viernes, 16 de agosto de 2013

La discusión política del Poder Popular en la crisis del Estado de Compromiso de Clases. Chile, 1967-1973



La discusión política del Poder Popular en la crisis del Estado de Compromiso de Clases. Chile, 1967-1973
Bryan Seguel.
Universidad de Chile.
Departamento de Sociología
Equipo Interdisciplinario de Estudios Estratégicos
 en Movimientos Sociales y Poder Popular.
                         
1.      Presentación:  
La problemática  del Poder Popular en Chile surge en el contexto de la crisis de la estrategia de modernización acuñada desde mediado del siglo XX, cuyos núcleos organizacionales estaban dados por el Estado de Compromiso de clases (dimensión política) y la estrategia de desarrollo de industrialización conducida desde el Estado (dimensión económica)[1]. La experiencia de Poder Popular en Chile se constituyó en un punto de fuga de la estrategia de desarrollo adoptada, porque supuso una re-orientación del orden constituido en torno a nuevos fundamentos para el Desarrollo  y la Democracia desde la Soberanía Popular (sociedad). Sus orientaciones generales fueron construidas por las fuerzas de la izquierda chilena, sus intelectuales orgánicos y sus referentes partidarios, sobre la base de la lectura del diagnóstico del capitalismo en Chile, el tipo de régimen político y los Proyectos de Desarrollo llevados adelante por las distintas coaliciones de gobiernos desde el triunfo del Frente Popular.
Sin embargo, la problemática del Poder Popular, [2] como expresión política de la Soberanía Popular[3], expresa una tendencia manifestada con recurrencia en América Latina, en distintos  contextos políticos y epocales,[4] en las que las formaciones económico-sociales entran en crisis y los distintos bloques de fuerzas entran en pugna  por reorganizar globalmente las sociedades desde nuevas bases normativas, económicas y culturales, articuladas como Proyectos de Sociedad[5].
El primer rasgo distintivo del fenómeno de Poder Popular es que se conjuga con “un cuestionamiento de las formas de organización del trabajo, de las jerarquías sociales, de los mecanismos de dominación materiales, de género, de raza o simbólicos[6]”, planteando como itinerario un reordenamiento global de la Sociedad, interrumpiendo las formas clásicas de mediación entre lo social y lo político, ampliando su campo de acción y extrayendo su normatividad de sí misma y del sentido práctico de las transformaciones políticas para los sujetos sociales. Es una política en la que el sujeto popular se toma a sí mismo como objeto de su propia política.  Un punto de fuga entre diferenciación social e integración normativa. De esta característica contra-instituyente (en el sentido utilizado por Castoriadis[7]) se presentan las principales dificultades que el Poder Popular articula: a) denomina a un campo de subjetividad en movimiento y construcción en un determinado contexto (lo popular como un campo en disputa de subjetividad y su producción material y simbólica); b) la del desarrollo de la  politización o “conciencia gubernamental”, planteándosele los desafíos de articulación de las fuerzas sociales y su coordinación como expresión política; c) el problema de la constitución de un bloque histórico que decante este desafío en una estrategia y un proyecto, planteándole los problemas específicos de: c.1) definir marcos de acción (lo local, lo nacional, lo internacional)[8]; c.2) los modos de intervención política y sus espacios (será en partido políticos, en espacios institucionales, en espacios no institucionales, etc.); c.3) los modos de re-construir la relación mando-obediencia y de implementación de las políticas que viabilicen la ejecución del proyecto.
En la presente ponencia abordamos la problemática del Poder Popular (PP, de ahora en adelante) en Chile entre 1967 y 1973, con énfasis en el marco de la formación social  chilena, desde una perspectiva diacrónica, identificando los marcos estructurales de la construcción de Estados adoptada, sus principales características estructurales  y los marcos de acción posibilitados en esos contextos. A continuación del análisis estadístico y la caracterización del tipo de Estado y Pacto de Dominación que lo sostiene, colocaremos el énfasis de la problemática del PP en un marco político general, para posteriormente abordar en específico su discusión propiamente tal en términos de: 1) la dimensión de la política estratégica llevada adelante por las organizaciones sociales y políticas en clave Poder Popular, 2) las  formas y mediaciones entre lo político y lo social, 3) la manera en cómo se afrontó el problema de la violencia política, 4) y sus tensiones y vínculos con las instituciones hegemónicas del sistema de dominación[9].

2.      El Poder Popular en el Estado de Compromiso de Clases.
El Estado de Compromiso de Clases[10] (ECC) constituyó un tipo específico de Estado democrático que expresó los conflictos interclasistas de la sociedad, configurando una estructura de dominación que comprendió el “proyecto nacional-desarrollista” y  un proceso de “democratización política y social”, sobre la base del resguardo constitucional de la gran propiedad latifundista[11]. Como forma estatal emergió de la crisis del sistema de dominación oligárquico y fue el resultado de los arreglos institucionales entre los distintos actores sociales y políticos, expresados en un pacto, explícito o no, de carácter político y social “entre clases con intereses contradictorios, en un periodo dado de la lucha de clases en la que ninguno de los grupos  sociales tiene la capacidad de imponer su hegemonía y dominación de forma definitiva”[12]. Por lo tanto, fue una forma estatal que expresó un equilibrio transitorio, en el cual el Estado dejó de ser la expresión directa de la hegemonía y dominación oligárquica y se nos presentó como un “campo principal de alianzas de grupos y clases”[13].
Desde su plena implementación hasta su ocaso en 1973 articuló cuatro procesos contradictorios que hacia 1967 tensaron el pacto de dominación hasta su ruptura en 1973: a) una tendencia declinante del ritmo de crecimiento económico, junto con  la dificultad para ofrecer una ampliación suficiente del empleo productivo y absorber la trasferencia de fuerza de trabajo del sector agrícola y artesanal en retroceso; b) la incorporación creciente de nuevos sectores sociales y poblaciones a la vida  colectiva  generados por el aumento de la población, el aumento de la urbanización, el fortalecimiento de las comunicaciones, la educación en todos sus niveles, la ampliación de los patrones electorales; c) la radicalización ascendente del movimiento popular y emergencia de nuevos actores sociales; d) y la construcción de un sistema de partido y una cultura política caracterizada como un marco de arreglo de intereses y conflictos interclasistas, con estructuras partidarias como formas de mediación y articulación política con los actores sociales a través de su acceso al Estado.[14]
La característica principal de esta articulación fue el rol que cumplió el Estado en la dirección del proceso industrializador, ejemplificado en la creación de la CORFO en 1938 –la gran palanca dinamizadora de la economía chilena-, posibilitado por la trasferencia de recursos a las arcas fiscales desde el sector exportador minero concesionado a capitales Estadounidenses hacia finales de la década del 20’, en la coyuntura de la crisis terminal del salitre (1927),[15] y el resguardo de tributación del sector rentista.
