sábado, 29 de septiembre de 2012

Reflexión sobre género y transición.



*escrito en el contexto de la marcha del orgullo gay. sep, 2012

Una perspectiva de (trans)formación social y política

No importa el lugar que un compañero ocupe en la cama,
sino el que ocupe en la lucha.
Putos Peronista.




(David Nebreda)


         El ensayo, ensaya: ¿salida del Clóset o la quema del clóset?:


Chile además de ser un país angosto y bien largo del que se saca cobre y luego se lo compra refinado es un país bien poco politizado. La cultura política chilena ha preferido la solución pragmática de los fusiles y los acuerdos entre privilegios que la discusión, el desacuerdo y la promoción de la diferencia. Tan así es la cosa, que incluso la izquierda institucional y la dispersa izquierda extra-institucional ha llegado tarde a casi todas las reuniones del mundo social, donde el meridiano PM, lejos de indicar las manecillas del reloj en un tiempo e intereses de lo social significa el tiempo “para los que  nos manejan”. Así el tiempo de la sociedad chilena circula al empalagoso  ritmo de la política de los políticos. Donde política lejos de significar la actividad de la “Polis” (politikós, de lo común, de los ciudadanos) en oposición a lo “idiota” (idiotikós, de lo privado, lo particular) representa su contrario. Por estos motivos, con la justeza que asignan los conceptos no tendremos ningún problema en señalar que la política de los políticos es la “política de los idiotas”, en franca oposición de la política de la polís, de los comunes, que se expresa con fuerza por nuestros días en la ocupación del espacio público y articulación de distintos movimientos sociales en la defensa y promoción de los intereses de la vida en común, los de la Polis. Esta lógica de los idiotas no sólo está puesta en el ritmo de sus intereses sino que sobre todo en la melodía que tararean mientras cocinan su pasta con tranquilidad, desconociendo el aumento de presión de la olla. Y un claro ejemplo de está manera de administrar el debate político lo constituye la temática de los géneros y las sexualidades.

Este debate en Chile se instala por primera vez en 1973 con la organización de una manifestación pro derechos de unión civil de los homosexuales que quedó registrado por la prensa de la época como: ”Los colipatos  Piden Chicha y Chancho” (Clarín, 23 de abril de 1973), “Rebelión homosexual: los raros quieren casarse”. (Revista Vea, 26 de abril de 1973) o el titular del diario Puro Chile, “tapa a maracos”. (28 de abril de 1973). Si durante el ocaso del gobierno del ‘compañero’ Allende la temática de reivindicaciones homosexuales se instaló de manera tibia y tubo una nula recepción por la política de los políticos, durante el gobierno de ‘nuestro’  general esta distancia simplemente evanesció junto con los miles de cuerpos de detenidos desaparecidos que así, por la magia de la política, sencillamente desaparecieron.  Sin embargo hacia finales de los ochenta podemos rastrear la acción de “Las yeguas del Apocalipsis” (colectivo organizado por Pedro Lemebel) y colectivo lesbofeminista “Ayuquelén” que desde el campo cultural comenzaron a acumular experiencia y reflexión e irrumpir en el espacio público, pero de los ciudadanos  más letrados. Porque para qué nos vamos a venir con ambages  si incluso dentro de la lucha de los homosexuales hay una clara referencia de clase que marca la distancia de un homosexual (un hombre de bien, de alcurnia y que le gustan los hombres) y de un maricón (un hombre de pobre, un sodomita marginal que le gusta el “huebeo”).

En los inicios de los noventa  con el retorno de la democracia,  la promesa de  alegría venidera y el inicio de la transición comienza el proceso de organización de los homosexuales para la defensa y promoción de sus intereses como grupo, comienzan a sistematizar una visión de sí y de su lugar en lo colectivo (proyecto político) y de sus necesidades que les permitirían encaminarse hacia ese horizonte (política). Con la  fundación del Movimiento de Liberación Homosexual, MOVILH (28 de junio de 1991) surge la primera organización de las minorías sexuales con demandas sistematizadas, con un discurso político-cultural reivindicativo coherente y que irrumpe en el espacio público a partir de la generación de diferentes actividades e iniciativas: marchas, campañas de prevención del S.I.D.A., ( Corporación Chilena de Prevención del SIDA) organización de seminarios y grupos de discusión ( 1993, se realizó en la Universidad de Santiago el seminario “Sexualidad y Homosexualidad: Por el Derecho a la Diferencia”, organizado por el MOVILH y el Centro de Estudios de la Sexualidad (CES)). La irrupción del MOVILH en el espacio público bajo la modalidad de marcha se realiza en el marco de la entrega del informe Rettig en 1992 (4 de marzo). En esa oportunidad el MOVILH despliega un lienzo con la siguiente consigna: “Por nuestros hermanos caídos. Movimiento de Liberación Homosexual”. Así, en palabras del Psicólogo Jorge Pantoja y miembro del MOVILH: “a través de la participación de los homosexuales en esta histórica marcha, el Movimiento fue capaz de encausar demandas nacidas de lo privado hacia un espacio político público, un espacio que se encontraba en pleno auge debido al retorno de la democracia” (Robles). En el carnaval de la protesta social tibiamente se comenzó una construcción de la política de la polis en oposición a la política de los palacios.  


