domingo, 17 de julio de 2011

Las movilizaciones estudiantiles: entre ruptura y reforma.


Julio de 2011 
Publicado en solidaridad.
mzg


Este 2011 ha sido el año de la re-articulación del movimiento estudiantil y las multitudinarias marchas del 16 y 30 de junio son un ejemplo elocuente de ello. En ese proceso lento y no exento de problemáticas y rencillas internas, el movimiento estudiantil ha podido posicionarse como un actor político-social relevante en la construcción de un Proyecto Público de Educación como alternativa y disputa del Proyecto de Educación de modelo de Desarrollo Económico y Social Neoliberal. Por primera vez desde la derrota de los estudiantes universitarios el 2005 y de los secundarios el 2006 con la creación de la LGE (Ley General de Educación) y su posterior aprobación el 2009, los estudiantes han podido sacar su lucha desde lo meramente estudiantil para instalarla como una problemática de toda la sociedad y vinculada a un proyecto ideológico de la clase política y, en estos momentos, dan pasos lentos pero seguros para transversalizar el descontento social, unificando las luchas y amenazando con romper el cerco político institucional dominante.

Los efectos de este proceso podemos identificarlos en la reciente encuesta Adimark, donde la aprobación al gobierno de Piñera se desplomó a un 31%, siendo el área de educación la más afectada y la aprobación a Joaquin Lavín disminuyó considerablemente; también podemos identificarla en las editoriales consecutivas de los medios de comunicación del duopolío Copesa-Edwards– Diario el Mercurio, La Segunda, La Cuarta, La Tercera, Las Últimas Noticias, entre otros– (Editoriales el mercurio del 1,2 y 3 de julio); y sobre todo, el pomposo y comunicacional G.A.N.E. (Gran Acuerdo Nacional Educación) que mantiene en lo sustancial la misma línea política del modelo neoliberal en política Educacional. 

En este proceso actualmente en desarrollo hay múltiples aristas que es necesario precisar para que todos y todas podamos movilizarnos con claridad y tengamos los elementos necesarios para que no nos pasen gato por liebre. El Programa en Educación del modelo neoliberal. 

Lo primero que tenemos que mencionar es que las actuales reformas en educación anunciadas el 21 de mayo y el 7 de Julio por Piñera mantienen, como principio estructurante, el comprender a la educación como una inversión individual y/o de cada familia y no como un Derecho Social Universal y para todos. Por ende el Estado no da ningún tipo de garantías constitucionales para asegurar ni el acceso, ni la retención, ni el financiamiento de un sistema de Educación Superior Público y de calidad (artículo 10, constitución de Chile).  

Por otra parte, el lucro en la educación está prohibido pero no penalizado. De estos dos grande principio se origina un sistema de educación basado en una composición mixta entre Universidades Tradicionales Públicas Estatales, Universidades Tradicionales Privadas y Universidades Privadas. En base a esta composición el sistema de Educación Superior creció desrreguladamente desde su creación en dictadura, se profundizó durante los gobiernos de la Concertación y actualmente se encuentra en un proceso de reajuste de sus distorsiones principales tales como la calidad de la enseñanza, la acreditación de las instituciones, el financiamienoto hacia las Universidades y los estudiantes, el acceso al sistema, el marco curricular y los gobiernos universitarios. 

Es en este momento histórico en el que el sistema de educación chileno se encuentra en una fase de privatización avanzada (entendido como un negocio en el que se puede lucrar) y en las que las Universidades Estatales Públicas se encuentran en retroceso, se insertan las actuales reformas anunciadas el 21 de mayo y el 7 de julio. 

Lo segundo que debemos mencionar es que la Educación en toda sociedad cumple un rol fundamental ya como “herramienta de ascenso social” o como derecho social de cada cual independientemente de sus situaciones, a través de la formación de sujetos críticos y de la producción de conocimiento. Por ello que cuando las universidades chilenas se crearon en el siglo XIX, Andrés Bello mencionaba que las Universidades tienen dos misiones: 1) la formación de ciudadanos conscientes y críticos a través de la docencia y 2) la producción de conocimiento a través de la investigación. A estas dos misiones desde hace unos años se comienza a agregar una “tercera misión” que correspondería a la integración de las universidades a las orientaciones económicas estratégicas de cada nación: en otras palabras, “la contribución que estas instituciones realizan al desarrollo económico de las naciones” (Agenda de Innovación y Competitividad 2010-202 ) 

En relación a estos elementos: 1) un sistema universitario basado en entender a la educación como una inversión individual y en el que se permite lucrar y que en 20 años generó múltiples distorsiones que deben ser remediadas y 2) entendiendo que la educación tiene la misión de contribuir al desarrollo económico de la nación, se entiende que las medidas de reforma del sistema significan la consolidación de los intereses y necesidades de los mercados económicos en un sistema basado en el endeudamiento familiar y/o de cada estudiante. ¿Y cómo sucede esto? 
1) condicionando la entrega de recursos del fisco a las universidades a través de Convenios de Desempeño, 2) focalizando las inversiones de investigaciones en áreas del conocimiento con alta calificación técnica, lo que implica, 
3) reformar las mallas curriculares favoreciendo al educación científico/técnica, 
4) generar una nueva modalidad de financiamiento a través de un sistema crediticio que asegure la devolución de los fondos asignados y que amplíe su cobertura; 
5) reformando las trabas institucionales que “burocratizan” los gobiernos universitarios, flexibilizando su gestión y favoreciendo su endeudamiento a largo plazo; 
6) aceptando el lucro y regulándolo a través de una nueva institucionalidad; 
7) reformando el acceso a la universidad, actualmente vía PSU, contemplando modalidades alternativas que consideren el mérito individual y la vulnerabilidad socioeconómica. 

