jueves, 6 de septiembre de 2012

Nadie sabe para quien trabaja: la apuesta del Leninismo en la Chile



(1° parte, sobre la convergencia y la construcción de alianza )

 Tras tres meses de haber escrito este artículo de opinión y haber sopesa los pro y contras, he decidido hacer público este análisis bajo la convicción de obrar acorde a mis principios ético-morales y poder generar un debate dentro del seno de la Izquierda Revolucionaria en la Chile. 

El objetivo de este escrito es polemizar con los compañeros de “los piños” para esclarecer la política que están perfilando y de establecer los aspectos centrales que están ponderando en su apuesta. Sobre todo con Plataforma Colectiva y los militantes de otros colectivos cercanos a su apuesta.

Este análisis lo elaboro en base conversaciones bilaterales con la concejera de plataforma (la Rox), de una serie de incidentes que han sucedido entre organización en la que milité –mi militancia está congelada - “Frente de Estudiantes Libertarios” y algunos colectivos de “los piños” o militantes cercanos a su Línea Política, de los análisis críticos de sus comunicados y de las impresiones que se pueden colegir de su política de plenos de federación y la conducción que han tenido en sus CC.EE. Reitero, mi objetivo con esto es establecer condiciones de posibilidad para un juicio político con antecedentes contrastados de tal forma de poder generar un emplazamiento a su apuesta de convergencia que de manera anticipada denominaré “aparatista”. Mi interés central por tanto es develar la forma de construcción, sus focos de énfasis y transparentar la política que perfilan. 

Lo primero que hay que señalar es que la acción política contiene elementos tácticos y estratégicos que se expresan de manera unitaria en un proceso que reconoce dos momentos: el análisis teórico-político y la acción en sí. La acción está cargada de política; la acción está orientada y cargada por la teoría. Por otra parte, que en tanto que acción situada de manera contingente en un espacio temporal en el que en el curso de los acontecimientos inciden una serie de factores, se genera un margen de indeterminabilidad que en política conocemos como “cálculo” de oportunidades o “espacio de maniobra” (dimensión de la racionalidad estratégica y la eficacia táctica) De lo que se desprende que ninguna política es acertada a priori sino que es una apuesta a ser concretada. No es concreción en sí; es apuesta de concreción. Sin embargo, la política no sólo es cuestión de cálculo racional. La política emancipatoria-revolucionaria a diferencia de la tecnocracia y burocracia, reconoce una dimensión ético-moral insoslayable que, en última instancia, media en el carácter del cálculo dada por la centralidad que asumen en el proceso político los actores sociales que las concretan (en el discurso libertario conocemos esto como la coherencia entre los medios y fines). Siendo un poco más claro: se calcula para los intereses del aparato político, para la organización social o para intereses de poderes fácticos. 

Lo segundo que tenemos que señalar es que cuando hablamos de táctica nos referimos al uso de los medios y fuerzas propias en un escenario temporal y espacial concreto con el objetivo de golpear las fuerzas opositoras, avanzar en influencia, acrecentar las propias y cumplir los objetivos estratégicos que nos hemos definido. Por tanto la estrategia dice relación con la orientación que daremos a los encuentros tácticos, a su disputa, para acumular fuerza e influencias para que nuestras orientaciones políticas sean hegemónicas, puedan conducir los proceso sociales y nuestros apuesta política estratégica se concreticen. En ese claro punto son relevante tanto los objetivos políticos (estratégicos) y reivindicativos (tácticos), la dirección y la construcción de la fuerza social y política necesaria para conseguirla. En relación a este aspecto, cuando me refiero a que la apuesta de los compañeros es “aparatista” es porque colocan como centro de la acumulación y construcción de fuerza sus propios intereses -y no los del movimiento- y construyen en función del resguardo de éstos. En otras palabras, encubren en las alianzas de convergencias políticas (tareas de la coyuntura) aspectos que son propios de las alianzas unitarias (de carácter ideológico y político-estratégico para el proceso) velándolas en un doble discurso que, a nivel social, esgrime argumentos efectistas y que en su la racionalidad política apuntan a énfasis diametralmente opuestos (en el plano del qué hacer). No existe ninguna alianza ni convergencia sin una lectura política; y ninguna lectura política sin premisas teóricas y este aspecto que es el central y determinante, en la apuesta de los compañeros no está esclarecida del todo y lo que es más, se oculta. 