El cariz de las actividades y las repercusiones políticas durante comienzos de la transición democrática  tuvieron altos, bajos y cismas políticos de distinto cariz en el contenido de las reivindicaciones del MOVILH. Así en 1993 se provoca un primer desencuentro entre los sectores más conservadores, liderados por Rolando Jiménez y los sectores más progresistas a raíz de una campaña contra la Prevención del SIDA. En palabras de Jiménez en una entrevista concedida en 1994 a la revista  “izquierda  XXI” señala la posición que llevará  finalmente a la salida del grupo que promovió la campaña, con posterioridad creando el “Centro Lambda”. Tras este quiebre interno, significativo para una organización que no superaba los 10 militantes, las intervenciones de los grupos homosexuales y lesbofeminista fueron casi inexistentes en el terreno del espacio público mediante movilizaciones y salvo una que otra intervención en el extranjero (por ejemplo, el 26 de junio de 1994 Pedro Lemebel marcha en la conmemoración de los 25 años de la revuelta en Stonewall en Nueva York, portando un lienzo que decía “no más represión en Chile”), el resto de las actividades fueron de crecimiento orgánico interno y de la generación de seminarios, enlaces con organizaciones internacionales y regionales.


Hasta que hacia finales de la década se reunifica el MOVILH (1998) agregando junto a Liberación la palabra Integración y se da un viraje más político al intentar generar  relaciones con los partidos políticos de la izquierda extrainstitucional.  Porque como mencionábamos el comienzo, la hegemonía de los valores de la “mente hetero” (Wittig, 1978)  no sólo se expresan con fuerza en los sectores conservadores y sus aparatos ideológicos, si no que también en bastos sectores políticos asociados con los proyectos históricos de emancipación.


El viraje dentro de esta política de inclusión –ya sea por asimilación o por cooptación, lo representó Gladis Marín quien se acerca progresivamente hacia los grupos homosexuales y lesbofeministas que concluirá hacia inicio del 2000 en la llamada creación del “Comité de Izquierda por la Diversidad Sexual” que agrupó a militantes comunistas, homosexuales, lesbianas y travestis de izquierda, levantando la candidatura de Carlos Sánchez a las elecciones de diputados. Carlos Sánchez, ex militante del MIR durante la dictadura, colaborador en los intentos de principios de los 90 en reagrupar a los sectores progresistas en la creación del Movimiento Democrático Popular  e integrante de la directiva del  MOVILH desde 1994, afirma que: “Esta candidatura no es una simple candidatura homosexual, es una  candidatura gay de izquierda y en este caso, la izquierda, se está poniendo, no sé si los sostenes  o los pantalones, pero lo claro es que hay un importante cambio político. Igual hay gente que me ha manifestado que esto puede ser cosmético y superficial. No obstante, nuestro objetivo como movimiento Homosexual, más allá del oportunismo que pudiera existir, que no creo, es ocupar ese espacio que abrimos en la izquierda y llenarlo de contenidos” (Robles, 2009).


