viernes, 2 de diciembre de 2011

La necesidad de construir un movimiento estudiantil popular, anticapitalista y revolucionario.


emezetage 
diciembre de 2011
Publicado en periódico solidaridad

El desarrollo del conflicto estudiantil iniciado en mayo surgió con una tibia instalación del conflicto educativo por parte de la CONFECH (Confederación de Estudiantes de Chile) y por una nula respuesta por parte del gobierno, que durante los primeros meses apostó a desconocer la situación de crisis en la educación, desmovilizar al movimiento acusándolo de ideologizados, reprimiéndolo duramente y apostando a liderar el proceso de reforma con pomposos anuncios en materia educativa que en los sustantivo no daban respuesta a las demandas estudiantiles. Ante ese escenario, el movimiento apuesta a la movilización directa a través de la toma de liceos y universidades, novedosas formas de protesta y marchas nacionales que desde el 14 de junio comenzaron a copar las calles masivamente (200.000 manifestantes solo en Santiago y 500.000 a nivel nacional). 

 En esa situación, en primera instancia el gobierno comenzó a ser cercado puesto que el movimiento estudiantil se radicalizó en la profundidad de sus demandas como en sus formas de movilización, concitó amplio apoyo por parte de la sociedad (80% aproximadamente) e instaló el tema del fin del lucro, la gratuidad y el endeudamiento con fuerza en el sentido común de millones de chilenos, víctima de los estragos del modelo neoliberal de educación basado en la privatización, en el endeudamiento familiar y la focalización de las ayudas estudiantiles a través del sector financiero en los sectores populares. 

En un segundo momento, el movimiento estudiantil comenzó a constituirse como un movimiento de masas que superó los límites sectoriales (lo estrictamente educativo) y comenzó a instalarse como un movimiento social transversal. Esto en la medida que sus objetivos no sólo se direccionaron al aparato ejecutivo, sino que a los fundamentos de reproductibilidad del modelo neoliberal a través de las exigencias de la re-nacionalización de los recursos naturales, la reforma tributaria y la modificación constitucional al derecho a la educación, lo que permitió tensionar la institucionalidad vigente (la constitución y el sistema democrático) y, a su vez, profundizar la deslegitimación del modelo de dominación neoliberal, sus aparatos hegemónicos y la clase política en su conjunto. 

El conflicto no se hizo esperar y esto gatilló la salida del ex ministro de educación Joaquín Lavín, el cuestionamiento a la estrateia del gobierno de Piñera de imponer el modelo gestión empresarial a los asuntos políticos, mediáticamente conocido como el “gobierno de los mejores” (gobiernos de los tecnócratas) y un nuevo anuncio presidencial (El nuevo G.A.N.E.). Pese a aquello, el movimiento no se da por vencido y se moviliza nuevamente suscitándose el llamado a movilización del 4 de agosto que recorrió la prensa internacional conocido como el “4-A o invierno chileno”, que debido a la prohibición de marchar y la represión policial ordenadas por el Ministerio del Interior, concluyó en una jornada de violentas protestas que copó con cacerolazos y barricadas todo el centro de Santiago y siete comunas, y arrojó como balance millonarias pérdidas y la quema de la multitienda La Polar, anticipando un nuevo periodo en la movilización de masas. Escenario que se repitió a lo largo del país. 

El conflicto estudiantil tras la paralización del 24 y 25 de Agosto convocada por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), las fuertes jornadas de violencia política popular que paralizaron al país, la muerte de Manuel Gutiérrez, la permanencia de la masividad en las calles y la intransigencia de los estudiantes apostó a instalar un escenario de conflictividad directa entre el ejecutivo y el movimiento social. Ante ese escenario y la persistencia y agudización de la protesta social, el ejecutivo finalmente sede y pese a la molestia del ministro de educación Bulnes, Piñera cita a una mesa de diálogo el 2 de septiembre para comenzar a destrabar el conflicto. 