El impulso de industrialización expresó el acuerdo entre los trabajadores, a cambio del resguardo y reproducción de la fuerza de trabajo; el bloque en el poder, mediante el desplazamiento hacia el mercado interno de su eje de acumulación de capital, manteniendo su base de poder en el campo;  y los sectores medios, quiénes mediante el fortalecimiento de las actividades del Estado lograron acrecentar sus condiciones generales de vida y de influencia política, jugando un rol fundamental en el pacto de dominación. Sobre todo su capa burocrática, que se integra como ‘clase social de apoyo’ a la dominación oligárquica[16].           
Desde 1967 observamos distintos factores que dan cuenta de una “crisis orgánica del sistema de dominación” que, a nivel político, se presentó como una coyuntura excepcional que favoreció la elección de la Unidad Popular en 1970 y que culminó abruptamente con la dictadura militar y la desarticulación del ECC. En este periodo observamos el desplazamiento del eje de acumulación de capital y transformaciones en la estructura económica que ponen en jaque los espacios de acumulación de fracciones de la burguesía y la actividad económica desarrollada por el Estado, el aumento del endeudamiento público y la agudización de la ola inflacionaria, junto con  la radicalización de sectores del movimiento popular y la irrupción de actores sociales excluidos de las formas de mediación político-institucionales
La economía chilena entre 1960-65 creció a una tasa de 7,3% y con un PNB por sobre el 5,3%, dado por el auge de las exportaciones de cobre y el gasto público. Situación revertida durante el quinquenio siguiente, en el que el producto industrial cae a un 3,3% y en el sector agrícola sigue su lento crecimiento cercano al 2,2%, acompañando hacia la baja al sector minero y la construcción. El efecto inmediato de este estancamiento se expresó en el  recrudecimiento de la inflación que detiene la generación de masa monetaria y el gasto público[17]. Este lento crecimiento de la economía se expresa en una  mayor dificultad del sector industrial para absorber el incremento de la población económicamente activa y la trasferencia de mano de obra del sector agrícola al urbano, generando una tendencia hacia la tercerización de la mano de obra y el crecimiento de la economía informal. Simultáneamente, a este proceso de decline de la producción industrial, se observa dentro del sector, un viraje hacia la producción de bienes suntuarios, como efecto de la política económica del gobierno de Alessandri orientada hacia la captación de capitales foráneos para revertir el agotamiento del ciclo de fácil sustitución de importaciones[18].
En este periodo se observa una tendencia hacia mayor distribución de la riqueza producto de la acción estatal que se expresó en una distribución de los ingresos más ajustada. Entre 1954-1968 la participación del quintil más pobre se elevó de 1,4 a 4,9 del ingreso total y el decil superior se redujo del 49% al 35%. La participación de los salarios entre 1961 y 1971 pasó del 52% al 62% y las familias en condición de extrema pobreza se redujeron del 46% al 15% entre 1954 y  finales de la década de los 60’.
Desde la perspectiva social, se observa un aumento de la población que hacia 1970 bordea los 8.500.000, con una urbanización del 75,1% que entre 1960 y 1970 fue acrecentada por una migración interna estimada en 30.000 personas al año, que situó el problema de la vivienda y el trabajo como un tema central; con una expansión del sistema educativo a un 42,6%, una  masificación de los medios de comunicación de masas y un significativo aumento de la participación política bordeando en 1970 el 50%.  
Desde el punto de vista de la organización y conflictividad de los actores sociales, observamos una radicalización en tres frentes de acción, dos de los cuales atacan directamente los bastiones de la oligarquía: el campo y las universidades tradicionales. Desde el flanco estudiantil, el movimiento de reforma iniciado como una profundización de la política de reforma educacional diseñada por Mario Leyton en 1964, se traslada hacia la Universidad Católica el año 1967 y al resto de las Universidades en 1968. Durante ese mismo año, se termina de aprobar la Ley de Sindicalización Campesina, la cual, postergada desde 1938 a raíz de la aprobación de la CORFO en una negociación entre el gobierno y la Sociedad Nacional de Agricultura, da mayor proyección a la reactivación de la movilización campesina. De 39 huelgas en 1964, se pasa a 142 en 1965, y luego a 586 en 1966, 665 en 1967 y 447 en 1968.  En términos de sindicalización, si en 1967 el 8% de la fuerza de trabajo campesina estaba sindicalizada, en 1968 esta cifra aumenta al 28%. Los sindicato agrícolas entre 1966 y 1970 pasaron de 201 a 510, agrupando de 10.647 a 114.112 afiliados. 
Si en términos generales, 1966 el 12,8% de la fuerza de trabajo estaba sindicalizada; en 1970, esta subió al 19,4%, en un alza del 57,2%. Al desagregar las cifras por sectores, se observa que los sindicatos agrícolas crecieron en un 51,8%, los industriales en un 10,1% y los sindicatos de trabajadores profesionales en un 39%.[19] Desde el punto de vista de los canales de acción, las huelgas ilegales en 1970 representan el 89,2% de las movilizaciones totales, aumentando el número de trabajadores por  días perdidos por huelga que sobrepasa los 355 hombres. Por su parte, desde 1965 el movimiento de pobladores comenzó un proceso acelerado de ocupación de terrenos en los márgenes del cono urbano, sobre todo en Santiago[20]

3.-Readecuación del espectro partidario: antecedentes de la formación de la Unidad Popular.
Desde un punto de vista global se identifican tres aspectos cruciales que permitieron una convergencia en el diagnóstico de las fallas del desarrollo de la estrategia de desarrollo adoptada, que permitieron la  formación de un “consenso económico”, a partir de la cual las fuerzas políticas del espectro partidario desprendieron conclusiones distintas en el marco de sus tesis estratégicas:1) la existencia de un mercado absolutamente protegido, de tamaño pequeño y caracterizado por el derroche de recursos, de bajo nivel formación de capital y la dependencia crónica de fuentes de financiamiento externo (de cartera y directo), de tecnología y de administración. 2) El carácter intensivo de uso de capital en la estructura industrial con la consecuencia de una creación de empleo insuficiente y con un requisito de mayor calificación. Este elemento si bien posibilitó  el mejoramiento de la estructura de ingresos de los obreros bien calificados y organizados, tendió a la vez, a  la generación  de una frontera que impedía la absorción de la migración campo-ciudad, expandiendo el sector informal de la economía  y agravando las condiciones de vida de una porción de la población urbana de consideración. 3) El estancamiento del sector agrícola y la necesidad de generar fuentes de divisas permanentes para suplir la carencia de insumos y tecnologías claves para el proceso de industrialización. Todas las soluciones ideadas para revertir esta situación implicaban un ataque a la estructura de poder del sistema (reforma agraria, reforma tributaria y política de nacionalizaciones), implicando una posición de ruptura  o de contrarrevolución, situación que está en el fondo de las distintas tesis sobre la polarización del sistema de partidos y al ruptura del régimen democrático[21].