En ese contexto de mayores avances en las definiciones políticas y en organización, comienzan a realizarse manifestaciones con un claro contenido político, culturalmente disruptivo en las tradicionales formas del repertorio de acción política de los movimientos sociales chilenos. En ese punto de inflexión, de rupturas y de reacomodos surgen las marchas que estamos analizando en esta oportunidad. Las movilizaciones por mayor inclusión social (integración) o reconocimiento civil (uniones civiles, matrimonios y adopción de hijos por parte de homosexuales y lesbianas, la demanda histórica del MOVILH) junto con ser promovidas desde la ocupación del espacio público comenzaron a introducir elementos más lúdicos y carnavalescos que desde los inicios de las actividades han caracterizados las maneras de intervenir no sólo de los grupos históricos como el MOVILH, si no que incluso de grupos más minoritarios y con un discurso político más crítico como la CUDS (la Coordinadora Universitaria de Disidencia Sexual). En septiembre de 2001 se realizó en Santiago la segunda versión de la Patria Gay, con actos de tributo a la discoteque Divine en Valparaíso, una liturgia ecuménica, un ciclo de cine lésbico - homosexual en el cine Arte Alameda y una multitudinaria marcha por el centro de Santiago. En dicha oportunidad  las diferencias nuevamente ocuparon un lugar importante y Rolando Jiménez nuevamente arremete con fuerza: “El concepto de Patria Gay no lo compartimos porque remite a ghettos espaciales o culturales. Nos parece que, generar demandas como matrimonio entre homosexuales o adopción de hijos y colocarlas a través de este tipo de manifestaciones en la opinión pública, es absolutamente irresponsable” (Robles, 2009). Por otra parte, la reacción de los grupos de presión ultra católicos manifestaron su posición de la mano de Juan Antonio Montes, dirigente de “Acción Familia”, en relación a las demandas levantadas por los grupos homosexuales, gay y lesbofeminista en los siguientes términos: “La conducta homosexual es intrínsecamente desordenada, tal como lo establece la Congregación para la Doctrina y la Fe, que distingue conductas de tendencias. Puede haber personas que sin culpa tengan tendencias homosexuales. A esas personas la Iglesia las acoge. Ellos pueden llevar una vida célibe o una vida… digamos matrimonial, pero lo que no pueden hacer es ceder a su tendencia (…) En Chile siempre ha habido homosexuales y el poder público ha sido muy sabio en no concederles derechos propios a ellos en cuanto tales. Quien practica el bien y la virtud tiene derechos, pero lo que es el vicio no tiene derechos. Por ejemplo un ladrón tiene derecho en cuanto chileno, en cuanto hombre, en cuanto padre de familia, pero en cuanto ladrón no lo tiene. El homosexual es lo mismo, no puede tener derechos en cuanto homosexual. Al contrario, la ley hasta hace poco tiempo los sancionaba con la cárcel y eso era una muy buena prevención, porque hay estudios norteamericanos que consideran que un homosexual corrompe a lo largo de su vida a 66 personas no homosexuales” (Robles, 2009)



Desde ahí en adelante la temática de género, disidencia sexual, lesbofeminista ha tenido un desarrollo interesante. No sólo en la masividad que han experimentado sus convocatorias en el espacio público si no que también en el desarrollo de sus contenidos, en los distintos intentos de articulación política que se han  realizado y en lo dramáticamente contingente de la violencia de género y la homofobia en el contexto Latinoamericano y específicamente en Chile (Un ejemplo reciente es el asesinato del Joven Daniel Zamudio quien murió tras ser golpeado por un grupo de sujetos a raíz de su condición gay)

Ese es el contexto histórico y político donde se inscribe  esta movilización. Sin embargo, antes de continuar debemos establecer algunas claves teóricas y políticas que nos permitan comprender a cabalidad el debate en relación a la defensa de los Derechos de los Homosexuales y la lucha por la emancipación de los géneros y las sexualidades.

 Aproximaciones teóricas y políticas al conflicto de género.


Cuando nos referimos a lo gay o a la homosexualidad estamos hablando de un concepto que en primera instancia está definido por negación de un concepto hegemónico desde el cual se lo enuncia: la heterosexualidad. La genealogía de este concepto está relacionada con el discurso clínico de la medicina, la psicología y la psiquiatría, tiene sus raíces en el siglo XIX y no está exento de contradicciones. En primera instancia se lo definió como “la atracción sexual patológica por ambos sexos”, posteriormente se lo utilizó para designar “la atracción sexual excesiva y mórbida por el sexo opuesto”, para finalmente en 1934 quedar estabilizado en la acepción actual: “pasión sexual por alguien de sexo opuesto; o sexualidad normal” (Rivas, 2008) A partir de esa operación de estabilización,  lo “homosexual” quedó comprendido como una manifestación patológica de una inadecuación entre la orientación sexual de un sujeto (definida biológicamente) y su género correspondiente (entendido como el derivado cultural de la sexualidad biológica) .  La implicancia de esta consideración de lo homosexual como lo anómico, lo patológico, lo anormal es precisamente que mediante una operación política y cultural se define la manifestación de lo “hetero” como lo universal, lo normal, la referencia. Este procedimiento permite dar cuenta de un concepto que la teoría de género ha denominado como la “heteronormatividad”.  

La crítica que se ha establecido  a la “heteronormatividad” es la ahistorización de este concepto, su vaciamiento de contingencia (por tanto su dimensión política) y su posterior constitución como un elemento constituyente de la cultura, la sociedad y la identidad  individual.  Puesto que como señala Wittig, “normar es instituir una diferencia, producirla y administrarla. Por tanto su dimensión política es clave para comprenderla” (Wittig, 1978). 