Cabe destacar que es la primera vez desde la vuelta de la democracia que un movimiento social a través de la movilización directa logra sentarse a dialogar con el presidente, el ministro de hacienda y el de educación. Sin embargo, las tensiones internas del movimiento favorecieron la pérdida de iniciativa política, desviando el foco de lo reivindicativo (demandas centrales y pisos mínimos de negociación) a condiciones mínimas para un diálogo (actas públicas de las negociaciones, detener la agenda legislativa, poner fin efectivo al lucro y tratar la gratuidad), perdiendo fuerza interna, desapareciendo en las semanas del 2 al 20 de septiembre de la opinión pública, desgastándose y terminando presionado por el cierre de semestre y el temor a la pérdida de los beneficios estudiantiles. En ese momento, el reflujo cláramento comenzó. 

Ante aquel retroceso, el ejecutivo tomó la iniciativa y diseñó una mesa de negociación para que se quebrara culpabilizando a los sectores intransigentes del movimiento, y generando un nuevo escenario propicio para re-tomar la iniciativa política al trasladar el conflicto estudiantil al parlamento, convocar una mesa de expertos y apostar a desmoralizar al movimiento con la vuelta de clases. 

Si bien el movimiento social por su parte ha avanzó en ampliar sus bases de apoyo convocando a intelectuales y desarrollando programas políticos más claros y propuestas técnicas que sustentasen las posiciones del movimiento, no pudo traducir su apoyo social y su fuerza en las calles en una alternativa de poder contra hegemónica que efectivamente tensionase las relaciones de poder y, ante aquella planificación de escenario y la ausencia de una alternativa política anticapitalista eficaz y que pueda disputar la hegemonía del movimiento, el movimiento terminó apostando por buscar consenso en el bloque de poder para frenar momentáneamente la agenda neoliberal en el parlamento. 

Cuestión que cláramento no sucedió, puesto que ante la falta claridad estratégica en la conducción del movimiento estudiantil, la falta de experiencia organizativa y de lucha, las tensiones internas del mismo movimiento y la desviación del foco de relevancia hacia los conflictos internos, dejó un margen de maniobra gigantesco para que el ejecutivo condujiera e instalara la agenda de mayo y lo peor, apostase a capitalizar el desconteno generado hacia la institucionalidad proponiendo proyectos de ley que se hacen cargo de manera superficial de las demandas laterales (pero esratégica) del movimiento: reforma tributaria, reformulación al sistema de partidos y electoral y reforma educativa. 

En ese panorama, el balance que podemos realizar y a pesar de todos las limitaciones señalas, es positivo. Esta coyuntura de movilización que se cierrra será sin duda alguna un hito importantísimo en las proyección del movimiento para los proxímos años. La perspectiva que adotará la movilización en gran medida estará signada por un nuevo escenario interno en la construcción del movimiento estudiantil: las elecciones de federaciones y los distintos procesos de fortalecimiento de las organizaciones estudiantiles. 

Este año, las elecciones de federaciones tendrán una importancia estratégica para el reacomodo de las fuerzas políticas tradicionales. Desde la plenaria del comité central del Partido Socialista (17/diciembre), de las tesis del último Congreso del PC, en la intentona en agosto de Carolina Tohá y en las resoluciones del PRSD, se escucha con fuerza la necesidad de avanzar en la constitución de un “frente amplio de oposición”, entre las fuerzas de izquierda de la concertación y todos los sectores progresistas del país (partido humanista, PRO, MAS, PAIZ). 

Para el reformismo, la disputa por la dirección del movimiento es fundamental puesto que se expresa en capital político acumalable que le permite constituirse como el pivote en lo social a la concertación y, al mismo tiempo, tensar negociaciones en el pacto político instrumental para las municipales del 2012 y con miras a las presidenciales del 2013. Quien conduzca y el carácter de las reformas a implementar por la clase política, apostarán a capitalizar el creciente descontento de los chilenos por el sistema educativo y el modelo de dominación en su conjunto.