Esta situación será crucial para comprender la reestructuración del espectro partidario en el periodo 1967-1969 que culminarán con la formación de la Unidad Popular, sobre la base de la alianza de los partidos Socialista (PS) y Comunista (PC), en sus contradicciones y su compleja articulación entre prácticas “nacional-populares”, propias de la cultura política construida desde la década de los 30 y la re-emergencia de la cultura política de independencia política de clase, acción directa  y conflictividad que inserta sur raíces en la tradición del sindicalismo libre de principios del siglo XX.
Una serie de factores externos (las críticas al rol rector del PCUS en el movimiento comunista internacional, la revolución cubana y los procesos de liberación nacional),  internos (fracaso del FRAP en las elecciones del 64, radicalización del movimiento popular y el fracaso de la revolución en libertad) y las transformaciones sociales incidirán en el proceso de polarización del régimen político.
La derecha, consciente de la necesidad de transformar la correlación de fuerzas entre el capital-trabajo, desde 1967 da pie a la instrumentación de un partido de ofensiva: el Partido Nacional, que permite la reagrupación de las fracciones conservadores y el partido liberal bajo el objetivo de: “Reformar a fondo “los instrumentos constitucionales, políticos, (…)  tanto [como] la concepción de la política como los hábitos políticos de más de medio siglo; y también, cuan de raíz hay que detener y desarraigar las amenazas colectivistas y totalitarias que el marxismo y la democratacristiana mientan en Chile[22]”    
En las fuerzas de centro-izquierda tenemos un panorama similar.  La radicalización ideológica del PS a partir de 1965, la formación del MIR el mismo año, la organización de la oposición de izquierda al interior de la democracia cristiana y la posterior escisión de los “terceristas” y “rebeldes” que decantarán en la formación del MAPU y la IC; el viraje a la izquierda y  su proximidad discursiva con socialismo por parte del radicalismos criollo, a partir de su XXIV Convención Nacional[23]; y la agudeza del PC para leer el escenario y modificar su política de alianzas con miras a la generación de una mayoría electoral, permitieron la formación –no exenta de tensiones- de la Unidad Popular[24].
A grandes rasgos el Partido Socialista generó una evaluación negativa de su participación en las coaliciones de centro izquierda (1939-1949) y del apoyo a la experiencia nacional-populista de Ibáñez (1952-58), que lo llevó a construir una visión estratégica sobre el carácter de la revolución chilena, distinta a la línea del Partido Comunista[25] (alineada con la estrategia internacional soviética), que lo llevará a una radicalización en su proceso de elaboración estratégica. El grueso de su política se elaboró a partir de 1953 en el  XV Congreso General Ordinario del Partido Socialista en la que se formula la idea central sobre la tesis de la “República Democrática de Trabajadores” y el “frente de trabajadores”, formulado en esa oportunidad por Salomón Corvalán[26], bajo  el objetivo de la “Revolución Democrática de Trabajadores”. Esta tesis con posterioridad se reformulará, al acentuar el carácter de la composición social y política de la alianza, en la tesis del “Frente de Trabajadores”, para quedar formulada  hacia el ocaso de la U.P. como “Frente Revolucionario de Clase”.
Esta posición representa una superación crítica de la tesis del “Frente de Liberación Nacional” y la táctica de “Frente Popular” del P.C., distinguiéndose por el carácter de la alianza que “lleva a la clase obrera a pasar por arriba de las fronteras de clase”[27].
 En este proceso de radicalización política del PS el fracaso en las elecciones del FRAP en 1964  y la posición gravitante de la revolución Cubana tuvieron una influencia importante en su modificación política que se expresará en el XXII Congreso General Ordinario  de Chillán de 1967, en la que los socialistas avanzaron hacia una definición política cuyo elemento central era la toma del poder mediante la violencia revolucionaria como objetivo estratégico. Para ello buscaban el  desplazamiento del centro político, para generar un efecto de polarización del sistema de partidos, para dotarlo de un tinte clasista.
El P.C. tras la modificación de su táctica de “clase contra clase” de la década de los 20’, por una de “frente amplios” y “frente populares” como estrategia de contención del ascenso del nacismo desde el VII congreso de la Komintern[28], genera una evaluación positiva de su política que en vez de radicalizarse, se va ratificando sobre sus propios presupuestos y va decantando en la “Vía pacífica al socialismo”[29], buscando agrupar a la clase obrera con fracciones de la burguesía nacional, construyendo una alianza social que reuniese en su seno a los sectores nacionalistas y obreros en oposición a los sectores monopólicos y oligárquicos.
Finalmente el MIR , que si bien no tendrá una gran incidencia en la política electoral de la U.P. , su diagnóstico político, su horizonte estratégico y su campo de inserción militante dinamizaran el tinglado político de la UP y la discusión sobre el PP[30]. Su definición del proceso político se basó sobre la identificación del capitalismo chileno “como colonial, de desarrollo desigual y combinado”, cuya característica desde el punto de vista de la estructura social sería la ausencia de una burguesía progresista que realice las tareas democrático-burguesas. Para el MIR, la crítica a la “táctica de conciliación de clases” y “la vía pacífica”, lo llevará a una proposición amplia que combinada las tareas democráticas y socialistas sobre la afirmación de la inevitabilidad del enfrentamiento de clases y, por tanto, de la necesidad política de la insurrección armada[31].
La alianza política que se perfila en los partidos que formarán la U.P. tuvo dos puntos de apoyo que se expresarán en las dificultades de establecer una conducción unitaria. Por  una parte identificamos el “consenso económico” y por otro la “formación de un potente movimiento de masas”.  Tensión que quedará subsumida en la discusión política sobre el poder popular. Así por ejemplo, el viraje hacia el socialismo presentado en el Partido Radical da cuenta de un movimiento de salvataje tanto electoral como económico, ante la pérdida progresiva de su base de apoyo electoral y ante las dificultades generadas por el desplazamiento del patrón de acumulación de capital. Los radicales parten identificando la existencia de intereses contradictorios entre “el gran capital, la gran empresa, la banca y el imperialismo”, para identificar en la necesidad de transformar la estructura económica para la generación de un sistema democrático, inclusivo y equitativo que “no puede lograrse sino sobre la base de una sociedad socialista”[32]. Sin embargo el actor protagónico, anónimo y condición de posibilidad de esta convergencia  fue la formación de un potente movimiento popular urbano y un naciente movimiento campesino, con un fuerte predominio político de la clase trabajadora organizada y con la entrada de una nueva generación de trabajadores, campesinos y pobladores a la lucha política con fuerza desde 1967

3.- El debate sobre el Poder Popular durante la Unidad Popular:
El gobierno de la Unidad Popular representó una radicalización del pacto de modernización desarrollista en el marco del ECC  bajo orientación socialista, tomando partido por el trabajo, la socialización del poder  y en contra de la propiedad de los medios de producción y la centralización política. Su diseño estratégico se basó en la conquista gradual y pacífica del poder político, sin ruptura brusca con el orden burgués, acompañada de la liquidación de las bases de la dominación imperialista, latifundista y monopólica, a través  de medidas planteadas en la perspectiva de construcción al socialismo. Electoralmente se basó en la ascendente movilización y radicalización social presenciada desde 1965 y desde su comienzo experimentó la contradicción de ser un gobierno que representaba los intereses de los trabajadores, pero que tenía su fuente de “legitimidad” en las instituciones del ECC.
