercado y los grandes intereses capitalistas nacionales e internacionales.

El modelo concertacionista consistió en “la búsqueda de correcciones parciales de los modelos socioeconómico y político en un sentido progresista, por emdio de un método político de acuerdos con al entonces oposición de derecha. A través de esta estrategia de acción política, se mejoró sustantivamente la situación heredada de la dictadura, pero al mismo tiempo se consolidaron los rasgos fundamentales de los modelos socioeconómico neoliberal y político de democracia incompleta” (10)

Las movilizaciones del 2011 se motivan en una situación de abuso y engaño en general respecto de situaciones de consumo y a veces también de derechos conculcados, pero no apuntan a una transformación de la sociedad, sino a la corrección de comportamientos o políticas privadas y públicas. Estas tiene tres dimensiones:
1)    La dimensión del puro malestar y descontento (Escándalo la Polar y el Transantiago)
2)    Otra de orientación ciudadana que reclama por mayores derechos (ambientales, sexuales y de vida en general)
3)    Las refundacionales donde se apunta a la transformación de un ámbito de la sociedad (medioambiente, educación) o del conjunto de ella (las estudiantiles)

En relación a las movilizaciones han existido dos grandes posturas intelectuales y políticas:
1)    Las que buscan profundizar el modelo traduciendo el descontento  como una protesta por ampliación en el acceso y en las oportunidades del modelo.  En su versión más política se afirma el agotamiento del acuerdo social y político-institucional instaurado en 1990, pero no se afirma la posibilidad de un cambio ni la emergencia de nuevos actores sociopolíticos
2)    La que afirma la crisis y derrumbe del modelo que se encuentra en una crisis terminal aunque no se derive un modelo nuevo que lo sustituya. En esa misma lectura, hay quienes afirman que esta tarea será la de un sujeto popular autogenerado sin vinculación con la política institucional.

En esta crisis social hay que distinguir tres tipos crisis:
1)    Las de derrumbe del “modelo concertacionista
2)    La de crisis de legitimidad y rechazo del modelo aunque siga funcionando
3)    La crisis de legitimidad y funcionamiento que afecta al sistema político y se manifiesta en el rechazo generalizado a la política y en su incapacidad de expresar las mayorías propiamente políticas y sociales. Dentro de esta, se distinguen dos dimensiones:
a)    La institucionalidad política que consagra el empate político
b)    Una de carácter histórico que refiere al modo de relación entre política y sociedad que quedó en evidencia el 2006 y se torna irreversible desde el 2011. En Chile históricamente se han constituido sujetos políticos partidarios, porque los partidos y sus alianzas implicaban al movimiento social en una relación de imbricación, autonomía y articulación.

“Existe un proceso complejo de refundación de las relaciones entre política y sociedad. El 2001 fue un momento de ruptura y potencialmente refundacional, pero no se transformó en un proceso precisamente por la vigencia de una institucionalidad política que lo impedía y la escisión entre política y sociedad, que hacía imposible la existencia de un sujeto político social que pudiera transformarla. Por lo que el momento potencialmente refundacional tuvo como efecto reformas parciales y separación de los tiempos políticos y sociales, que siguieron sus dinámicas propias. Las urgencias electorales del 2012 y 2013, así como la renuencia a establecer una nueva relación entre actores sociales y políticos que reconozca el nuevo escenario respete las normas de autonomía de cada cual, arriesgan a prolongar indefinidamente una situación con las posibilidades de descomposición y crisis mayores tanto de legitimidad como de funcionamiento, es decir, un estallido de al institucionalidad o a la involución individualista con pérdida del sentido de sociedad” (13-14)

Los desafíos que tuvo que afrontar la concertación: a) consolidar el régimen democrático superando los enclaves autoritarios heredados de la dictadura y b) enfrentar un modelo socioeconómico consolidado que se había impuesto sin restricciones durante esta.

Primera parte: neoliberalismo, progresismo y el contexto latinoamericano
Segunda parte: La respuesta progresista

Tercera parte: La herencia neoliberal y el proyecto de la concertación de partidos por la democracia en Chile.

V.-Neoliberalismo en Chile. Una síntesis.