Este aspecto dentro de la construcción de políticas de alianzas unitarias, de convergencia y tácticas es un elemento poco desarrollado pero necesariamente cruzado con nuestros diagnósticos políticos, la estrategia y las herramientas de las que nos dotamos para concretar los objetivos para la coyuntura. Si bien esto no es reprochable a priori sino que es la condición del realismo político (el cálculo y la acumulación de fuerzas) y es coherente con el diagnóstico leninista –quizás ahí su dimensión poco ética- es mezquino cuando se lo vela en otros intereses, bajo otro discurso y bajo una política artera de difamación de las alternativas que les disputan y que se hacen cargo de la tarea política del momento para el movimiento y no para una estructura política específica. 

La coherencia nunca puede establecerse desde adentro del propio discurso sino que en contraste con el otro (que es al condición de la ética), el afuera, lo que actualiza el discurso político y lo dinamiza y hace de referencia a la experiencias, a la praxis. La política como acción dinámica no es concreción es apuesta de concreción y poner por delante la dimensión y de indeterminabilidad es fundamental para poder dinamizar una apuesta lo más efectiva posible. La clave de toda convergencia política de izquierda que pretenda construir con todos y no con un diagnóstico de ante mano es que requiere de la diferencia para actualizar su diagnóstico y cruzar apuestas con miras a sacar el máximo rendimiento político para el movimiento. 

Hechas estas aclaraciones, partiré haciendo el análisis crítico de la apuesta política del periodo que se observo en los compañeros en términos estratégicos y de la lectura de la coyuntura que se observa. El diagnóstico que realizan del escenario de movilización actual es que “falta organización y conciencia, que hay un consenso político en el pleno y que es necesario radicalizar. De este diagnóstico se desprende que la tarea política actual sería generar claridad política y establecer demandas estratégicas. 

Como se observa este diagnóstico es el mismo que el de LUCHAR, procesado bajo otra retórica y con la diferencia que nosotros enfatizamos la necesidad de establecer un eje de rearticulación de los sectores en lucha (apuesta que los compañeros desestiman y sustituyen por una simple plataforma con orientación política de clase). En relación al momento del diagnóstico y de las lecturas, si las diferencias no son sustantivas y más bien estamos ante matices y énfasis distintos en función de las capacidades y apuestas de cada organización (haya organizaciones “revolucionarias” que llevan construyendo para vencer doce años y lo único que conocemos de ellos son tres escisiones y colectivos universitarios, con las mismas apuestas pero trabajando todos por sus propios carriles)...¿qué argumentos se esgrimen para no realizar una política de convergencia? 