Esta imbricación de lo político, la producción del saber y el desarrollo del discurso clínico tiene por su parte una condición de posibilidad dada el tener por objeto a un sujeto, su producción y su administración. Esta conjunción de las dimensiones jurídicas, políticas y de saber es lo que Foucault define como la “biopolítica”, es decir: del despliegue  a partir del cuerpo y de la mente de un individuo en concreto, una serie de estrategias  y tácticas asignadas a constituir, producir y establecer una diferencia en el plano de la subjetividad con repercusiones en lo político, lo económico y lo cultural. El efecto de esta consideración tiene su repercusión directa en el plano de la construcción de sujetos de una política específica desde los cuáles atacar los fundamentos de las condiciones de dominación y explotación. Es decir, se abre un flanco de la construcción de un discurso emancipatorio posible.

A partir de esta crítica, desde los sesenta en adelante los movimientos homosexuales se articularon con la crítica y la tradición desplegada por los movimiento feministas, sobre todo en sus ramas más críticas y que toman como base de su posición política,  una crítica radical a la heteronormatividad  para relevar la posición históricamente excluida y marginada de la mujer. Sin embargo, el desarrollo de la crítica a la adecuación de la identidad de género a su orientación sexual, llevó a reflexiones en las que el cuestionamiento no sólo pasó a los efectos de la administración política de la diferencia entre lo femenino y lo masculino, sino al orden general que produce dicha distinción en base al principio de la diferencia como mecanismo específico del poder en su dimensión jurídica (Wittig, 1978) sobre las mentes y los cuerpos de los individuos (la mente hetero).  De esta manera y dado el cruce de lo político y el saber (en un sentido amplio, que abarca la posibilidad del pensar, el lenguaje y las distintas disciplinas), toda condición de posibilidad del pensamiento quedó bajo esta manera de entender al sujeto que, para Wittig, sería la “mente hetero”. 

Por otra parte, del flanco de la crítica al género, la señalación de la arbitrariedad de la asociación de el elemento biológico como el elemento desde el cual derivar una identidad cultural (género) nos lleva a la consideración de este como “la interpretación y adecuación ante aquellos elementos en los cuales hemos depositado una simbología gregaria por sexo y orientación, por ejemplo los roles y los escalafones de poder” (Espejo,  2007).   La crítica de género a la asimilación biológica a los órganos genitales como elementos desde los cuáles derivar el género y su consideración como un elemento producido culturalmente, llevó a que algunas reflexiones se plantearan una concepción del género más allá del binomio masculino-femenino  (lo queer).

Quienes reivindican las política de género queer se basan precisamente en un discurso crítico sobre el sexo-género y su rango de obligatoriedad implícito (Espejo, 2007) y en una concepción dinámica del mismo. Si la generización es el procedimiento  cultural mediante se construye la identidad de género en el contexto del binomio masculino-femenino y la asignación de una serie de elementos culturales, simbólicos y de roles; la crítica de lo queer tiene como resultado una adopción libre y dinámica de los objetos y de la producción de las identidades de género.  Así, podemos establecer las siguientes distinciones: las personas que establecen relaciones afectivas y sexuales con otras de su mismo sexo (homosexuales y lesbianas), a las que nacen con órganos genitales que no pueden ser distinguidos como masculinos o femeninos (intersexuales) y a las personas que desean o han optado cambiar su sexo o su género (transexuales y transgéneros)” (Rivas, 2008)

Si bien este mapeo aproximativo sólo nos permite entender un panorama general de la discusión de género y de la homosexualidad, la importancia para este trabajo radica en el rendimiento político que esta tiene.

Del reconocimiento de nuevas dimensiones de la construcción de la subjetividad, se abre un campo de derecho y que está en la base de las políticas del reconocimiento por la diferencia de opción sexual y de género. Como nuevo campo político, lo que pone en cuestionamiento es la consideración de la sociedad no como un ente abstracto y regido por las leyes de la natural, si no como un terreno estrictamente producido por la cultura (Weeks, 1998); desprendiendo, una serie de políticas que colocan en entredicho las instituciones sociales derivadas de la generización de los individuos a partir del binomio masculino-femenino. Pone en el centro el reconocimiento de la posibilidad de concebir familiar entre parejas homosexuales y el reconocimiento del derecho a la unión civil de los mismos. Esta es la base de las políticas pro unión civil y aquellas que fomenta la posibilidad de que parejas homosexuales adopten hijos.   