Esta ha sido caracterizada de distintas formas: como un Frente Popular de Nuevo Tipo[33]; como un frente de carácter pluriclasista con hegemonía del reformismo obrero[34]; como un frente pluriclasista bajo influencia de la pequeña burguesía[35]; como una articulación que expresó una solución de compromiso entre tendencias pequeño-burguesas y reformistas con sectores obreros revolucionarios[36]. Estas diferencias en las apreciaciones dan cuenta de las diferentes estrategias y tácticas que convergen en la elaboración de la U.P. como un espacio de coordinación (De las fuerzas de centroizquierda) con proyección de articulación (del ascendente Movimiento Popular)[37] en el camino hacia el socialismo, y quedan expresados en las diferentes  roles y dimensiones  que asume el concepto del Poder Popular en el programa de la Unidad Popular.
            La dificultad de este proceso radicaba en el carácter de la alianza de clases que se debía construir y rol fundamental que jugaba en ese proceso las “capas medias” –sobre todo su capa burocrática- como agente de consenso. Discusión que está en la base de la disputa entre la línea de “Frente de Trabajadores” y la de “Frente de Liberación Nacional” y que, lleva a las fuerzas extra-UP (MIR) a criticar los límites de la apuesta de la UP.
Las principales referencias al Poder Popular se efectuaron en el programa de gobierno de la Unidad Popular, durante el proceso de campaña y el principal protagonista fue Allende. Luego la discusión continúa a raíz del desborde de la movilización de fracciones de trabajadores, que presionaron en la ampliación de las empresas del Área de Propiedad Social que decantarán en la formación del cordón industrial cerrillos, el surgimiento de la Asamblea de Concepción, el manifiesto de Linares y hasta la creación masiva de los Cordones Industriales y Comandos Comunales. El grueso de la discusión y la experiencia se genera entre el paro de Octubre de 1972, hasta el fallido golpe de Estado del 29 de junio de 1973, para finalmente, concluir con una disputa mucho más política a partir de agosto hasta el golpe del 11 de septiembre. En esos momentos los principales protagonistas fueron los líderes de los respectivos partidos políticos, intelectuales, analistas y organizaciones de trabajadores.
En el programa de la U.P. la referencia al Poder Popular se expresa en la  formación de los Comités de Unidad Popular”, concebidos como organismos electorales y “como intérpretes y combatientes de las reivindicaciones de las masas” [que las]  prepararán para ejercer el Poder Popular. Así, pues, este nuevo poder que Chile necesita debe empezar a gestarse desde ya, donde quiera que el pueblo se organice para luchar por sus problemas específicos y donde quiera que se desarrolle la conciencia de ejercerlo”[38]. Esta combinación de lucha electoral y trabajo de masas constituye, como bien señala Rolando Álvarez, una práctica y un discurso recurrente por parte de la izquierda tradicional. La novedad de esta acepción, lo constituye la vaguedad del lugar que se les dará a estos organismos en una eventual victoria del Gobierno Popular, durante el desarrollo de las transformaciones políticas y económicas[39].
En el diseño  del programa, el PP queda referido a una combinación de elementos de poder económico y político que, mediante las transformaciones económicas (APS) y democratizadoras (Estado Popular), enmarcado en un proceso de transferencia de poder desde la alianza de la clase dominante a manos del bloque popular. Así, en el acápite sobre el Poder Popular se señala: “las transformaciones revolucionarias que el país necesita sólo podrán realizarse si el pueblo chileno toma en sus manos el poder y lo ejerce real y efectivamente, (….) para lo cual es necesario el traspaso de poder, de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores, al campesinado y a sectores progresistas de las capas medias de la ciudad y el campo”[40].  De la suma del control de poder  político y económico, al menos en el programa, se comprende la posibilidad de consecución de los objetivos que este se traza: “la garantía del cumplimiento de esos objetivos reside en el control por el pueblo organizado del poder político y económico, expresado en el área estatal de la economía y en la planificación general de estas. Es este poder popular el que asegurará el cumplimiento de las tareas señaladas”[41]
El lugar que se le atribuye al poder popular en este diseño, a pesar de su vaguedad,  es de lugar de apoyo a los órganos de dirección en el estado (a través del poder ejecutivo y el parlamento) y en la sociedad (partidos políticos y organizaciones civiles), de participación en distintos niveles en el nuevo estado a construir  y como expresión de la “soberanía popular”.  En ese sentido, en la manera de entender la relación Estado (política) y sociedad (bloque popular) se basa en la distinción entre funciones políticas y de representación (soberanía popular), ligadas mediantes organizaciones masas,  como bien se expresa en a continuación: “El gobierno de la Unidad Popular será un gobierno fuerte, no en el sentido policial y represivo, sino por la solidez y definiciones de sus principios, su política, su programa, por su amplia base social, por la coordinación constructiva de las fuerzas políticas que lo integran, por el apoyo resuelto del pueblo, que ejercerá el poder a través de sus partidos y de sus organizaciones sociales representativas en diversas instancias y niveles”[42]. En definitiva, los “CUPs” como embriones de poder popular en gestación habrían surgido de la incorporación progresiva de los representantes del pueblo en las instancias del Estado, instalando el conflicto de poder en su interior, paralela al apoyo en la base del movimiento de masas.[43]
El siguiente momento de esta discusión se inicia durante el año 1972 a raíz de un cambio en las correlaciones de fuerzas políticas, el reagrupamiento de la oposición favorecida por el asesinato de Pérez Zujovic el 8 de junio de 1871 y la entrada con fuerza de la movilización de masas tanto por parte de la oposición, como dela base social de la U.P.  Tras el establecimiento de la “estrategia de los mariscales rusos” [44]en torno a la defensa de la constitución y desplegando una táctica de defensa de la propiedad privada, de sabotaje económico, buscando la creación de una concia anti-UP en las fuerzas armadas e intentando establecer una reforma constitucional (Reforma Hamilton-Fuentealba) que cercara al gobierno. Los partidos de la U.P. conscientes de estas variaciones y de las deficiencias de una falta dirección política homogénea,[45] a la defensiva política y buscando establecer una línea que permitiera consolidar o pasar a la ofensiva se verán envueltos en disputa por la conducción del bloque socialista.
Así desde la radicalización de una fracción de los trabajadores de Cerrillos-Maipú quiénes iniciaron una serie de movilizaciones durante el mes de junio y julio, que se sumarán a la polémica generada en el bloque socialista  con los llamados a convocar la Asamblea de Concepción desde mayo, y que culminarán con la tercera convocatoria  el 22 de julio[46] y la presentación de un Manifiesto. En dicha oportunidad, salvador Allende precisa su posición. A partir de este momento, registramos en la prensa de izquierda y en la opinión pública mayores elementos sobre este tema que decantará en la generación de mayores claridades al debate[47], supliendo una falencia estratégica de consideración en la elaboración de “la vía chilena al socialismo”, sobre todo lo correspondiente al problema del poder.