1975-1982: Tratamiento de shock y de neoliberalismo puros (7 modernizaciones). Sus objetivos fueron controlar los desequilibrios macroeconómicos y la hiperinflación
a)    Eliminación de los controles de precios
b)    Liberalización del mercado financiero
c)    Liberalización de los flujos internacionales de capitales
d)    Reducción del sector público y la introducción de reducciones a las empresas públicas
e)    Privatización del sistema de pensiones y de parte del servicio nacional de salud
f)    Devolución de empresas y tierras expropiadas
g)    Privatización de empresas públicas tradicionales
h)    Supresión de derechos sindicales
i)     Reforma tributaria

Desde 1982-1987: Introducción de reformas
1)    Sucesivas devaluaciones
2)    Reintroducción de ciertas protecciones arancelarias
3)    Subsidios o reintegraciones de impuestos a exportadores
4)    Regulación del sistema financiero
5)    Estabilización de la deuda privada
6)    Renegociación de los vencimientos de los créditos externos
7)    Provisión de ayudas financieras masivas al sector privado

Las condiciones de implantación del neoliberalismo fueron: Por una parte, la abolición de la democracia, la eliminación de los actores sociales y políticos y de espacios y mecanismos de deliberación y acciones que los contradijeran (es decir, un determinado modelo político). Por otra, la conformación de un núcleo hegemónico de conducción del aparato del Estado que le diera al poder militar un proyecto del que carecía, más allá de la represión y la desarticulación de la sociedad precedentes. Esto fue posible por la alianza entre “el liderazgo personalizado de Pinochet en el poder militar, la conducción económica de los Chicago Boys y los jóvenes gremialistas. 

Estado, grupos económicos y política:

La instalación del neoliberalismo se dio en el marco del control total y absoluto del Estado y de la recomposición de grupos de elite afectados por las trasformaciones estructurales llevadas a cabo por los gobiernos desde la década de los sesenta. La autonomía que gozó el equipo económico se vio reforzada por el debilitamiento de la clase empresarial manufacturera que fue remplazada por una clase empresarial  que comenzó a operar en condiciones extremadamente favorables gracias a los fuertes incentivos a la inversión, los costos bajísimos de la mano de obra y la estabilidad de las reglas del juego. Se genera así, “una nueva clase agrícola comercial, empresarial financiera, fomentando la competencia con base en los masivos recursos que controlaba el Estado”

Esto generó la reacción negativa de algunos grupos empresariales afectados por la falta de medidas proteccionistas y el masivo ingreso de productos importados. La movilización de los gremios del comercio agricultores e industriales nacionales, que presionaron a las autoridades económicas. Tras la crisis financiera, “se generó la conformación de grupos económicos ligados a capitales extranjeros y a empresas transnacionales” (75)Esto genera:
1)    Una alta concentración de poder económico en unos procos grupos
2)    Conductas especulativas orientadas en ganancias de corto plazo
3)    “Es una clase empresarial que transformó los resultados de las privatizaciones y los subsidios en un instrumento de riqueza y poder y no en impulso del crecimiento y del desarrollo, y que fue renuente a todas las reformas democratizadoras de los gobiernos de la Concertación, ejerciendo lobby y financiamiento de las campañas de los sectores políticamente afines.

VI.- El Proyecto Concertacionista y sus debates.-

Cuarta Parte: Los gobiernos de la concertación: Proyectos y políticas socioeconómicas.

Gobiernos que pueden ser calificados de progresistas en el en marco de la política chilena. Tiene un polo más de centro (DC-PRSD) y uno más de izquierda (PS-PPD).

“si bien la concertación representó una coalición de gobiernos básicamente democratizadora, es decir, encargada de terminar con al dictadura y consolidar un régimen democrático, la trayectoria de sus componentes, la situación del país al término de la dictadura, la naturaleza de las clásicas relaciones entre partido y sociedad en Chile, las expectativas generadas en al ciudadanía después de diecisiete años de dictadura política e imperio de un modelo socioeconómico que había llevado a límites nunca conocidos de pobreza, desigualdad y concentración de la riqueza y la ausencia de alternativas fuera de la continuidad de la “obra “ del régimen militar, le dieron a sus gobiernos una proyección y expectativa mucho mayores.” (81)

Democratización vs transformación socioeconómica. El falso dilema.