Como apertura de un campo político (del orden de la orientación estratégica y de la visión de la sociedad), pone en manifiesto la dimensión contingente de las luchas (política) por el reconocimiento y las correlaciones de fuerzas sociales que construyen la hegemonía cultural, política y económica. Por estos motivos, desde la década de los sesenta se vienen generando y constituyendo distintos sujetos sociales objeto y portadores de un proyecto político y una política específica.  Las manera en cómo se han instalado en el debate varían de las especificidad es de las formaciones socioeconómicas y culturales en las que les ha tocado luchar y desplegarse.

En el caso de Chile, como señalábamos, el terreno ha sido bastante agrio y el debate ha generado desde ronchas a urticarias, donde tiros y troyanos han desplegado recriminaciones y tácticas sucias: desde el señalamiento de la inexistencia de un debate, a la indicación de  estos como “enfermos”[2] a quizás la práctica mas nociva de todas: la homofobia y la violencia a trasvestis, gays, maricas,  lesbianas y a todos aquellos que reivindican su libertad de elección de su sexualidad y su género. En ese plano, la homofobia no sólo es una práctica nociva sino que consecuencia directa derivada de un orden social heterocentrado, puesto que: “La violencia no es anormal al sistema, sino el resultado mismos de actuar en la ‘norma’” (Rivas, 2007)

Dadas las características de la formación sociopolítica y cultural chilena, uno de los efectos más claros de la construcción del régimen de la transición política, es la diferenciación abismal entre la política realizada en la polís, la política de los comunes y la política de la clase política, la política de los políticos, la política de los idiotas. Lo interesante de dicho proceso político pata efectos de este debate, está en la manera en cómo las tácticas que han implementado los grupos de promoción de los derechos homosexuales, gays, lesbianas, travestis y maricas se han orientado marcadamente hacia una forma de acción política marcadamente “cultural”, reticente a la articulación con otros sujetos políticos y esporádicas coyunturalmente.  En ese sentido, se han favorecido marchas y ocupaciones de los espacios públicos, distintos intentos de articulación con el oficialismo y sobre todo, la generación de un fuerte mercado económico orientado a este público en desmedro de una dimensión proyectual más clara. 

En chile la liberalización de la homosexualidad, la sexualidad y los géneros ha surgido desde el mercado para posteriormente trasladarse a la agenda política propiciado por un contexto internacional que instala en la agenda pública la temática y una serie de iniciativas de los gobiernos por generar nuevos sujetos de legitimidad al orden pos transicional. Y quizás por eso, la necesidad de dotar aquel debate con una perspectiva de globalidad que soporte la construcción proyectual sea la tarea que más urge por poner en el centro de las organizaciones que hacen suya una acción política desde la discusión de género. 



salud y anarquía. 


1.    Referencias:




Sitios Web:
·         Acción Gay: http://www.acciongay.cl/
·         Bandera Hueca: http://banderahueca.blogspot.com/
·         Cordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual: http://www.cuds.cl/  http://www.disidenciasexual.cl/
·         Movimiento de Integración Homosexual, http://www.movilh.cl/
·         Movimiento por la Diversidad Sexual: http://www.mums.cl/
·         Revista Torcida, http://revistatorcida.blogspot.com/
·         Secretaría de Sexualidades y géneros:  http://www.facebook.com/sesegen?fref=ts



[1] Escándalo que se ha generado la visión psicopatologizante de la homosexualidad propiciada por la Universidad Católica de Chile en el seminario sobre “cura de la homosexualidad”. (Espinoza, 2012)
[2] El caso del reciente seminario que imparte la Universidad Católica para “Curar la Homosexualidad”

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Nadie sabe para quien trabaja: La línea política del Leninismo en la Chile.



(2° parte sobre la Línea política, las bases teóricas y las apuestas de mediano y largo plazo)




Libertad únicamente para los partidarios del gobierno, para los miembros de un partido, por numerosos que sean, no es libertad. Libertad es siempre la libertad de quien piensa de modo diferente…  sin una lucha de opiniones libres, la vida vegeta y se marchita en todas las instituciones públicas, y la burocracia llega a ser el único elemento activo.  
(Rosa Luxemburgo.)



El presente artículo constituye la segunda parte de la crítica a la apuesta de los compañeros leninista de la Chile y el complemento necesario para comprender el argumento en la que se sostiene la crítica que les realizo.

El Primero: “no existe ninguna alianza ni convergencia sin una lectura política; ninguna lectura política sin un posicionamiento crítico situado en la lucha de clases y fundado en premisas teóricas que permitan el análisis de las situaciones concretas. De dicha lectura se establece un diagnóstico político, se identifican las principales potencialidades, contradicciones y fisuras,  y se proponen objetivos acotados al espacio de observación, de las cuales se desprenden las tareas a cumplir y que nos permite ir evaluando los avances y/o retrocesos en la contienda política”.

