sábado, 29 de septiembre de 2012

Reflexión sobre género y transición.



*escrito en el contexto de la marcha del orgullo gay. sep, 2012

Una perspectiva de (trans)formación social y política

No importa el lugar que un compañero ocupe en la cama,
sino el que ocupe en la lucha.
Putos Peronista.




(David Nebreda)


         El ensayo, ensaya: ¿salida del Clóset o la quema del clóset?:


Chile además de ser un país angosto y bien largo del que se saca cobre y luego se lo compra refinado es un país bien poco politizado. La cultura política chilena ha preferido la solución pragmática de los fusiles y los acuerdos entre privilegios que la discusión, el desacuerdo y la promoción de la diferencia. Tan así es la cosa, que incluso la izquierda institucional y la dispersa izquierda extra-institucional ha llegado tarde a casi todas las reuniones del mundo social, donde el meridiano PM, lejos de indicar las manecillas del reloj en un tiempo e intereses de lo social significa el tiempo “para los que  nos manejan”. Así el tiempo de la sociedad chilena circula al empalagoso  ritmo de la política de los políticos. Donde política lejos de significar la actividad de la “Polis” (politikós, de lo común, de los ciudadanos) en oposición a lo “idiota” (idiotikós, de lo privado, lo particular) representa su contrario. Por estos motivos, con la justeza que asignan los conceptos no tendremos ningún problema en señalar que la política de los políticos es la “política de los idiotas”, en franca oposición de la política de la polís, de los comunes, que se expresa con fuerza por nuestros días en la ocupación del espacio público y articulación de distintos movimientos sociales en la defensa y promoción de los intereses de la vida en común, los de la Polis. Esta lógica de los idiotas no sólo está puesta en el ritmo de sus intereses sino que sobre todo en la melodía que tararean mientras cocinan su pasta con tranquilidad, desconociendo el aumento de presión de la olla. Y un claro ejemplo de está manera de administrar el debate político lo constituye la temática de los géneros y las sexualidades.

Este debate en Chile se instala por primera vez en 1973 con la organización de una manifestación pro derechos de unión civil de los homosexuales que quedó registrado por la prensa de la época como: ”Los colipatos  Piden Chicha y Chancho” (Clarín, 23 de abril de 1973), “Rebelión homosexual: los raros quieren casarse”. (Revista Vea, 26 de abril de 1973) o el titular del diario Puro Chile, “tapa a maracos”. (28 de abril de 1973). Si durante el ocaso del gobierno del ‘compañero’ Allende la temática de reivindicaciones homosexuales se instaló de manera tibia y tubo una nula recepción por la política de los políticos, durante el gobierno de ‘nuestro’  general esta distancia simplemente evanesció junto con los miles de cuerpos de detenidos desaparecidos que así, por la magia de la política, sencillamente desaparecieron.  Sin embargo hacia finales de los ochenta podemos rastrear la acción de “Las yeguas del Apocalipsis” (colectivo organizado por Pedro Lemebel) y colectivo lesbofeminista “Ayuquelén” que desde el campo cultural comenzaron a acumular experiencia y reflexión e irrumpir en el espacio público, pero de los ciudadanos  más letrados. Porque para qué nos vamos a venir con ambages  si incluso dentro de la lucha de los homosexuales hay una clara referencia de clase que marca la distancia de un homosexual (un hombre de bien, de alcurnia y que le gustan los hombres) y de un maricón (un hombre de pobre, un sodomita marginal que le gusta el “huebeo”).

En los inicios de los noventa  con el retorno de la democracia,  la promesa de  alegría venidera y el inicio de la transición comienza el proceso de organización de los homosexuales para la defensa y promoción de sus intereses como grupo, comienzan a sistematizar una visión de sí y de su lugar en lo colectivo (proyecto político) y de sus necesidades que les permitirían encaminarse hacia ese horizonte (política). Con la  fundación del Movimiento de Liberación Homosexual, MOVILH (28 de junio de 1991) surge la primera organización de las minorías sexuales con demandas sistematizadas, con un discurso político-cultural reivindicativo coherente y que irrumpe en el espacio público a partir de la generación de diferentes actividades e iniciativas: marchas, campañas de prevención del S.I.D.A., ( Corporación Chilena de Prevención del SIDA) organización de seminarios y grupos de discusión ( 1993, se realizó en la Universidad de Santiago el seminario “Sexualidad y Homosexualidad: Por el Derecho a la Diferencia”, organizado por el MOVILH y el Centro de Estudios de la Sexualidad (CES)). La irrupción del MOVILH en el espacio público bajo la modalidad de marcha se realiza en el marco de la entrega del informe Rettig en 1992 (4 de marzo). En esa oportunidad el MOVILH despliega un lienzo con la siguiente consigna: “Por nuestros hermanos caídos. Movimiento de Liberación Homosexual”. Así, en palabras del Psicólogo Jorge Pantoja y miembro del MOVILH: “a través de la participación de los homosexuales en esta histórica marcha, el Movimiento fue capaz de encausar demandas nacidas de lo privado hacia un espacio político público, un espacio que se encontraba en pleno auge debido al retorno de la democracia” (Robles). En el carnaval de la protesta social tibiamente se comenzó una construcción de la política de la polis en oposición a la política de los palacios.  