La respuesta que los compañeros de Plataforma nos dieron en varias oportunidades es “es que está praxis y ellos son reformistas porque van a las elecciones con el Partido Igualdad”. Más allá de la consideración que uno puede hacer de la apuesta del P.I. (no compartimos como organización la lectura del momento) la lógica que los excluye es la homologación de “la disputa electoral” a “reformismo”, lo que todo leninista lúcido reconoce que no son homologables (La construcción del socialismo se ha planteado desde Lenin en adelante como la combinación de tareas democráticas y revolucionarias). Otro tiene que ser el argumento entonces. El segundo que uno puede pensar es ideológico y que no se unen porque está el FEL y para ellos nosotros somos anarquistas. Lo que es contradictorio con la definición genérica de nuestra herramienta política (la caracterizamos como libertaria y como espacio de convergencia de tendencias políticas de distintas tradiciones) y lo que es más, sería hipócrita porque Plataforma surgió de una convergencia entre el colectivo TRASEN y el FEL en sociales el 2008; la eskotilla en medicina es la relaboración de la Minga –colectivo creado por militantes del fel y militante de la actual eskotilla- y la revoltosa surgió también de la confluencia de compañeros que participaban del “bloque libertario” de la Chile en el 2008 y que fueron militantes del fel. Además ¿por qué se pondría por delante lo ideológico si al menos tres de los cuatro colectivos no tienen ni siquiera definición programática, ni ideológica, ni Líneas Políticas?. El tercer argumento que se nos ha mencionado es que nosotros no tenemos “trabajo de base” lo que también es conflictivo porque ¿cuál sería la norma para establecer que es un trabajo de base y que no? A menos que se reconozcan con el monopolio moral es bastante poco acertado el argumento. Finalmente ¿qué es lo que pesa? Las pistas lo dan dos incidentes concretos: el primero dentro de la Revista de La Chispa (espacio en el que participamos desde su fundación y del cual nos marginamos ante el férreo control editorial mantenido por dos militantes y lo artificioso del discurso de la construcción con todos) y el segundo una acusación que realizó un ex militante del colectivo Raíz (ICEI) contra el fel como “sapos”; y la última, las características propias de un colectivo. 

Partiremos con la caracterización de este último. El colectivo es un tipo de organización de baja formalización en sus funciones internas y cuya dirección política por lo general se basa en la autoridad moral y política de algún militante específico o una serie de ellos. Pocos alcanzan definiciones programáticas y políticas más específicas, sin embargo toman posición frente a las coyunturas y escenarios. De ahí que muchas veces sean contradictorios. Pero lo peligroso es que se presta para un tipo de práctica política nociva, el caudillismo y la monopolización de la elaboración política en pocos militantes, con el peso de soberbia que le acompaña. Como mencionábamos al inicio lo estratégico se construye en lo táctico y cada acción y posicionamiento político constituyen espacios tácticos con coherencia estratégica. Con estas apreciaciones se entiende que la coherencia de la acción política –si es que las hay- la llevan pocos militantes con un diseño paralelo y que –lamentablemente- está en desconocimiento de la mayoría de los militantes de los mismos colectivos. ¿Cómo se conoce esta política? Se llama aparatismo –cuando la elaboración es realizada por otra organización paralela que instrumentaliza a otra como espacio de amplificación y no se respeta su autonomía; entrismo –cuando se insertan militantes clandestinos en otras organizaciones; satelización cuando sólo se los acarrea. 

Esta política no es nueva y es una estrategia de los partidos marxista-leninistas que la aplican en contextos específicos como por ejemplo dictaduras o contextos de represión –en los que se justifica-. El diseño se basa en identificar que una vanguardia política es el resultado de una “fuerza teórica” y una “fuerza social”. Es decir, una dirección con capacidad de posicionarse ideológicamente frente a cada coyuntura y trazar un camino político con capacidad de conducción sobre un sector dinámico dentro del movimiento . En relación a ello el leninismo procede así: direcciona a sus cuadros políticos con capacidad de diseñar políticas a los espacios de discusión y de disputa ideológica (los diseñadores y jefes) y a sus operadores políticos, con capacidad de reproducción de la política de sus jefes (los diseñadores) los inserta en los referentes sociales. ¿Y el resto de los militantes? A pintar carteles, a panfletear y a hacer lo que se les ordene. En la Chile este diseño es el siguiente: la fuerza teórica es “La Chispa” (un nombre tan original como el de la revista que Lenin fundó en el exilio en la revolución de 1905 en Rusia) y la fuerza social “Los Piños” . Las preguntas que surgen es ¿quién se identifica como Lenin? -ese diseñador y jefe con cualidades de elaboración y una soberbia excepcionales, que no vaciló en llamar a una asamblea constituyente en 1918 y cuando su partido no pudo hegemonizarla simplemente la eliminó por decreto- ¿quiénes los operadores?.... Porque los compañeros satelizados sabemos quienes son y los vemos pintándoles los carteles y lienzos hace varios años. 