El segundo argumento: “dado que el marxismo-leninismo se constituye así mismo como un discurso del realismo político  (racionalidad política y de la eficacia táctica), con un método de análisis “científico”, sus diagnósticos son considerados desde el prisma de su propio discurso ideológico como una “verdad científica, proponiendo una forma ad hok de organización mediada por la efectividad en la concreción de los objetivos” 

Las críticas que elaboro en base a estos dos argumentos, se desprenden  del cruce de ambos y son las siguientes:

a) el ¿qué hacer? opera como un decurso sin historicidad, como un qué hacer predeterminado y qué –desde una perspectiva dialéctica- desconoce el margen de indeterminabilidad (de contingencia, de historicidad) propio de la unidad dialéctica (unidad teoría-praxis) jugado en la praxis –la historicidad y de la referencia necesaria de cualquier teorización-: es en el mundo de la acción donde lo teórico se constituye y no donde este se ratifica de ante mano. Este formalismo se traduce en que anteponen a la lectura que se arrastra al qué hacer (al diagnóstico y el plan de lucha),  un modelo de cómo debiese ser el movimiento, cómo debiese organizarse para luchar y cómo es la confrontación política en la lucha de clases. Todo lo que no se ajuste a esa “forma” es un problema de conciencia,  organización y de dirigencias tibias, erráticas o burocráticas. (Crítica al pesimismo formalista)

b) relacionado con eso, en ese “pesimismo de la razón” hay premisas analíticas que en el análisis de los compañeros operan  como profecías autocumplidas y que llevan a sobrevalorar el factor ideológico y el lugar de la conciencia en la acción colectiva (crítica a la Omniabarcabilidad de lo ideológico[1]). (Con esto no quiero decir que la conciencia no sea importante. Desarrollaré más adelante este elemento)
  
c) y esta es la crítica más fuerte, existe la agencia  de una organización cuyo “realismo político”, basado en lo anteriormente señalado,  establece que el cálculo sobre el que medir el objetivo de avance y/o retroceso son sus propios intereses. Es decir, el diagnóstico y el cálculo de sus diseños políticos sólo están dados en función de sus propias capacidades y no se anteponen los objetivos generales del movimiento, ni el proceso político del movimiento popular,  al momento de ponderar sus apuestas. (Crítica al sectarismo y al localismo, o de la inserción y la falta de infraestructura para implementar políticas).

El resultado de este “aparatismo” se traduce en que se prefiere construir su propio campo de acción política con un cuerpo ideológico y teórico cerrado, cuyo resultado práctico (en el mundo de la praxis, no del autoconvencimiento ni de la teoría)  es la división de la (ya dividida) izquierda, haciéndole el juego al progresismo (Creando Izquierda),  al reformismo (la Jota) y las clases dominantes,  con lo que pese a las críticas -“ideológicas- que levantan contra “Boric”,  el “progresismo”, los “tibios” y cualquier expresión  política que no sea ellos mismos, operan en la lucha de clases concretas, como un agente divisionista, desmovilizador, sectario y localista.  

Los efectos de esta política podemos observarlos de manera ejemplar en el Centro de Estudiantes de la facultad de Ciencias Sociales y en la apuesta de convergencia que el mismo sector intenta realizar.