El cariz de las actividades y las repercusiones políticas durante comienzos de la transición democrática  tuvieron altos, bajos y cismas políticos de distinto cariz en el contenido de las reivindicaciones del MOVILH. Así en 1993 se provoca un primer desencuentro entre los sectores más conservadores, liderados por Rolando Jiménez y los sectores más progresistas a raíz de una campaña contra la Prevención del SIDA. En palabras de Jiménez en una entrevista concedida en 1994 a la revista  “izquierda  XXI” señala la posición que llevará  finalmente a la salida del grupo que promovió la campaña, con posterioridad creando el “Centro Lambda”. Tras este quiebre interno, significativo para una organización que no superaba los 10 militantes, las intervenciones de los grupos homosexuales y lesbofeminista fueron casi inexistentes en el terreno del espacio público mediante movilizaciones y salvo una que otra intervención en el extranjero (por ejemplo, el 26 de junio de 1994 Pedro Lemebel marcha en la conmemoración de los 25 años de la revuelta en Stonewall en Nueva York, portando un lienzo que decía “no más represión en Chile”), el resto de las actividades fueron de crecimiento orgánico interno y de la generación de seminarios, enlaces con organizaciones internacionales y regionales.


Hasta que hacia finales de la década se reunifica el MOVILH (1998) agregando junto a Liberación la palabra Integración y se da un viraje más político al intentar generar  relaciones con los partidos políticos de la izquierda extrainstitucional.  Porque como mencionábamos el comienzo, la hegemonía de los valores de la “mente hetero” (Wittig, 1978)  no sólo se expresan con fuerza en los sectores conservadores y sus aparatos ideológicos, si no que también en bastos sectores políticos asociados con los proyectos históricos de emancipación.


El viraje dentro de esta política de inclusión –ya sea por asimilación o por cooptación, lo representó Gladis Marín quien se acerca progresivamente hacia los grupos homosexuales y lesbofeministas que concluirá hacia inicio del 2000 en la llamada creación del “Comité de Izquierda por la Diversidad Sexual” que agrupó a militantes comunistas, homosexuales, lesbianas y travestis de izquierda, levantando la candidatura de Carlos Sánchez a las elecciones de diputados. Carlos Sánchez, ex militante del MIR durante la dictadura, colaborador en los intentos de principios de los 90 en reagrupar a los sectores progresistas en la creación del Movimiento Democrático Popular  e integrante de la directiva del  MOVILH desde 1994, afirma que: “Esta candidatura no es una simple candidatura homosexual, es una  candidatura gay de izquierda y en este caso, la izquierda, se está poniendo, no sé si los sostenes  o los pantalones, pero lo claro es que hay un importante cambio político. Igual hay gente que me ha manifestado que esto puede ser cosmético y superficial. No obstante, nuestro objetivo como movimiento Homosexual, más allá del oportunismo que pudiera existir, que no creo, es ocupar ese espacio que abrimos en la izquierda y llenarlo de contenidos” (Robles, 2009).