Esta apuesta o “vuelta a lo social” y de la relevancia de la elecciones de las federaciones estudiantiles no sólo se expresa en la concertación, sino que también la derecha ha apostado con fuerza. El reciente cónclave en el que participó Larraín y 14 representantes estudiantiles de todo el país, también nos da señales de la importancia que hoy en día protagoniza el movimiento estudiantil y la derecha bien lo sabe. Por su parte, la tarea de los sectores revolucionarios hoy a nivel estudiantil pasa por poder consolidar este proceso en tres niveles interdependientes:

a) dar proceso de convergencia en plataformas amplias, de clase y anticapitalistas, que permita a la izquierda revolucionaria re-encontrarse, debatir y avanzar en unidad hacia la construcción de los objetivos para el periodo a través de la construcción de una matriz política-revolucionaria, que le permita sostener la disputa por la conducción del movimiento. (Tesis de la matriz de izquierda revolucionaria)

 b) por otra parte, es necesario avanza en el fortalecimiento de la organzación estudiantil, la democratización y socialización de la toma de desiciones y ampliación de la CONFECH a todas las universidades cuyas federaciones hayan sido electas democráticamente. 

c) Construir el Proyecto Educativo del Pueblo con todos los actores sociales organizados, como una apuesta de articulación y de avance ideológico y político.

d) En tanto que la lucha por transformar la educación es una lucha por transformar la sociedad en su conjunto, se hace necesario instalar a nivel social la necesidad de entender la lucha como un proceso de construcción de fuerza y de avance en la hegemonía,  por lo tanto, como una apuesta permanente, cotidiana y proyectable en el tiempo con miras al fortalecimiento del poder estudiantil y la re-articulación  del movimiento popular, sus organizaciones sociales y sus referentes políticos tras el objetvio del period: construir un Proyecto Político Popular con amplio anclaje en la experiencia cotidiana de la clase obrera y los sectores populares. 


¡¡Por el Socialismo y la Libertad!!
Construyendo Pueblo Digno y Soberano
venceremos. 



lunes, 3 de octubre de 2011

Con alegría, claridad y decisión construyamos Universidad para una Nueva Sociedad.

Septiembre de 2011 
Escrito presentado para la convocatoria a la plataforma de izquierda LUCHAR de la Universidad de Chile 




Este 2011 sin duda alguna marca un punto de inflexión considerable en el desarrollo de las luchas populares. Durante este año hemos sido testigos y también protagonistas del lento pero animoso despertar del pueblo chileno tras décadas de letargo, desmovilización y apatía. Distintos movimientos y actores sociales se han dado cita en la arena de la protesta social, aportando con su creatividad e ímpetu movilizador al desarrollo de un emergente escenario de apertura en las luchas populares. Las protestas ciudadanas en Magallanes, el movimiento de defensa de la Patagonia y movimientos ambientalistas, grupos de disidencia sexual, trabajadores subcontratados y el movimiento estudiantil han formado parte del elenco que con su acción van construyendo el camino de este despertar. 

Sin embargo y a pesar de un contexto social proclive al ascenso y dinamización del descontento social, este año hemos sido testigos de la incapacidad de la articulación social de los distintos movimientos sociales a través de la construcción de una propuesta más clara que reúna las distintitas inquietudes de cada movimiento en torno a objetivos comunes, que se dote de herramientas de organización, toma de decisiones y de movilización efectivas, y que permita construir desde la misma experiencia social de lucha y movilización una alternativa social con perspectiva estratégica, democrática y movilizadora del campo popular. 

En ese marco de apertura y ascenso de la conflictividad social, el movimiento estudiantil ha tenido un rol importante al dinamizar el descontento de amplios sectores sociales víctimas de los estragos de las políticas neoliberales en materia de derechos sociales implementadas durante la década de los 80’ y profundizadas por los gobiernos de la transición concertacionista. Las demandas de la gratuidad y fortalecimiento de la Educación Pública y de calidad, fin al lucro y a la banca privada en los beneficios estudiantiles, el libre acceso y la democratización de la gestión institucional se han instalado en el sentido común de los chilenos y el amplio apoyo concitados por el movimiento así lo ratifica (cerca de un 89% según la encuesta CERC), desplazando la responsabilidad de los estragos del modelo directamente sobre la institucionalidad vigente (Constitución) y la clase política que administra (22 % aprobación presidente;11% aprobación de la oposición. CERC) los intereses de la clase empresarial criolla y transnacional.