En el caso del Centro de Estudiantes, los compañeros de “Plataforma” iniciaron el año de movilización con un claro intento por trasladar el foco político de lo nacional  hacia el problema de las carreras, levantando una postura de “ruptura” con la CONFECH (posición levantada en la primera asamblea de facultad en Abril)  y de una crítica oportunista hacia el pleno de federación (junio), una política localista y una conducción sectaria. Oportunista, porque  en el pleno de federación instalaban posiciones críticas hacia la CONFECH sin que en la facultad se dinamizara el conflicto nacional. Oportunista y localista, porque para los compañeros la coyuntura se cerró el año 2011 con una derrota sin ningún tipo de avance, por lo que para ellos el 2012 se iniciaba un nuevo proceso de re-construcción y regeneración en las filas estudiantiles a nivel local (organización), de territorio (articulación) y de profundización de la discusión de Proyecto Educativo (Conciencia). Localista y con una serie de errores de conducción, porque mientras en las asambleas criticaban que la CONFECH no tenía claridades, cuando se llamaron a las primeras jornadas de discusión nacional en Mayo sobre el contenido de las demandas, los compañeros simplemente no las realizaron ni convocaron a asambleas de facultad; y, con posterioridad, cuando nuevamente la CONFECH llama a discutir el contenido de las reivindicaciones en abril que con posterioridad desembocaron en los criticados 5 puntos, los compañeros convocaron a una jornada de reflexión sobre contenidos que hasta la fecha no sabemos en qué han quedado y en qué han repercutido dichas reflexiones. Sectaria, porque una vez que no pudieron generar una conducción a nivel de pleno, sus objetivos (lo que era obvio siendo minoría) sólo  fueron marcar una diferencia aparente entre el sector de la izquierda revolucionaria (LUCHAR) y un campo heterogéneo de CCEE y consejeros del pleno sin muchas claridades y  sin una real voluntad por constituir una dirección colectiva con todos los sectores de izquierda, que permitieran una posición de disputa real al reformismo y el progresismo, no meramente discursiva, sino en la capacidad de movilización de los compañeros de los CCEE y con repercusiones en las correlaciones de fuerzas reales. Confusa y poco transparente, porque mientras públicamente declaran que para ellos la convergencia se realiza “desde el trabajo” en el espacio local (foro de organizaciones de agosto), sus dirigentes políticos a nivel de pleno cuadraban un sector de manera dirigencial sin tener muchas veces respaldo de sus maniobras de pleno a nivel político en las facultades, e intentaron generar una convergencia con colectivos de facultad más entre militantes que entre objetivos políticos, con los cuales el único “trabajo de base” es la participación en una revista con control editorial.

El resultado de esta conducción política fue el desacople de la agenda nacional con la realidad de la facultad, con los que las críticas a la conducción de la FECH  y la CONFECH, en estricto rigor, se fundaban en sus propios errores de maniobra y en la falta de claridades políticas meridianas  (no así a nivel formal, que considero es acertado en el diagnóstico y en el horizonte) que les permitieran comprender –y estos lo sugiero a modo de observación, en ningún momento subestimo ni la capacidad análisis ni la integridad moral de los compañeros- : 1) cómo construir correlación de fuerzas sociales y políticas,  la acumulación política y la disputa hegemónica más allá de lo estudiantil; y 2)  cómo, por tanto, entender la convergencia política, la construcción de alianza y el generar una dirección política colectiva con fuerza teórica, órganos de propaganda ideológicos e infraestructura organizacional para poder efectivamente ser la alternativa del Progresismo (Creando Izquierda) y el Reformismo ( Jota) en la Chile.

Este análisis que realizo, a mi modo de comprender el problema, se origina en el teoricismo (crítica a), dado por la falta de capacidad de abstracción de la experiencia social que les permita construir un diagnóstico certero a la coyuntura (no se puede construir un diagnóstico de una experiencia social basado en una teorización por fuera de la misma y que no se funde en ella. Por lo tanto, siendo organizaciones locales sin inserción nacional, sin políticas de alianzas transparentadas y sin presencia en el CONFECH es bastante complejo que sus análisis se ajustn a lo que efectivamente sucede en el movimiento, tanto en sus bases como en sus dirigencias) y que les permita la conducción  (“muñequeo” y capacidad de movilizar fuerzas para el despliegue de los objetivos s) en los distintos escenarios con miras al cumplimiento de los objetivos generales del movimiento  para el periodo y no de sus propios intereses (crítica b y c). Esta suplantación teórica del análisis político los lleva a posicionarse como un polo cuya función es la crítica ideológica, acusando incluso de alianzas políticas entre organizaciones que nunca se han efectuado; pero en el terreno de la la lucha de clases, de las correlaciones de fuerzas reales, en el campo de la construcción y disputa por el poder no operan como tales. (refuerzo la tesis del escrito y presentada en el párrafo anterior). “Ellos  no lo saben, pero lo hacen”

Análisis crítico de la apuesta política del leninismo:
“Una organización es realmente revolucionaria, si se plantea y resuelve adecuadamente el problema del poder.”
FAU, 1972
(Federación  Anarquista Uruguaya)