Allende, parte desautorizando la ida de la existencia de enfrentamiento de poderes contra la institucionalidad y señalando que la disputa de poderes se instala al interior del Estado (una formulación similar a la utilizada por Sergio Ramos)[48] . Luego señala que “el poder popular no surgirá de la maniobra divisionista de los que quieren levantar un espejismo lírico, surgido del romanticismo político al que llaman, al margen de toda realidad, “Asamblea Popular”. Señalando a continuación que “una Asamblea Popular auténticamente revolucionaria concentra en ella la plenitud de la representación del pueblo. Por consiguiente, asume todos los poderes. No sólo el deliberante sino también el de gobernar.” En relación a la “dualidad de poderes”, Allende señala que éste ha surgido en ocasiones en las que se ha instalado un gobierno reaccionario sin base social[49]. Para señalar, finalmente, que el principal espacio de disputa de poder se dará entre el ejecutivo y el parlamento, de ahí la centralidad en establecer una mayoría parlamentaria en marzo de 1973.
Entregando mayores elementos teóricos al debate, Theotonio Dos Santos constata que la discusión sobre la dualidad de poderes se genera en la medida en que el movimiento popular a través de la movilización pone el problema del poder a la orden del día. Para luego afirmar que: “las formas de poder popular que están naciendo en Chile no constituyen aún un poder paralelo al estado burgués (…), dado que ellas “tienen fundamentales objetivos locales y específicos de carácter esencialmente administrativo. Les falta función legislativa, judicial y carácter nacional para constituirse en un poder paralelo[50]. Enfatizando, por el contrario, la necesidad de que estos embriones de poder se planteen coordinación desde la base a nivel local y con proyección provincial, articulándose con el gobierno popular que ha iniciado en los canales de la legalidad burguesa, la destrucción del poder monopólico nacional, internacional y el latifundio.  En ese sentido  la existencia del poder popular desde abajo, ante el apoyo del poder desde arriba, favorece formas de articulación complementarias a las tareas de gobierno contra los enemigos centrales establecidos en el programa.[51]
El tercer momento del debate del poder popular se entronca en el contexto de ofensiva de la derecha y el viraje de la D.C. a las tácticas golpistas, pese a no compartir al menos de manera declara y en el corto plazo dichos objetivos[52], y se manifiesta durante el Paro Patronal de Octubre. En ese momento, la iniciativa desde la base social en respuesta a la ofensiva de la oposición decantará en la generación de espacios públicos proletarios para el esclarecimiento de la línea a seguir. Este fenómeno que surge con la masificación de los Cordones Industriales y de los Comandos Comunales, revive la discusión sobre el Poder Popular, su relación con el Gobierno, los partidos políticos y la problemática de la transición de poder.
Tanto los partidos, como las organizaciones sociales participantes en la conformación de los comandos coincidieron en señalar que éstos constituyeron “organismos de poder en el seno de las masas”[53].  Estos surgieron de forma espontánea como respuesta del pueblo ante la ofensiva de la oposición. Su objetivo fue coordinar todas las acciones en la comuna para vigilar, prevenir el sabotaje, asegurar la distribución de alimentos y bienes esenciales, el transporte, el abastecimiento de las materias primas.  En palabras de Manuela Manami, miembro del Coordinador de San Miguel: “Aquí están integrados los pobladores, JAP, centros de Madres, Organizaciones Juvenil, Juntas de Vecinos, obreros y estudiantes”[54]. En relación a su perspectiva de poder, Ricardo López, trabajador de la industria FENSA de la comuna de Maipú señaló: “[Los Comandos Comunales] nacieron por la necesidad de responder a la embestida de los patrones, y no por la de organizarse y construir un  poder de las bases”[55].
Para los partidos políticos eje de la U.P., en un documento conjunto entre el PS-PC  señalaron el enorme potencial de la movilización de masas y la necesidad de articularlos con las instituciones y organismos tradicionales (La CUT y el ejecutivo): “hasta hoy sólo hemos utilizado una pequeña parte del potencial combativo de las masas; pensamos que hay que estructurar una táctica de movilización que libre este potencial”.  En específico, en relación a los comandos comunales, estos los comprendieron como “organismos de poder en el seno delas masas que sin entrar a suplir los organismos de poder del Estado, canalicen las inquietudes y problemas de los trabajadores y del pueblo en general”[56]. Esta posición a grandes rasgos es ratificada en el pleno del comité central del PS y en el del PC, en el que los comunistas señalaron: “la parte del poder conquistado por el pueblo puede desarrollarse y fortalecerse a condición de vincular estrechamente la acción estatal a la acción de las masas populares”[57].
La única divergencia, de consideración más en términos estratégicos que tácticos la introduce el MIR al señalar, mediante Nelson Gutiérrez,  que los Comandos Comunales constituyen “los órganos embrionarios de un poder alternativo, que debe afirmar orgánica, ideológica, programática y políticamente la independencia de clase del proletariado en su lucha por el Poder”. Señalando a continuación, “que en esta concepción el papel del gobierno no se ve como contradictorio, sino como una palanca que debe apoyar el desarrollo de este naciente poder popular”[58]. En una línea similar, en un periódico que comenzó a circular a comienzos de enero de 1973 con el nombre de “Tarea Urgente”  señalaban la necesidad de: “unificar por las bases el poder popular”, solidificando el poder embrionario que emana de los Coordinadores Industriales, Comandos Comunales, Comités de defensa de la revolución, Juntas de Vigilancia, Comités de Pobladores (…) para lograr el real poder de los trabajadores a través de todos los organismos de base”[59]
La necesidad de otorgar mayores claridades estratégicas e ideológicas, movilizó a sectores de la opinión pública del bloque socialista para generar mayores elementos, encontrar puntos comunes y superar las diferencias. En ese sentido, la deuda ideológica y la ausencia de un espacio público socialista generó un incentivo para formar este tipo de espacios de diálogo público[60]. La problemática del poder planteada por la movilización y organización desde la base del movimiento popular, tuvo a nivel político y teórico diferentes respuestas. Tanto intelectuales,[61] analistas,[62] militantes de base, personeros de gobiernos, como jefes de partidos se embarcaron en un discusión ideológica sin referencias previas en Chile ni en América Latina[63].  La tribuna generada para este esfuerzo de la dirección colectiva del bloque socialista se realizó en los periódicos, prensa de izquierda y en foros[64].
 Más allá de las diferencias entre los distintos partidos, como bien recalcó Miguel Enríquez, insistiendo en que la polémica de los Comandos Comunales no debía centrarse en si estos debían estar a favor o en contra del gobierno, sino en “como se articula la utilización del instrumento Gobierno en relación con la generación de estos órganos de poder popular progresivos en el interior del movimiento de masas”[65].