Entrando en aguas turbias el por qué hago público estos incidentes es porque la manera en como se ha abordado la política por parte de algunos militantes de los colectivos ha sido todo menos transparente con nuestra organización. Se nos ha acusado de “sapos” (En el caso del señor Camilo Espinoza), se nos ha difamado de manera informal entre militantes y se ha denostado nuestras tesis políticas sin una discusión sobre sus fundamentos y la racionalidad política en la que se sostiene, acusándonos incluso de tener pactos políticos con la Izquierda Autónoma y el Partido Comunista (en el caso de señor Luis Silva, editor de la revista la Chispa, ex alumno de la Chile y uno de los fundadores de Plataforma Colectiva ) –las que son acusaciones graves cuyo único objetivo es manipular la percepción del estudiantado activo políticamente en relación a nuestra apuesta estratégica. Finalmente se han enarbolado las banderas de la convergencia y la unidad de la izquierda marginando a un sector importante de la misma –los compañeros de LUCHAR- con lo cual el discurso de la unidad se torna artificioso, diletante, carente de perspectiva real de ejecución y divide el campo de los revolucionarios en la Chile con el ánimo de acumular para sus propias filas. 

Mi intención tampoco es tirar la piedra y esconder la mano. En términos personales mi conciencia moral está tranquila y obro con una férrea convicción en la necesidad de desjacobinizar el marxismo (erradicar algunas prácticas del leninismo por antiético, no todas lecturas del leninismo). Los intelectuales de izquierda se caracterizan por ser traficante de ideas y muchos de los presupuestos teóricos que se erigen a modo de axioma están vaciados de contenido y no tiene una referencia en la experiencia de los movimientos sociales y el truismo latinoamericano, asumiendo muchas veces posiciones como dadas sin un anclaje a la experiencia social. 

El fundamento político que utilizamos para nuestra política de convergencia la hemos denominado “Tesis de la matriz de izquierda revolucionaria” y presentaré de manera sintética los fundamentos políticos, sus orientaciones estratégicas y los fundamentos tácticos de la misma. En términos estratégicos la caracterización del periodo actual que establecemos es de una fase de recomposición del movimiento popular en sus organizaciones sociales y en sus referentes políticos, en el que la tarea de los Comunistas Libertarios es aportar el proceso de reorganización del campo popular y apostar a constituirnos como un polo político organizado partidariamente, con vocación de poder y con anclaje en los sectores estratégicos de la producción y en los principales referentes de masas dentro de lo que hemos caracterizado como el sector dinámico del campo popular. En ese marco, la tarea que le proponemos a la izquierda revolucionaria es “ la convergencia política en los distintos espacios sociales en los que tenemos presencia y dando la disputa de la conducción y la hegemonía del movimiento allí donde las condiciones de fuerza social y los procesos de construcción de Poder Estudiantil y de alianzas así lo posibiliten. Tenemos que apostar a la construcción de políticas de alianza que nos permitan avanzar en lo programático para el movimiento en su conjunto, avanzando con unidad de clase en la heterogeneidad político/ideológica y construyendo apuestas de articulación intersectorial en las distintas franjas de pueblo movilizado” 

La tarea de la Unidad de los Revolucionarios la entendemos, por lo tanto, como un proceso de convergencia en la heterogeneidad político-ideológica que compone la matriz clasista de la izquierda chilena, anteponiendo los intereses del movimiento y construyendo en ese horizonte. Un convergencia política de estas características requiere de transparencia, dejar al lado los infantilismo pequeño burgueses, propios de organizaciones sectarias y localistas y avanzando en la titánica tarea de construir un Pueblo Digno y Soberano. Con el ánimo que esclarecer, polemizar y entregar elementos para el debate de la izquierda revolucionaria. 

Con la esperanza intacta en el camino de la Revolución Social. 
Venceremos.
 mzg. 
 Militante del Comunismo Libertario. 
 Junio de 2012. 
Revisión final, septiembre del 2012.      

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