El desarrollo del conflicto estudiantil ha puesto en evidencia los intereses reales de los actores en la contienda, su correlación de fuerzas y los límites y recursos a su disposición. Seamos más claros, hoy por hoy en la coyuntura actual la falta de coherencia por parte del movimiento estudiantil, la falta de claridad política de largo aliento y la incapacidad crónica de articularse con los sectores productivos y la diversas de actores que componen el campo de lo popular han sido cuestiones fundamentales que dificultan una proyección de la actual coyuntura en un proceso mayor de rearme y movilización del campo popular. 

Si bien desde los sectores más decididos y radicales se han desarrollado apuestas de organización social (como los Congresos Sociales de Educación), la falta de mayores iniciativas coordinadas en ese plano ha dificultado la construcción de una alternativa más efectiva y mayoritaria tanto a nivel de la sociedad como de nuestra misma universidad. 

A nivel de nuestra Universidad durante este año pudimos constatar cómo las fuerzas políticas más tradicionales y con presencia en las direcciones de la federación, “Creando Izquierda” (Colectivo arrebol, U social e Izquierda Autónoma) e Izquierda Construye (JJ.CC y Nueva Izquierda Universitaria), pese a poseer la iniciativa política y la infraestructura necesaria no apostaron a desarrollar una política más decidida de vinculación con el mundo social y los trabajadores, que hubiese al menos intentado revertir la correlación de fuerzas desfavorables del movimiento estudiantil a la hora de imponer los pisos intransables de negociación, revertir la dispersión del movimiento estudiantil entre estudiantes secundarios (ACES y CONES) y universitarios (CONFECH y estudiantes de privadas), lo que hubiese favorecido una resolución más expedita de este conflicto. 

Pero también fuimos testigos de cómo hacia la interna de nuestra federación la sobrerrepresentación en la toma de decisiones de la mesa directiva en momentos críticos (Votación del Plebiscito) y la ausencia de un Programa o Proyecto de Universidad que cobrase sentido para el conjunto de los estudiantes nos enrostró lo peor la politiquería universitaria. 

Es por todos estos motivos que un sector importante de la Universidad de Chile identificado con una izquierda radical (antiburocrática, democrática y social), hemos decidido darnos cita en un encuentro público y amplio para discutir de estas y otras cosas. Hemos decidido asumir la responsabilidad histórica de dar continuidad a esta coyuntura de movilización en un movimiento estudiantil de largo aliento, más claro, consciente y decidido que avance en el fortalecimiento y democratización de las herramientas de movilización (organizaciones de base, federaciones y CONFECH), en la construcción de un Proyecto o Programa de Universidad que de la mano de un Proyecto Educativo construido por los actores sociales mismos, permita construir una alternativa estudiantil vinculada con las luchas populares y comprometida con la construcción de una nueva sociedad más justa, libre, soberana, democrática y promotora del cambio social que hoy tanto necesitamos. 

A esto te invitamos para que podamos entre todos compartir diagnósticos sobre este movimiento, sus aciertos y falencias, a debatir en torno a sus proyecciones y a evaluar la pertinencia de construir un Programa de Universidad que nos permita profundizar tanto hacia la interna de nuestra universidad y facultades y hacia la externa con la sociedad, el horizonte de una Educación Pública Gratuita, democrática y justa comprometida y promotora del cambio social. 

Arriba los y las que luchan 
Venceremos 
eme.

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿De la crisis educacional a la crisis sistémica? Aproximaciones al conflicto estudiantil chileno


Dedicado a Manuel Gutiérrez, joven de 16 años asesinado por la violencia policial en el contexto de las jornadas de protesta social del 24 y 25 de Agosto. 
septiembre de 2011, escrito para el periódico rojo y negro de la CGT, España. 