El último momento de este debate y de las experiencias que los dinamizan, se genera como respuesta al intento golpista del 29 de Junio en un claro intento por responder a la inminencia del golpe.  Desde Julio en adelante comenzarán a masificársela emergencia de Cordones Industriales y Comandos Comunales[66]. La discusión generada en el Foro Sobre Poder Popular organizado por la revista Chile Hoy, entre partidos y representantes de las organizaciones de poder popular constituye un aporte significativo[67] en relación al  poder popular, la dualidad de poderes y su relación con el gobierno.
      Así para el MIR el poder popular es comprendido como un poder autónomo de la clase trabajadora, independiente del gobierno  y autónomo del Estado, bajo una perspectiva de dualidad de poderes[68].  Por su parte el MAPU-OC  concibe no como un organismo paralelo, en la medida que el ejecutivo impulsa tareas concretas hacia la destrucción del estado burgués. En ese sentido, es concebido como un apoyo a las tareas de gobierno. Para el PS, la discusión se enmarca en un planteamiento mayor sobre el problema del poder, las características del Estado y la articulación bajo la vanguardia política.  Finalmente el MAPU, identifica que el PP tiene dos filos, uno que es el gobierno que está dentro del estado burgués, intentando romperlo; y otro  que son las masas, que empujan para romperlo. Finalmente el PS, señala el lugar que le corresponde al PP en la dualidad de poderes y en el marco de una estrategia de ruptura.
4.- Apreciaciones finales.
La problemática del Poder Popular en la coyuntura revisada da cuenta del proceso de crisis del sistema de dominación instalado desde la década de los 30 en Chile, cuyos principales núcleos organizacionales (el Estado de Compromiso y la Estrategia de Industrialización Conducida desde el Estado) estuvieron en el centro de la problemática del poder popular. De los diagnósticos generados por los bloques de fuerza que se comenzaron a perfilar desde 1967 se desprendió la necesidad de la reorganización global del sistema social a través de distintos Proyectos de Sociedad: ya sea mediante un proceso revolucionario o contra-revolucionario.
La tensión en el Bloque Socialista se generó en relación a los modos de intervención política, los tiempos y la profundidad del proceso iniciado a partir del gobierno de la UP, comprendido como un gobierno en transición al socialismo. Por este motivo, la alianza de centroizquierda con predominio de los Partidos Comunistas y Socialistas quedó virtualmente polarizada en su interior entre dos articulaciones partidarias que tuvieron rasgos distintos de implementación, de lectura y de modos de intervención que quedaron expresados con fuerza en el debate sobre el Poder Popular.  El Poder Popular quedó escindido y en disputa entre dos culturas políticas con modos de intervención, lectura y marcos normativos en disputa,  en torno a un proyecto contracultural común (el socialismo).
 La perspectiva cercana al eje de conducción del PC, Allende y el MAPU-OC entendió el Poder Popular como un ejercicio de movilización de masas en apoyo a la institucionalidad como canal legítimo y necesario de la Soberanía Popular. Por tanto, el proceso de reorganización Global de la sociedad fue pensado y concebido desde el Estado como un punto de articulación entre el “Poder Económico” y el “Poder Político”. Esta función articulatoria del Poder Popular quedó en evidencia en el modo de concebir la función de dirección que refirió a una manera específica de concebir la relación de mando-obediencia, poniendo en el problema de las fuentes de legitimidad el énfasis de la dimensión normativa. La dirección y la elaboración política en este sentido fueron medidos por el modo de articulación hegemónico entre economía y política, cuyo punto gravitante se expresó al interior de las correlaciones de fuerzas del Sistema de Partido. Por este motivo, para este núcleo de dirección el problema fundamental del proceso en el que comenzó a emerger el fenómeno de movilización de masas fue el: 1)  de la contención en los marcos de acción preestablecidos como canales de expresión legítimos; 2) el del aseguramiento de un acuerdo político con el centro (DC); y 3) del cumplimiento  de algunos ejes del programa de gobierno, en un contexto en el que el polo contrarrevolucionario adoptó una posición de ruptura.
El otro polo de acción fue el de ruptura democrática que articuló al PS-Altamirano y al MIR, que comprendió al Poder Popular como un ejercicio de movilización y construcción del socialismo, desde el ejercicio de la soberanía popular. Por tanto el poder popular más que ser  concebido como una articulación de la sociedad hacia la política y de ésta hacia la economía, desde las mediaciones partidarias, fue concebido en una doble direccionalidad. Esto quedó expresado en el modo en cómo las articulaciones partidarias adoptaron modo un más flexibles de intervención y una articulación como un  “complejo partidario”. Los modos de intervención quedaron sujetos a los requerimientos de las situaciones y a la generación de soluciones a los problemas que se fueron generando en la disputa por la reorganización de la sociedad. En este sentido, la referencia a la normatividad estuvo puesta en la centralidad que tomó la lucha con el enemigo en el espacio-tiempo de intervención, instituyéndose espacios políticos que midieron la correlación de fuerzas en el mismo campo de intervención: en una comuna (Asamblea de Concepción), en una fábrica (por ejemplo las fábricas Yarur y Sumar), en un territorio (la Población Nuevo Amanecer). Es decir, el modo de intervención se diferenció porque la política se cotidianizó. Esto implicó un problema en el aumento de la complejidad de este campo de intervención política que si bien avanzó como pliegues, aumentando numéricamente y taxonómicamente, no pudo generar dispositivos de integración ni de mando. En este sentido, el aumento de la complejidad no fue acompañado de una función mando-obediencia legitimada que coordinada mediante el consentimiento a los diversos esfuerzos. Esta dificultad se generó en el peso de la formalidad que está en la base de las formulaciones estratégicas de las principales organizaciones políticas de este núcleo de acción como se presentó en la discusión del Poder Popular.
mzg
Desde Cerrillos
25-11-2013




[1] FITZGERALD, Valpy. “La CEPAL y al teoría de la industrialización”, [en línea] <http://www.eclac.cl/publicaciones/xml/9/19229/valpy.htm>   [Consulta: 31 de julio de 2013]
[2] URRUTIA, Miguel. Poder Popular y Derechos Sociales. Política y Sociedad. 26, tercera época, 2012.