En los 80’ se desmorona el referente tradicional de izquierda, cuya definición se encontraba en la postura frente al orden económico en la “definición del rol del Estado como propietario o no de los medios de producción y cuyo referente, más cercano o más lejano, con correcciones menos o más profundas sobre todo en el orden político era los socialismos históricos” (81)

1)    Pérdida de importancia de la definición del Estado como propietario de los medios de producción
2)    La ampliación de las libertades individuales y al cultura
3)    Se retoma la vieja confrontación política “liberal vs conservador” a la que se le agrega el clivaje político “autoritarismo vs democracia” “superación de la pobreza y corrección de las desigualdades”

Esto genera una dificultad para construir una variable que permita cohesionar la acción política, permita el surgimiento de identidades en torno a proyectos políticos y permitiendo que la cuestión económica entre en el discurso político con pragmatismo.  “La democratización política trajo consigo la configuración de un nuevo esquema de actores políticos cuya  “identidad de izquierda” se hacía difusa” (82) “Los partidos en el inicio de los gobiernos de la Concertación se caracterizaron por una indefinición en materia de orden económico, generando una multiplicidad de opiniones y posturas individuales muchas veces contradictorias entre sí”

La generación del discurso transitológico y la moderación de las organizaciones de izquierda de la concertación (renovación socialista), permitieron que este desplazamiento de la concertación hacia posiciones se hicieran hegemónicas al interior de la concertación, desplazando las posiciones que sugerían la necesidad de transformar estructuralmente la sociedad y superar el orden socioeconómico heredado.

Edgardo Boeninger (DC): “el elemento simbólico principal e inical era un mensaje de paz y de unidad nacional, la voluntad y el compromiso del nuevo gobernante de ser “Presidente de todos los chilenos”. Por una parte resultaba evidente que una democracia no puede ser estable y de continuidad asegurada en un clima de polarización y confrontación (…). Este mensaje de conciliación apelaba a una sociedad civil: “cansada por décadas de conflictos y sin ánimos de seguir movilizándose. Esta posición legitimaría la voluntad del gobierno de “reconstruir consensos básicos en la sociedad chilena, volviendo a la histórica tradición negociadora y de acuerdos con una práctica política pragmática y desideologizada” 

La Comisión Programa 2000: “en la práctica, la economía, culminó siendo el principal activo de la transición, llegando a cubrir incluso indebidamente espacios de legitimidad que debían haber sido abordados por la política, la cultura y mayor organización de la sociedad civil” (84)

“La concertación se configuró como un espacio transversal para un vasto campo de reformas en relación con los derechos humanos, la previsión y la innovación. Sin embargo, en el terreno económico y también en el orden institucional se impuso un consenso táctico en relación con las orientaciones económicas; el mantenimiento del mercado libre y la economía abierta; el manejo macroeconómico estricto; la responsabilidad fiscal; el gasto social controlado y la aceptación de transformaciones relativas a la propiedad llevadas a cabo durante el régimen militar. Por otra parte, la institucionalidad de la política económica se definió por su debilidad reguladora; el mantenimiento de un estado reducidos; un diseño presupuestario muy centralizado y la renuncia al fomento productivo” (85)

“se impuso un consenso tácito, porque en un principio las tareas de término de la dictadura y la transición impidieron o cerraron un debate sobre lo económico-social. Así, las postura de la dirección gubernamental de mantener la continuidad del modelo económico se presentó como la única vía posible para garantizar la democratización política” (85)

El debate político de la Concertación y el modelo socioeconómico

Hacia 1998 dos ideas predominaban:
1)    La idea de que aún se está en transición: esto impedía un debate de fondo sobre cualquier tema, con el pretexto de que se podía alterar la gobernabilidad
2)    La supuesta existencia de “una democracia de consensos”, una situación en la que sólo se daban acuerdos adaptativos y pragmáticos y donde los grandes temas no eran objeto de debate. Tales como: la cuestión constitucional, los derechos humanos, la política frente a las Fuerzas Armadas, los enclaves autoritarios, el modelo socioeconómico y redistributivo, la ausencia del rol dirigente del estado, la debilidad de los procesos de descentralización, regionalización y democratización local; las relaciones laborales y la sustentabilidad del modelo de desarrollo. 

Hacia 1999 los sectores de gobierno reconocían cierto “déficit en lo social y un malestar”. Se planteaba así, “la necesidad correcciones mínimas dado que lo deseable era la mínima intervención del gobierno y la menos discusión política posible (88)”. Para otros, la discusión era necesaria mediante “operaciones políticas y negociaciones cupulares”

Documentos de la concertación:

1)    “La fuerza de nuestras ideas”à llamado a cerrar filas
2)    La gente quiere cambios
3)    La gente tiene razón
4)    Sergio Aguiló en el 2002à “Chile entre dos derechas”
5)    La concertación de Chile: por un desarrollo con justicia
6)    Adolfo Zaldívar y Jaime Mulet, “Una mirada al presente para pensar el futuro”