Publicado en: 
http://www.elciudadano.cl/2011/10/03/41760/%C2%BFde-la-crisis-educacional-a-la-crisis-sistemica-aproximaciones-al-conflicto-estudiantil-chileno/

http://www.rojoynegro.info/sites/default/files/Reportaje-Chile.pdf

http://www.fel-chile.org/blog/%C2%BFde-la-crisis-educacional-a-la-crisis-sistemica-aproximaciones-al-conflicto-estudiantil-chileno/






Las movilizaciones estudiantiles en Chile, que hasta la fecha se extienden por más de tres meses y que convocan en un movimiento social amplio a estudiantes secundarios, universitarios, trabajadores, docentes y apoderados, han instalado con fuerza en el debate público nacional la problemática de la educación en un sentido amplio y ha generado una fractura en la institucionalidad política, económica y cultural hegemónica de inestimable profundidad y extensión en la conciencia histórica de la experiencia de lucha del movimiento popular. 

La experiencia neoliberal chilena, que en más de 20 años de altos índices de desarrollo macroeconómico y elevado a rango de experiencia ejemplar en la Latinoamérica y el mundo, hoy comienza a desmontarse desde sus fundamentos de reproductibilidad mismos, y su narrativa naturalizada en vastos sectores poblacionales ha comenzado progresivamente a fracturarse: el libre mercado ha derivado en lucro (Educación salud, trabajo y vivienda), las ganancias privadas en estafas (el caso de la multitienda La Polar) y el crecimiento económico en desigualdad y marginación (4 clanes familiares controlan el 47% de los activos de la bolsa de valores de chile y concentran para el 2008 el 12,49% del PIB nacional. Ellos son Andrónico Luksic, Anacleto Angelini, Eleodoro Matte y el actual Presidente Sebastián Piñera). 

En Chile el 80% de la población percibe el 40% del ingreso nacional, el 88% de la fuerza laboral no está sindicalizada y el 95% de ella no puede negociar colectivamente sus salarios; alrededor de 3 millones de chilenos y sus familias (de una población de casi 17 millones de habitantes) perciben menos de 800 US como ingreso familiar al mes y la pobreza en las regiones más castigadas por el modelo neoliberal se eleva al 49% del total de sus habitantes (alto Biobío, VIII región); sumado a un alto índice y ascenso de la población carcelaria; en definitiva, configurando un macabro panorama de marginación social que condena día a día a miles de jóvenes a las cloacas del sistema de dominación, cuya única expectativa de vida es la drogadicción, la delincuencia y la proletarización en paupérrimas condiciones laborales. 

Por otra parte, tenemos un sistema político institucional que favorece la exclusión de la disidencia política (el sistema binominal de elecciones, ley de partidos políticos, quórum contra mayorías) y mantiene un férreo blindaje sobre la constitución política de la dictadura militar de Pinochet. Existe un padrón electoral que se envejece con fuerza y una crisis de legitimidad que producto del conflicto educacional arrastró la aprobación de Sebastián Piñera a un 26% y a la oposición política a un 16% de aprobación (encuesta CEP de Agosto).  

Ante este panorama, el movimiento social por la educación pública y de calidad se ha posicionado como un amplificador del descontento social generalizado en los sectores sociales más castigados por el modelo, ha re-posicionado el horizonte de la lucha social como la herramienta de arrancarle victorias sustantivas al modelo de dominación mercantil y ha re-articulado el horizonte de posibilidad para el desarrollo de una alternativa política clasista y libertaria con amplio anclaje en la experiencia cotidiana de los trabajadores y los sectores populares. 

La fuerza y el ímpetu de este movimiento social se expresa en el amplio apoyo social que concitan sus demandas centrales en la población chilena (85% según la encuesta CEP), el ímpetu movilizador y las creativas formas de manifestación y copamiento del espacio público. Esto le ha permitido romper el cerco comunicacional del duopolio que controla la prensa escrita (COPESA-Edwards) asociado a la derecha ultracatólica (Opus Dei y Legionarios de Cristo) y neoliberal, además, lo más novedoso y recalcado por varios sectores políticos a sido su profundo sentido de la autonomía, de desconfianza de las dirigencias estudiantiles tradicionales asociadas a la izquierda reformista social-demócrata (Juventudes Comunistas y las variantes ciudadanistas) y de la clase política en su conjunto. 