En ese contexto de mayores avances en las definiciones políticas y en organización, comienzan a realizarse manifestaciones con un claro contenido político, culturalmente disruptivo en las tradicionales formas del repertorio de acción política de los movimientos sociales chilenos. En ese punto de inflexión, de rupturas y de reacomodos surgen las marchas que estamos analizando en esta oportunidad. Las movilizaciones por mayor inclusión social (integración) o reconocimiento civil (uniones civiles, matrimonios y adopción de hijos por parte de homosexuales y lesbianas, la demanda histórica del MOVILH) junto con ser promovidas desde la ocupación del espacio público comenzaron a introducir elementos más lúdicos y carnavalescos que desde los inicios de las actividades han caracterizados las maneras de intervenir no sólo de los grupos históricos como el MOVILH, si no que incluso de grupos más minoritarios y con un discurso político más crítico como la CUDS (la Coordinadora Universitaria de Disidencia Sexual). En septiembre de 2001 se realizó en Santiago la segunda versión de la Patria Gay, con actos de tributo a la discoteque Divine en Valparaíso, una liturgia ecuménica, un ciclo de cine lésbico - homosexual en el cine Arte Alameda y una multitudinaria marcha por el centro de Santiago. En dicha oportunidad  las diferencias nuevamente ocuparon un lugar importante y Rolando Jiménez nuevamente arremete con fuerza: “El concepto de Patria Gay no lo compartimos porque remite a ghettos espaciales o culturales. Nos parece que, generar demandas como matrimonio entre homosexuales o adopción de hijos y colocarlas a través de este tipo de manifestaciones en la opinión pública, es absolutamente irresponsable” (Robles, 2009). Por otra parte, la reacción de los grupos de presión ultra católicos manifestaron su posición de la mano de Juan Antonio Montes, dirigente de “Acción Familia”, en relación a las demandas levantadas por los grupos homosexuales, gay y lesbofeminista en los siguientes términos: “La conducta homosexual es intrínsecamente desordenada, tal como lo establece la Congregación para la Doctrina y la Fe, que distingue conductas de tendencias. Puede haber personas que sin culpa tengan tendencias homosexuales. A esas personas la Iglesia las acoge. Ellos pueden llevar una vida célibe o una vida… digamos matrimonial, pero lo que no pueden hacer es ceder a su tendencia (…) En Chile siempre ha habido homosexuales y el poder público ha sido muy sabio en no concederles derechos propios a ellos en cuanto tales. Quien practica el bien y la virtud tiene derechos, pero lo que es el vicio no tiene derechos. Por ejemplo un ladrón tiene derecho en cuanto chileno, en cuanto hombre, en cuanto padre de familia, pero en cuanto ladrón no lo tiene. El homosexual es lo mismo, no puede tener derechos en cuanto homosexual. Al contrario, la ley hasta hace poco tiempo los sancionaba con la cárcel y eso era una muy buena prevención, porque hay estudios norteamericanos que consideran que un homosexual corrompe a lo largo de su vida a 66 personas no homosexuales” (Robles, 2009)



Desde ahí en adelante la temática de género, disidencia sexual, lesbofeminista ha tenido un desarrollo interesante. No sólo en la masividad que han experimentado sus convocatorias en el espacio público si no que también en el desarrollo de sus contenidos, en los distintos intentos de articulación política que se han  realizado y en lo dramáticamente contingente de la violencia de género y la homofobia en el contexto Latinoamericano y específicamente en Chile (Un ejemplo reciente es el asesinato del Joven Daniel Zamudio quien murió tras ser golpeado por un grupo de sujetos a raíz de su condición gay)

Ese es el contexto histórico y político donde se inscribe  esta movilización. Sin embargo, antes de continuar debemos establecer algunas claves teóricas y políticas que nos permitan comprender a cabalidad el debate en relación a la defensa de los Derechos de los Homosexuales y la lucha por la emancipación de los géneros y las sexualidades.

 Aproximaciones teóricas y políticas al conflicto de género.


Cuando nos referimos a lo gay o a la homosexualidad estamos hablando de un concepto que en primera instancia está definido por negación de un concepto hegemónico desde el cual se lo enuncia: la heterosexualidad. La genealogía de este concepto está relacionada con el discurso clínico de la medicina, la psicología y la psiquiatría, tiene sus raíces en el siglo XIX y no está exento de contradicciones. En primera instancia se lo definió como “la atracción sexual patológica por ambos sexos”, posteriormente se lo utilizó para designar “la atracción sexual excesiva y mórbida por el sexo opuesto”, para finalmente en 1934 quedar estabilizado en la acepción actual: “pasión sexual por alguien de sexo opuesto; o sexualidad normal” (Rivas, 2008) A partir de esa operación de estabilización,  lo “homosexual” quedó comprendido como una manifestación patológica de una inadecuación entre la orientación sexual de un sujeto (definida biológicamente) y su género correspondiente (entendido como el derivado cultural de la sexualidad biológica) .  La implicancia de esta consideración de lo homosexual como lo anómico, lo patológico, lo anormal es precisamente que mediante una operación política y cultural se define la manifestación de lo “hetero” como lo universal, lo normal, la referencia. Este procedimiento permite dar cuenta de un concepto que la teoría de género ha denominado como la “heteronormatividad”.  