VII. El Gobierno de Patricio Aylwin y el “crecimiento con equidad”

En la conducción y de la coalición primó un diagnóstico que indicaba que el éxito de la consolidación democrática se jugarías en el terreno económico-social más que en el político-institucional, pues dada las condiciones del país, tamaño, riqueza de los recursos naturales y mercados estrechos, ya se había implantado la única estrategia de desarrollo posible. Esta consistía en “una economía de mercado abierta al exterior, integrándose a la economía global”
Para lograrlo el gobierno dio continuidad a la política económica implementada en los años finales del régimen militar. Así se gestó una acuerdo entre los decé y los socialistas para la implementación de la política económica por vía de la inclusión de Carlos Ominami a Economía y al DC Alejandro Foxley a Hacienda.

La transición puede caracterizarse por “un intento sistemático de construir una economía social de mercado, penetrada fuertemente por las dos herencias del régimen miliar: Una institucionalidad política con fuertes restricciones para el pleno desarrollo del ejercicio de la democracia y una institucionalidad orientada por los criterios de mercado, en la cual el interés social tendió a quedar subordinado al interés privado predominante en los mercados.-

La estrategia de Aylwin fue de “crecimiento con equidad”: 1) adhesión empresarial; 2) apoyo sindical; 3) incorporar a los trabajadores a la toma de decisiones. Esto se expresó en la Reforma Tributaria, en los acuerdos marcos y en el Encuentro Nacional de Empresas.

Instalación del modelo en la concertación:
1)    Mantener el equilibrio económico corrigiendo los costos sociales del modelo
2)    Evitar la regresión autoritaria
La estrategia adoptada para ellos fue “el cambio en continuidad” y la negociación con la oposición. Con el gobierno de Patricio Aylwin se instaló el modelo de la democratización política chilena en el plano político como en la dimensión socioeconómica, dirigido a corregir en la “medida de lo posible” las herencias dictatoriales. Para ello debió establecer:
1)    Acuerdos con la oposición que viabilizaran los cambios
2)    Imponer a la coalición de gobierno una conducción basada en el liderazgo presidencial
3)    Ejercido a través del equipo de ministros y asesores técnicpos

La ausencia de debate político y de alternativas que atravesaran a las elites dirigentes fue lo que caracterizó todo el periodo. Y ese déficit tiene que ver
a)    con el papel predominante del liderazgo presidencial:
b)    Con la constitución de núcleos tecnocráticos en torno a la dirección
c)    Con la relación partido-presidente
d)    Con la relación partido-sociedad
e)    Con la ausencia de un circuito intelectual científico-ideológico

VIII.- El gobierno de Frei de la concertación y la “modernización del Estado”-.

 En este gobierno se jugaba la manera en cómo se enfrentaría la continuidad de la democratización política (las tareas pendientes del proceso de recuperación democrática): una transformación social que apuntara a la superación de la pobreza , para lo cual se requería una reformulación del modelo de desarrollo y reinserción mundial y la reforma del sistema político institucional.
Sin embargo, en el gobierno de Frei primó una “visión economicista y tecnocrática-empresarial que identifica la modernidad con modernización”
Su ministro de hacienda fue Eduardo Aninat
En su gobierno se consolidó un modelo de acción estatal pro mercado en contraste con el intervencionismo prevaleciente en 1973 y en desmedro de una política de interés común más allá de la política social. Se caracteriza por:
1)    La intervención del Estado en la profundización de la apertura comercial a través de la disminución unilateral de los aranceles y los TLC
2)    Por la responsabilidad del estado en la Competitividad sistémica
3)    Por la profundización de la acción del mercado en la economía interna o en los sectores no transables, a través de la regulación pro mercado en sectores de monopolios naturales, la concesión al sector privado de inversión u operación en infraestructura
4)    La descentralización a instituciones privadas de prestaciones privadas y para el fomento de las PYMES.
“Así, el modelo rescata el rol de la política en definiciones cruciales, tales como la modernización productiva y social, el proceso de inserción internacional y el ritmo e intensidad de las privatizaciones y regulaciones, pero deja que la economía opere con autonomía en todo lo que concierne a la actividad productiva, la asignación de recursos y en el intercambio comercial y financiero.  En definitiva, los criterios de eficiencia de la economía permean a al política” (115)
Las implicancias de esta modalidad de la política son:
1)    La tecnificación o ingeniería política
2)    La construcción de las elites dirigentes de redes sociales que permitan generar las confianzas para la implementación de sus políticas
3)    La desconfianza del debate y el conflicto político en torno a alternativas
4)    El distanciamiento entre las elites dirigentes y las bases militantes y ciudadanas en general.