Por distintos motivos hoy asistimos al interior de la juventud chilena, del movimiento popular y del movimiento estudiantil en particular, a la emergencia de una nueva cultura política centrada en el diálogo horizontal, la desconfianza en la delegación del poder político en las modalidades de la representatividad tradicional y un fuerte sentido de la democracia interna del movimiento que ha dificultado cualquier tipo negociación burocrática sin la previa aprobación de la mayoría que compone orgánicamente el movimiento mismo. Pero también ante un ímpetu de transformación social profundo y radical. 

Este ímpetu movilizador del movimiento estudiantil expresado en su masividad histórica en las calles encubre cierta dispersión política programática; y esta nueva cultura política que hoy se expresa con fuerza en el movimiento tiene su profundidad histórica en el desarrollo político reivindicativo del movimiento estudiantil mismo y de las políticas institucionales que el bloque dominante en su conjunto ha progresivamente implementado en agenda educativa desde la década de los 80, con la implementación de las reformas estructurales neoliberales en materia de derechos sociales. 

En definitiva, los aspectos sustantivos que componen el nuevo acervo político del movimiento popular y del movimiento estudiantil tienen su profundidad histórica en el desarrollo político mismo del movimiento popular, la clase política y de la institucionalidad hegemónica, en sus disputas, cooptaciones y fundamentos mismos. 

Haciendo un poco de historia del movimiento estudiantil chileno. 

La relación entre juventud y cambio político en el movimiento estudiantil chileno queda expresada con claridad en el desarrollo y profundización de su conciencia social y política consiguió entre 1961 y 1972 una radical reforma universitaria. Esta se expresó en términos de extensión y vinculación con las problemáticas sociales, en ampliación de la cobertura, gratuidad y en la democratización efectiva de la gestión universitaria, que culminaron con el proyecto-programático de una nueva institucionalidad educacional para una nueva sociedad en construcción de la mano de un movimiento popular en ofensiva directa en la lucha de clases. Este proceso fue truncado abruptamente con la dictadura militar instigada por EEUU y apoyada por la centro derecha histórica (Partido Nacional y Democracia Cristiana), la intervención de los militares de las universidades y la violación de los derechos humanos, desaparición, asesinato y exilio de miles de académicos, funcionario y estudiantes. Para la derecha más dura según sus principales representantes (El ahora ex ministro de educación Joaquín Lavín), en gran medida la problemática de la U.P. (Unidad Popular) y la polarización de las clases sociales se originaban en la “politización” de la juventud y de las universidades.

Fue durante la década de los 80’ en medio del proceso de implementación de las reformas estructurales del proyecto neoliberal, que se inicia el desbarataje de la Universidad Pública y Estatal y de municipalización de la enseñanza primaria y secundaria. Es en ese momento cuando nuevamente los estudiantes se levantaron con fuerza, sin miedo a la represión dictatorial y haciéndose parte de un movimiento de protesta mucho más inorgánico y con vetas insurreccionales que en entre 1983 y 1986 puso en jaque a la dictadura, organizando más 17 jornadas de protesta popular y registrando un fallido intento de tiranicidio conocido como la operación “siglo XXI”. En ese momento se reactivaron las federaciones estudiantiles y universitarias y se instaló una agenda de resistencia a la privatización. Lamentablemente debido a las presiones políticas del momento y las necesidades “democratizadoras” de la transición, se desvió el foco de lo educacional a lo nacional: sacar a la dictadura del poder. 

Ese error no solo significó aceptar la obra del general y mantenerla intacta en su estructura debido a sus blindajes institucionales, sino que también le costó caro al movimiento estudiantil y al movimiento popular chileno y sus efectos se manifestaron entre 1990-1995, años en los que decae la acción política estudiantil clientelizada por los partido políticos tradicionales, quienes administraron la transición política y canalizaron las expectativas de transformación social de los movimientos sociales en los canales institucionales del Estado, desbaratando los aparatos políticos militares de inserción popular e instalando la política de los acuerdos entre la Concertación y la derecha como la única forma de hacer política. Todo el resto que cuestionase el sistema institucional en sus fundamentos era subversivo, asistémico y lumpenesco. 