Del reportaje de la última “porque el viento no amainará…” publicado en la Chispa no. 5 (agosto, 2012), del artículo presentado ante la coyuntura electoral “nuestra elección: Lucha y organización” (noviembre, 2011)  y del boletín de los piños sacado a principio de año (abril de 2011) se esboza es mismo diagnóstico y proyecciones políticas, con diferencias en la profundidad y en lo discursivo. Estos elementos me hacen claramente sostener y ratificar la tesis de la construcción aparatista del leninismo en la Chile pese a la tesis de convergencia que erigen (que comparto en su elaboración formal): “en toda convergencia se juntan distintos intereses en pugna que se mantienen para constituir un espacio de encuentro y síntesis, que al mismo tiempo involucre disputa e inserción real en la base social; la acumulación es doble, hacia los intereses políticos particulares y hacia el movimiento estudiantil”  (nov, 2011) y  esta acumulación debe realizar en torno a “proyectos” y “objetivos políticos claros” (nov, 2011). Lo problemático de esta apuesta que si bien permitiría generar la unidad efectiva de la izquierda en la Chile,  se realizó sólo con el objetivo de demarcar un campo de acción para sus propios intereses, tildando a la convergencia de “Luchar” como un “pegoteo”, “efectista en los contenidos” y “basista”. Lo curioso de ello  es que –visto bajo ese prisma- no hay nada que no sea ni efectista, ni basista, ni pegoteado entre sus colectivos con la clara diferencia que, mientras en LUCHAR la disputa es de manera transparente y la síntesis efectivamente opera por la racionalidad política y la necesidad política del momento, en su apuesta de “convergencia” dada la construcción aparatista del diseño, esto está  encubierto y postergado en la agencia de los nucleamientos leninistas de espaldas al trabajo deliberativo de los mismos colectivos.

La lectura es la siguiente:

a)      Diagnóstico: Las movilizaciones del 2011 pese a su masividad y prolongación en el tiempo dan cuenta de una “profunda desarticulación organizativa y despolitización manifiesta”, siendo no más que “la manifestación episódica y coyuntural de la movilización social, que logra aglutinar a individualidades, con un alto sentido corporativo y con un nulo impacto antagónico ante el modelo imperante” (La Chispa, nov de 2011). Ahora, desde la primera publicación de “los piños” y cinco meses más tardes: “no perdimos porque los sectores productivos no se unieron a la lucha (por medio de paros productivos y huelgas), sino que por las propias incapacidades del movimiento: falta de organización real y de una dirección eficaz”.  En otras palabras, el problema es de organización estudiantil, conciencia y dirección política.
    
b)      Los horizontes políticos y los objetivos tácticos: a) “construcción de un movimiento estudiantil revolucionario y una izquierda revolucionaria, b) una disputa por el poder expresado en proyectos de sociedades antagónicos y un  manera de procesar sus contradicciones (política); c) el fortalecimiento y maduración de las fuerzas políticas “nuestra fuerza aún necesita madurez y capacidad de disputar de verdad, con un proyecto concreto e inserto en la base social” (La chispa, nov. 2011). En palabras de los “piños” y, nuevamente, cinco meses más tarde: a) “ir acercando nuestra pelea hacia horizontes populares y anticapitalistas, como condición base para entender al movimiento estudiantil como parte del pueblo organizado” …en la que lo popular es entendido: “una demanda es popular en tanto tenga sentido para el mundo popular”, b) el horizonte político sería un “Proyecto Popular de Educación” y la articulación se resolvería en “una especie de sección estudiantil de un Programa Popular es el que define el contenido de un real proyecto educacional del pueblo y no el mero hecho forma de asambleas multisectoriales” ya que –como observan el leninismo –“no se trata de procedimientos, sino de contenidos” .

Lo que llama la atención es que a nivel político las diferencias con el contenido de los análisis de LUCHAR y las apuestas políticas son a nivel formal las mismas con algunas diferencias retóricas y del manejo que se han hecho de los distintos escenarios políticos (sobre todo el carácter localista que han asumido como perspectiva de disputa, sobre todo en Plataforma Colectica y que es la única manera de construir dada su escaza militancia e inserción):  Véase las declaraciones: http://www.facebook.com/luchar.uchile.  Salvo una importante diferencia de corte estratégico: la manera en como se resuelve la problemática del poder, el ABC de todo revolucionario. Inclusive las diferencias con el diagnóstico y apuesta del FEL son mínimas: http://emezetage.blogspot.com/2012/09/aporte-para-la-formulacion-de-las.html y http://feluchile.blogspot.com/p/analisis-y-proyecciones-politicas.html)

Si bien a nivel teórico analítico la manera de comprende las contradicciones y las proyecciones tanto en LUCHAR como en los piños son las mismas, la diferencia estriba en el carácter que se le otorga a la ideología, la conciencia, la dirección política y la construcción de la correlación de fuerzas.

 (Este elemento es el último que revisaré y que entregaré la próxima semana y constituye el fundamento real de al crítica que se presenta  a la convergencia y la línea política)

Con el ánimo de esclarecer, polemizar y debatir.

Desde abajo y con todos,  
construyendo Pueblo Digno y Soberano
emezetage.





[1] Una de las pretensiones de los partidos comunistas y esbozados con fuerza desde Maozedong en adelante es la Omniabarcabilidad de lo ideológico de los Partidos Comunistas.