El problema del gobierno de Frei fue priorizar la dimensión “modernizadora” por sobre la dimensión “democratizadora” y dar por superadas algunas de las tareas pendientes de la “transición”, lo que llevó, de hecho, a definir el crecimiento económico como la única tarea decisiva y a privilegiar, entonces, la conducción de Hacienda desde el Estado y al actor empresarial desde la sociedad” (152)

“en la medida en que la economía se autonomiza de la política, lo que puede haber sido un avance parcial en lo concerniente al puro crecimiento económico, se generaliza la idea e lo innecesario de la actividad y conducción políticas y se le reemplaza por su papel de “resolver las preocupaciones y problemas de la gente”” (127).

IX.-el Gobierno de Lagos:
Su eslogan fue “un chile para todos” y buscaba apartarse de la propuesta modernizadora tecnocratizante de Frei. Fue quien construyó el discurso del bicentenario y que proponía que chile fuese un país desarrollado para el 2010.-
Cargaba con el estigma del socialismo, por lo que tuvo que afrontar el temor de la elite empresarial y financiera, por lo que se abocó a demostrar una impecable gestión económica. Su estrategia fue alcanzar alianzas amplias con todos los actores del desarrollo, para mantener los niveles de crecimiento y concentrar el esfuerzo en la creación de empleos que permitieran distribuir de manera justa los frutos del desarrollo y de esta manera disminuir la concentración del poder económico y sus consecuencias. En su gobierno se desarrolló la red de carreteras, el Transantiago, la reforma de salud, el programa Chile Solidario, y la reforma constitucional del 2005; el informa Valech.

Liderazgo sin cambio de época:
Su gestión significó la profundización del modelo económico neoliberal, dados el fuerte impulso a la apertura económica y comercial, la renuncia a un proyecto nacional y el incremento de los niveles de desregulación y concentración económica. Sus ministros de hacienda Nicolás Eyzaguirre y José de Gregorio (DC). Su gestión se basó en buscar acuerdos con el empresariado y mantener estrechas relaciones con sus centros de estudios.
Con su gobierno se recuperó el liderazgo presidencial y se restableció la confianza en los gobiernos de la Concertación.
La reforma constitucional del 2005: se eliminaron algunos enclaves autoritarios: la inamovilidad de los comandantes en jefe, los senadores designados, el papel tutelar de las fuerzas armadas, contribuyendo a legitimar el modelo socioeconómico implícito en la Constitución y no modificaron el sistema electoral.

X. El gobierno de Michelle Bachelet y el Estado de Protección.
Idea un “gobiernos ciudadano” y paritario. Estuvo rodeado de un mito de que se trataba de un fenómeno ciudadano ajeno a los partidos, un cambio cultural de la sociedad y la política chilena. Estuvo marcado por dos momentos, cruzados por movilizaciones sociales: las de los estudiantes, la de los subcontratados de Codelco y las protestas inorgánicas contra el Transantiago. En los tres conflictos “se retoma una demanda social o protesta, se atenúa el conflicto y se busca una nueva  modalidad  para enfrentar el problema con gran sensibilidad respecto de la ciudadanía o movimiento en cuestión, pero nunca resolviendo el problema de fondo.
Tras este momento, se genera un equipo político más conservador que introdujo políticos de experiencia en la concertación y permitió otorgarle mayor cohesión y contenido a la idea de un gobierno orientado a un Estado de protección social: reforma al sistema previsional y bonos.

Nuevo estilo y fin de ciclo:
Se generaron dos grandes déficit del periodo en cuestión. 1) La institucionalidad política cuyo eje es la Constitución y que permite el veto de la derecha; 2) y un modelo económico intrínsecamente desigualitario, que impide la labor dirigente y redistributiva del Estado. El gobierno de Bachelet estuvo arrastrado por tres tensiones constitutivas:
1)    Entre un estilo de gran sensibilidad, pero sin un proyecto consistente que fuera un eje conductor o una dirección en el seno de la coalición
2)    La tensión entre la orientación discursiva de corte más socialdemócrata y una dirección económica de corte liberal
3)    La popularidad y liderazgo de la Presidenta y su prescindencia en la conducción política de la coalición y en los partidos, más allá de buscar el apoyo de estos al gobierno.


Cuarta parte: Balance y pespectivas.