[3] KALIVAS, Andreas. Soberanía Popular, democracia y Poder Constituyente. [En línea] <http://www.politicaygobierno.cide.edu/num_anteriores/Vol_XII_N1_2005/04KALYVAS.pdf> [Consultado el 31 de julio de 2013]
[4] El Concepto se utilizó en Chile en el proceso de la Unidad Popular y se ha recuperado por la izquierda en los noventa y dos mil; en  Argentina en los setenta se formuló como “Poder Obrero y Popular” y, durante el dos mil, se reposicionó con fuerza; en Cuba se utiliza para designar el parlamento Popular; en Venezuela se le otorga el mismo estatus que en Cuba; en Nicaragua los Sandinistas lo utilizaron para referirse a los territorios liberados; en Bolivia se está utilizando para designar el Poder Popular Constituyente del Estado Plurinacional
[5] El concepto de “Planificación global” fue acuñado en el campo de la Historia por Mario Góngora en su ensayo sobre la formación del Estado en Chile y retomado en esos términos por  Marcelo Casal, en su trabajo sobre la discusión estratégica de la izquierda y la “vía chilena al socialismo”. Este fenómeno de la elaboración político global es abordado por Gabriel Salazar de manera crítica, en su trabajo sobre la Violencia Política Popular en Chile y sus textos sobre formación de Estado en Chile.  Sin embargo, esta problemática ha sido abordado con mayor profundidad en el contexto del estudio del sistema político chileno, el estado y la crisis de la institucionalidad en la década de los 70’ en los trabajos de Arturo Valenzuela, Javier Martínez y Eugenio Tironi, Manuel Antonio Garretón y Tomás Moulian. 
[6] GAUDICHAUD, Franck. Poderes Populares en América Latina: pistas estratégicas y experiencias recientes”, [En línea]  <http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165320> [Consulta: el 31 de mayo del 2013]  
[7] Castoriadis es el padre putativo del lema  del mayor francés: “la imaginación al poder”. CASTORIADIS, Cornelius. La institución Imaginaria de la Sociedad. España, 2011.
[8] MAZZEO, Miguel. Poder Popular y nación. Buenos Aires, El Colectivo, 2010. 
[9] CARDOSO, Fernando Enrique  y Enzo Faletto. Dependencia y desarrollo en América Latina. Buenos Aires, Siglo XXI, 1969.
[10] El concepto es acuñado por Francisco Weffort, en el marco de la sociología del desarrollo,  para analizar el caso del Estado Brasileño y el fenómeno de la emergencia de  las masas en la vida urbana y en la política. En Chile, el cientista político Juan Carlos Gómez Leyton desde los 80’ lo utiliza como una referencia para caracterizar el tipo de acuerdo que cruza la formación estatal chilena desde el triunfo del Frente Popular en 1938, hasta el comienzo de las modernizaciones llevadas adelante por la dictadura.
Véase: GÓMEZ Leyton, Francisco. “El Estado capitalista de Compromiso. Difícil Camino al socialismo” [sin referencia]
WEFFORT, Francisco. El populismo en la política brasileña. En: Brasil Hoy, México D.F., Siglo XXI. 1968
[11] GÓMEZ Leyton, Juan Carlos. Democracia versus propiedad privada. Los orígenes político-jurídicos de la dictadura militar chilena. En: CAETANO, Gerardo. Sujetos Sociales y nuevas formas de protesta en la historia reciente de américa Latina. Buenos Aires, CLACSO,  2006, p. 175.
[12] GÓMEZ Leyton, Juan Carlos. Democracia…, p. 182
[13] Ibídem, p. 184.
[14] La denominada Matriz Estadocéntrica.  GARRETÓN, Manuel Antonio. Hacia una nueva era política. Estudios sobre democratizaciones. México, Fondo de Cultura Económica, 1995.
[15] ZEMELMAN, Hugo. El movimiento popular chileno y el sistema de alianzas en la década de 1930. En: FALETTO, Enzo, Ruiz Hugo y Zemelman, Hugo. Génesis histórica del proceso político chileno. Santiago, Quimantú. 1972. pp. 33-116.
[16] Para una descripción del proceso histórico que está en la base de la formación del ECC, vea: Zemelman, Hugo. El movimiento… Sobre la importancia política de las capas medias y su rol en la estructura de dominación que se configura desde finales de la década de los 30’. MOULIAN, Tomás .Fracturas. De pedro Aguirre Cerda a Salvador Allende (1938-1973). Chile, Santiago: LOM, 2006. 
[17]La estadística de estructura está  obtenida de Tironi y Martínez. MARTÍNEZ, Javier y Tironi, Eugenio. Las clases sociales en Chile. Cambio y estratificación. 1970-1980. Santiago, Sur, 1985.
[18] Véase. FALETTO, Enzo y Cardoso, Fernando. Dependencia y desarrollo….
[19] La estadística sindical está sacada de: MARINI, Ruy Mauro. Antecedentes para el estudio del movimiento de masas en el periodo. 1976 [En línea]
[20] GARCÉS, Mario. El Movimiento de pobladores durante la Unidad Popular. En: PINTO, Julio (coor.). Cuando hicimos historia. La experiencia de la Unidad Popular. Santiago, LOM. 2005.
[21]MOULIAN, Tomás. Fracturas. De pedro Aguirre... MOULIAN, Tomás. La vía chilena al socialismo: itinerario de la crisis de los discursos estratégicos de la Unidad Popular. En: PINTO, Julio. Cuando hicimos Historia. La experiencia de la Unidad Popular. Chile, Santiago: LOM, 2005,  p. 37, 40. MARTÍNEZ, Javier y Tironi, Eugenio. Las clases sociales en Chile….. VALENZUELA, Arturo. El quiebre de la democracia. Santiago, Ediciones Universidad Diego Portales, 2013. 
[22] Partido Nacional. Declaración de principios. 1967.
[23]Las principales conclusiones a las que llegaron los radicales en la formación de su nueva línea, tuvo su fundamento en la existencia de intereses “contradictorios con el gran capital, la gran empresa, la banca y el imperialismo (…)” señalando, que su principal objetivo será la construcción de un sistema democrático inclusivo y equitativo, cuestión que “no puede lograrse sino sobre la base de una sociedad socialista”. BALTRA: reformas con estrategia socialista, Punto Final, no. 83, 15 de julio de 1969, p. 6.
[24] CORVALÁN, Luis. Construir una salida revolucionaria. Informe al Pleno del Comité Central   del Partido Comunista. 16 al 13 de abril de 1969. En: CORVALÁN, Luis. Camino de victoria, Santiago, Edición de homenaje al cincuentenario del Partido Comunista de Chile. 1971, pp. 259-259.
[25] ALMEYDA, Clodomiro. Obras escogidas. 1947-1992. Santiago, Ediciones Tierra Mía, 1992. pp. 9-56.
[26] CORBALÁN, Salomón. El partido socialista de Chile. En: JOBET, Julio César y Chelén Alejandro. Pensamiento teórico y práctico del Partido Socialista, Santiago, Quimantú, 1972, pp. 189-192.  
[27] MOULIAN, Tomás. Itinerario de la crisis de los discursos estratégicos de la Unidad Popular. En: PINTO, Julio. Cuando Hicimos…
[28] HÁJEK, Milos. Historia de la tercera internacional. La política del frente único. 1921-1935. Barcelona, Grijalbo. 1984.