La crítica que se ha establecido  a la “heteronormatividad” es la ahistorización de este concepto, su vaciamiento de contingencia (por tanto su dimensión política) y su posterior constitución como un elemento constituyente de la cultura, la sociedad y la identidad  individual.  Puesto que como señala Wittig, “normar es instituir una diferencia, producirla y administrarla. Por tanto su dimensión política es clave para comprenderla” (Wittig, 1978). 


Esta imbricación de lo político, la producción del saber y el desarrollo del discurso clínico tiene por su parte una condición de posibilidad dada el tener por objeto a un sujeto, su producción y su administración. Esta conjunción de las dimensiones jurídicas, políticas y de saber es lo que Foucault define como la “biopolítica”, es decir: del despliegue  a partir del cuerpo y de la mente de un individuo en concreto, una serie de estrategias  y tácticas asignadas a constituir, producir y establecer una diferencia en el plano de la subjetividad con repercusiones en lo político, lo económico y lo cultural. El efecto de esta consideración tiene su repercusión directa en el plano de la construcción de sujetos de una política específica desde los cuáles atacar los fundamentos de las condiciones de dominación y explotación. Es decir, se abre un flanco de la construcción de un discurso emancipatorio posible.

A partir de esta crítica, desde los sesenta en adelante los movimientos homosexuales se articularon con la crítica y la tradición desplegada por los movimiento feministas, sobre todo en sus ramas más críticas y que toman como base de su posición política,  una crítica radical a la heteronormatividad  para relevar la posición históricamente excluida y marginada de la mujer. Sin embargo, el desarrollo de la crítica a la adecuación de la identidad de género a su orientación sexual, llevó a reflexiones en las que el cuestionamiento no sólo pasó a los efectos de la administración política de la diferencia entre lo femenino y lo masculino, sino al orden general que produce dicha distinción en base al principio de la diferencia como mecanismo específico del poder en su dimensión jurídica (Wittig, 1978) sobre las mentes y los cuerpos de los individuos (la mente hetero).  De esta manera y dado el cruce de lo político y el saber (en un sentido amplio, que abarca la posibilidad del pensar, el lenguaje y las distintas disciplinas), toda condición de posibilidad del pensamiento quedó bajo esta manera de entender al sujeto que, para Wittig, sería la “mente hetero”. 

Por otra parte, del flanco de la crítica al género, la señalación de la arbitrariedad de la asociación de el elemento biológico como el elemento desde el cual derivar una identidad cultural (género) nos lleva a la consideración de este como “la interpretación y adecuación ante aquellos elementos en los cuales hemos depositado una simbología gregaria por sexo y orientación, por ejemplo los roles y los escalafones de poder” (Espejo,  2007).   La crítica de género a la asimilación biológica a los órganos genitales como elementos desde los cuáles derivar el género y su consideración como un elemento producido culturalmente, llevó a que algunas reflexiones se plantearan una concepción del género más allá del binomio masculino-femenino  (lo queer).

Quienes reivindican las política de género queer se basan precisamente en un discurso crítico sobre el sexo-género y su rango de obligatoriedad implícito (Espejo, 2007) y en una concepción dinámica del mismo. Si la generización es el procedimiento  cultural mediante se construye la identidad de género en el contexto del binomio masculino-femenino y la asignación de una serie de elementos culturales, simbólicos y de roles; la crítica de lo queer tiene como resultado una adopción libre y dinámica de los objetos y de la producción de las identidades de género.  Así, podemos establecer las siguientes distinciones: las personas que establecen relaciones afectivas y sexuales con otras de su mismo sexo (homosexuales y lesbianas), a las que nacen con órganos genitales que no pueden ser distinguidos como masculinos o femeninos (intersexuales) y a las personas que desean o han optado cambiar su sexo o su género (transexuales y transgéneros)” (Rivas, 2008)

Si bien este mapeo aproximativo sólo nos permite entender un panorama general de la discusión de género y de la homosexualidad, la importancia para este trabajo radica en el rendimiento político que esta tiene.