Los actores político-sociales y sus intereses en juego: Ante esa arremetida privatizadora de la clase política en su conjunto y del modelo neoliberal la respuesta de los actores sociales no se hizo esperar. Y es que para todos queda más que en evidencia que este gobierno y los anteriores representan los intereses de los empresarios criollos y trasnacionales y que fueron los que nos vendieron la salud, la vivienda, la previsión social, los recursos naturales y la educación. 

En estos momentos los indignados nos hemos tomados las calles y avanzamos lentos pero seguros en la rearticulación del movimiento popular desde los barrios, desde nuestras casas de estudios y desde nuestros lugares de trabajo. Las masivas protestas contra la aprobación de Hidroaysen que postergaron la aprobación del megaproyecto, le sucedieron las manifestaciones iniciadas por los estudiantes Universitarios y Secundarios y que en estos momentos, granjea el apoyo de la CUT, el Colegio de Profesores, la ANEF, los trabajadores de CODELCO, las comunidades de académicos y los mismismos rectores de las Universidades Estatales del CRUCH. 

Pese a la masividad y el apoyo que han consignado las movilizaciones, las relaciones entre unos y otros actores no son del todo amigables. Fundamentalmente la relación entre el CRUCH y el CONFECH quienes en estos momentos están a punto de firmar un protocolo de acuerdo que evite cualquier negociación y, que de esta manera, coloque en jaque al gobiernos y a la clase política resulta primordial. 

En estos momentos los estudiantes universitarios en coordinación con los estudiantes secundarios han instalado como horizonte posible la necesidad de construir un Proyecto Público de Educación que exprese y responda a los intereses de la sociedad organizada, que entienda la Educación como Derecho Social, por ende gratuita, de libre acceso y retención y que sea administrada democráticamente por las comunidades educativas. 

Es por estas razones es que la clase política tiembla de miedo, porque el recuerdo de la rearticulación del movimiento de la reforma universitaria de 1967 está fresca en la memoria y la posibilidad de que toda esa energía juvenil de descontento y bronca contra la clase política se canalice en una alternativa revolucionaria y desde la experiencia histórica de los trabajadores y de los sectores populares está a la vuelta de la esquina.

Lo que piden los universitarios y los secundarios: 
Podemos decir que las demandas de los universitarios contempla la construcción de un sistema de Educación Público Estatal de calidad y para todos, en la que la educación sea entendida como Derecho Social Universal. En términos de financiamiento implica apoyar 
 1) aumentos progresivos en los Aportes Fiscales de Libre Disposición como mínimo un 50% con miras a la gratuidad total del sistema, 
2) modificar los criterios de asignación de las becas y créditos; 
3) Reforma universal del Acceso universitario que contemple modalidades alternativas y apunte al horizonte del libre acceso, 
4) la Derogación de los DFL (decreto con Fuerza de Ley) 1 y 2 que impiden la creación de Centros de Estudiantes y Federaciones y la participación de las comunidades educativas en las eleccioes de las autoridades unipersonales de cada institución; 
5) eliminar el lucro a través de su prohibición y penalización efectiva y asegurar la calidad de la educación; 
6) creación de mallas curriculares multiculturales y que respete la diversidad sociocultural, con marcado acento en el respeto por los pueblo originarios; 
7) creación de una Red de Educación Técnica Estatal de calidad. Para conseguir esto piden la nacionalización de los recursos naturales, reformas tributarias y –la demanda que atemoriza a la clase política– la creación de una nueva Constituyente Social que cree una Constitución. 

Por su parte los secundarios están exigiendo T.N.E (Tarjeta Nacional Estudaintil) nacional y los 365 días del año con tarifa única, la desmunicipalización sin privatización de los liceos y estatización de los mismos, además de acelerar la reconstrucción de los liceos dañados por el terremoto del 2010. 

 Un pequeño balance:  
Lo primero que es positivo a considerar es que el movimiento estudiantil le disputó la hegemonía en materia educativa a la clase política, transversalizó sus demandas a toda la sociedad y articuló a su favor el descontento social generalizado. De esta manera la batalla ideológica le es favorable (pero falta mucho por avanzar), puesto que instala la necesidad de construir un Proyecto Público de Educación para una nueva sociedad no neoliberal, sino que solidaria, justa e igualitaria con marcado acento en los intereses de la sociedad. 

Lo segundo, por los mismos motivos lo que importa no es buscar un “hito” que cierre las movilizaciones sino instalar una perspectiva de proceso de construcción de una nueva fuerza social organizada, que apunte a fortalecer, unificar y democratizar las organizaciones gremiales como el CONFECH, la CUT, la ANEF y el Colegio de profesores y que tienda lazos de articulación en la sociedad. Lo cual no es excluyente con ganar reivindicaciones que apunten a construir y desarrollar el horizonte estratégico. 

Y por último, deja una fractura histórica en la institucionalidad política –que recién dimensionaremos en unas décadas– y que instala como horizonte que la única salida a los conflictos sociales son sociales a través del desarrollo y el fortalecimiento del Poder Popular. 

 Por el Socialismo y la Libertad! 
¡Arriba los y las que luchan!

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