[29] CORVALÁN, Luis. Nuestra vía revolucionaria. 1964. En: CORVALÁN, Luis.  Camino de Victoria… 
[30] LEIVA, Sebastián y Neghme Fahra. El movimiento de izquierda revolucionaria (MIR) durante la unidad popular y su influencia sobre los obreros y pobladores de Santiago, (Tesis para optar al grado de licenciado en Educación en Historia y Geografía) Santiago, Chile. Universidad Santiago de Chile, Facultad de Humanidades, Departamento de Historia. Dirigida por Mario Garcés. Santiago, Chile
[31] MIR, Declaración de principios, 1965.  
[32] “BALTRA: reformas con estrategia socialista”, Punto Final, no. 83, 15 de julio de 1969, p. 6.
[33] CANCINO, Hugo. Chile. La problemática del Poder Popular en el Proceso de la Vía Chilena al Socialismo, Dinamarca: Aarhus University Press. 1988.
[34] MIR. El MIR y las elecciones presidenciales. 1969.
[35] MISTRAL, Carlo. Clases sociales en Chile y la dirección política de la Unidad Popular. En: Unidad Proletaria, 1978
[36] SMIRNOW, Gabriel. La revolución desarmada. 1970-1973, México D.F, ERA. 1977.
[37] Esta combinación teórica es acuñada por Esteba Rodríguez. RODRÍGUEZ Esteban. Más acá del Estado, en el Estado y contra el Estado. Apuntes para la definición de poder popular. En: Varios Autores. Reflexiones sobre el poder popular. Buenos Aires, El Colectivo, 2007. p.115.
[38] PROGRAMA de la Unidad Popular. 1970.p. 11.
[39] LARRAÍN Jorge, Castillo Fernando, Poder Obrero-campesino y transición al socialismo en Chile, CEIREN, no 10, diciembre de 1971, pp. 161-198
[40] Ídem, p. 12.
[41] Ídem., p. 25. 
[42] Ídem., p. 38.
[43] Este análisis está en la base de la “dualidad de poderes al interior del estado”, que enfrenta al ejecutivo contra los otros poderes del Estado. RAMOS Sergio. ¿Chile, una economía en transición?, La Habana, Cuba: Casa de las Américas: 1972.
[44] Orrego, Claudio. La elección presidencial de 1970, Política y espíritu, no. 332, mayo de 1972, p. 7.
[45] CORVALÁN, Luis. Estamos viviendo una crisis de orientación política. El siglo, 26 de Mayo de 1972.  IZQUIERDA Cristiana. Las definiciones de la U.P. confunden a las masas. En Punto Final, año VI, martes 18 de julio de 1972, no. 162, pp. 4-5.
[46] Chile Hoy, Año 1, del 4 al 10 de agosto, no 8, pp. 6-7. HARNECKER, Marta. La Asamblea Popular de Concepción, Chile Hoy, año 1, del 1 al 7 de septiembre de 1972, no. 12, pp. 5-6. F.M.P.,  La asamblea del pueblo, respuesta al Parlamento Burgués, Punto Final, año VI, 1 de agosto de 1972, no. 163 pp. 6-7. 
[47] Debate sobre el poder: nuevos elementos, ibídem, p 4-5.
[48] RAMOS, Sergio. ¿Chile, una economía en transición?, Santiago de Chile, La Habana, Casa de las Américas, 1972.
[49] ALLENDE, Salvador. El Poder Popular no surgirá de maniobras divisionistas, Revista Principios, no. 146, 1972, p 120-123.
[50] DOS SANTOS, Theotonio. Sobre la dualidad de poderes, Chile Hoy, Op Cit, p. 4.
[51] Véase también: GARCÍA, Pio, la vía democrático-revolucionaria, ídem, pp. 4-5.
[52] MOULIAN, Tomás, Op. Cit, pp.  254-262.
[53] HARNECKER, Marta. Los comandos comunales y el problema del poder” Chile Hoy. Año 1, del  8 al 14 de diciembre de 1972, no p. 4. VV.  Comandos Comunales”, ídem, p. 15,   ZERÁN, Faride. Las bases opinan, ídem, pp. 16-17. LA IZQUIERDA hace su balance, Punto Final, año VII, 19 de diciembre de 1972, p. 21. CARMONA, A. Comités Coordinadores: Rutas del Poder Obrero, Punto Final, Año VII, 21 de noviembre de 1972, pp. 26-29.
[54] ZERÁN, Faride. Op Cit. p. 16.
[55] Ibídem.
[56] PS-PC. Propósitos de ofensiva política. Acuerdo PS-PC. ¡Demos un gran salto adelante! Documentos del Comité Central del Partido Socialista ante el paro empresarial. Santiago, noviembre de 1972, pp. 7-9.
[57] INSUNZA, Jorge. “Informe Final del Pleno”. Chile Hoy. Op. Cit., p.16.
[58] GUTIÉRREZ, Nelson. Chile Hoy, no. 26…p. 17.
[59] Tarea Urgente. Año 1, 16 de Febrero, no. 1, p.1
[60] “uno de los puntos débiles de nuestro proceso ha sido la falta de planteamientos ideológicos claros y, sobre todo, la incapacidad para discutir a fondo nuestras diferencias ideológicas en el seno de la izquierda”. HARNECKER, Marta. Los comandos comunales y la polémica en el seno de la izquierda, Chile Hoy, año 1, del 22 al 28 de diciembre de 1972, p. 4. GARCÍA, Pío. El Poder Popular, Chile Hoy, no. 31, del 12 al 17 de enero de 1973, p. 4.
[61] GARCÉS, Joan. Estado burgués y gobierno popular, CEIREN, no. 15, 132-151. ZEMELMAN, Hugo. La significación del poder popular, CEIREN, no. 16, julio de 1973.
[62] HARNECKER, Marta. Los comandos comunales y el problema del poder. Chile hoy, no. 26, año 1m del 8 al 14 de diciembre de 1972, p. 4. DOS SANTOS, Theotonio. Comandos Comunales y elecciones, Chile hoy, no. 29, diciembre de 1972, p. 4.
[63] CANCINO, Hugo. “La problemática del poder…
[64] En el Segundo encuentro Nacional del movimiento cristiano por el Socialismo, celebrado en Santiago entre el 24 y 26 de noviembre se generó un foro sobre el balance de los partidos ante la coyuntura reciente. Véase: LA IZQUIERDA hace su balance, en Documentos. Suplemento a la edición no. 173 de punto final. Martes 19 de diciembre de 1972, pp. 21 -47.
[65]FORO POLÍTICO: El poder Popular y los comandos de trabajadores, Documentos. Suplemento de la edición no. 175 de Punto Final, Martes 16 de enero de 1973.
[66] SANTA CRUZ, Eduardo. Comandos Comunales: órganos de poder del pueblo, Documentos. Suplemento de la edición no. 189 de Punto Final, martes 31 de julio de 1973, 16 pp.
[67] HARNECKER, Marta,  Modinger, Jorge y Zerán, Faride. Foro sobre poder popular. Chile Hoy, no. 60, del 3 al 9 de agosto de 1973.
[68] OLIVARES, José. ídem. p. 32.

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