Del reconocimiento de nuevas dimensiones de la construcción de la subjetividad, se abre un campo de derecho y que está en la base de las políticas del reconocimiento por la diferencia de opción sexual y de género. Como nuevo campo político, lo que pone en cuestionamiento es la consideración de la sociedad no como un ente abstracto y regido por las leyes de la natural, si no como un terreno estrictamente producido por la cultura (Weeks, 1998); desprendiendo, una serie de políticas que colocan en entredicho las instituciones sociales derivadas de la generización de los individuos a partir del binomio masculino-femenino. Pone en el centro el reconocimiento de la posibilidad de concebir familiar entre parejas homosexuales y el reconocimiento del derecho a la unión civil de los mismos. Esta es la base de las políticas pro unión civil y aquellas que fomenta la posibilidad de que parejas homosexuales adopten hijos.   

Como apertura de un campo político (del orden de la orientación estratégica y de la visión de la sociedad), pone en manifiesto la dimensión contingente de las luchas (política) por el reconocimiento y las correlaciones de fuerzas sociales que construyen la hegemonía cultural, política y económica. Por estos motivos, desde la década de los sesenta se vienen generando y constituyendo distintos sujetos sociales objeto y portadores de un proyecto político y una política específica.  Las manera en cómo se han instalado en el debate varían de las especificidad es de las formaciones socioeconómicas y culturales en las que les ha tocado luchar y desplegarse.

En el caso de Chile, como señalábamos, el terreno ha sido bastante agrio y el debate ha generado desde ronchas a urticarias, donde tiros y troyanos han desplegado recriminaciones y tácticas sucias: desde el señalamiento de la inexistencia de un debate, a la indicación de  estos como “enfermos”[2] a quizás la práctica mas nociva de todas: la homofobia y la violencia a trasvestis, gays, maricas,  lesbianas y a todos aquellos que reivindican su libertad de elección de su sexualidad y su género. En ese plano, la homofobia no sólo es una práctica nociva sino que consecuencia directa derivada de un orden social heterocentrado, puesto que: “La violencia no es anormal al sistema, sino el resultado mismos de actuar en la ‘norma’” (Rivas, 2007)

Dadas las características de la formación sociopolítica y cultural chilena, uno de los efectos más claros de la construcción del régimen de la transición política, es la diferenciación abismal entre la política realizada en la polís, la política de los comunes y la política de la clase política, la política de los políticos, la política de los idiotas. Lo interesante de dicho proceso político pata efectos de este debate, está en la manera en cómo las tácticas que han implementado los grupos de promoción de los derechos homosexuales, gays, lesbianas, travestis y maricas se han orientado marcadamente hacia una forma de acción política marcadamente “cultural”, reticente a la articulación con otros sujetos políticos y esporádicas coyunturalmente.  En ese sentido, se han favorecido marchas y ocupaciones de los espacios públicos, distintos intentos de articulación con el oficialismo y sobre todo, la generación de un fuerte mercado económico orientado a este público en desmedro de una dimensión proyectual más clara. 

En chile la liberalización de la homosexualidad, la sexualidad y los géneros ha surgido desde el mercado para posteriormente trasladarse a la agenda política propiciado por un contexto internacional que instala en la agenda pública la temática y una serie de iniciativas de los gobiernos por generar nuevos sujetos de legitimidad al orden pos transicional. Y quizás por eso, la necesidad de dotar aquel debate con una perspectiva de globalidad que soporte la construcción proyectual sea la tarea que más urge por poner en el centro de las organizaciones que hacen suya una acción política desde la discusión de género. 



salud y anarquía. 


1.    Referencias:




Sitios Web:
·         Acción Gay: http://www.acciongay.cl/
·         Bandera Hueca: http://banderahueca.blogspot.com/
·         Cordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual: http://www.cuds.cl/  http://www.disidenciasexual.cl/
·         Movimiento de Integración Homosexual, http://www.movilh.cl/
·         Movimiento por la Diversidad Sexual: http://www.mums.cl/
·         Revista Torcida, http://revistatorcida.blogspot.com/
·         Secretaría de Sexualidades y géneros:  http://www.facebook.com/sesegen?fref=ts



[1] Escándalo que se ha generado la visión psicopatologizante de la homosexualidad propiciada por la Universidad Católica de Chile en el seminario sobre “cura de la homosexualidad”. (Espinoza, 2012)
[2] El caso del reciente seminario que imparte la Universidad Católica para “Curar la Homosexualidad”

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