Fue a partir de 1995 con la pérdida progresiva de las bases sociales de apoyo de la Concertación y la re-estructuración política de las iniciativas juveniles, que comienza nuevamente una agenda de resistencia a la profundización del modelo educacional neoliberal (la Reforma Curricular iniciada en el gobierno de Aylwin y culminada en el Gobierno de Frei). Este proceso conllevó una restructuración orgánica de las principales organizaciones gremiales de los estudiantes y que entre 1996 y 1997 rompe la cooptación del movimiento social por parte de la Concertación, logra detener el paquete de reformas conocido como “Ley Marco” e instala una política un poco más autónoma y propositiva, pero aún en la lógica de la defensa corporativa de la Universidades del Consejo de Rectores, sin propuestas reivindicativas para el sector emergente de las universidades privadas y lamentablemente sin un proyecto programático para el sistema educativo en su conjunto, que permitiese instalarse como un horizonte desde el cual plantear una política reivindicativa clara y estratégica. 

Tras la derrota definitiva del 2005 con la traición de las Juventudes Comunistas, la Concertación y las variante ciudadanistas (Izquierda Autónoma, Nueva Izquierda Universitaria) con la aprobación del “Acuerdo CONFECH-MINEDUC”, que consolidó el Crédito con Aval del Estado (5,6% de interés) en desmedro del Fondo Solidario(2% de interés), inició una fase de reflujo en el movimiento universitario que se arrastró hasta este año (2011).

Fue la generación de estudiantes secundarios del 2006 quienes, con el antecedente de la movilización estudiantil del 2001 conocida como el “mochilazo”, desde el flanco más juvenil y ante la consolidación de una agenda privatizadora avanzada, pasaron a la ofensiva a través de la movilización directa, tomándose los liceos y paralizando a más de 1.300.000 estudiantes a lo largo del país. 

Fue en esa coyuntura en la que la nueva cultura política comienza a expresarse desde la experiencia de la movilización directa de los estudiantes: una cultura política libertaria, basada en la democracia directa y en la horizontalidad en la toma de decisiones. 

En dicha oportunidad el movimiento secundario conocido como “Revolución Pingüina” –aduciendo al parecido entre el vestuario de los estudiantes y el ave marina, cercó al gobierno de la “socialista” Michelle Bachelet logrando modificar su agenda de gobierno e insertando la problemática del lucro en la educación, la desmunicipalización y vuelta al estado del sistema educacional a través de la derogación de la L.O.C.E (Ley Orgánica Constitucional de Educación). 

Tras meses de movilización y pese a la negativa de la existencia de una crisis en educación por parte de la clase política, los estudiantes consiguieron botar un ministro, ganar reivindicaciones menores de su petitorio (becas y pase escolar) y finalmente abrir una mesa de trabajo para modificar la L.O.C.E . Lamentablemente en dicha Comisión Asesora Presidencial, los actores sociales estaban en franca minoría frente a los intereses corporativos de los demás integrantes sobrerrepresentados, que finalmente conllevó a la salida de los estudiantes y los profesores de dicha instancia que culminó con la propuesta borrador y consenso de la clase política, posteriormente expresada en la creación de la Ley General de Educación aprobada el 2009 y que vino a sustituir la L.O.C.E. pinochetista. 

A pesar de la derrota y del reflujo que se inicia esta vez desde el flanco secundario, el movimiento social realiza un aprendizaje sustantivo que de la mano de esta nueva cultura política, hoy se expresa con fuerza en las movilizaciones estudiantiles de los universitarios y los secundarios, fundamentalmente en lo siguiente: 

En términos estratégicos se realiza un viraje desde la lógica de la resistencia a la privatización y la defensa corporativa de la educación pública a la ofensiva directa por la construcción de un nuevo proyecto de educación pública. Esto en la medida que el sistema de educación chileno se encuentra en una fase de privatización avanzada, en el que las principales reformas llevadas adelante por el actual gobierno y señaladas por la consultoría de la OCDE en la coyuntura abierta por los secundarios en el 2006, van orientadas a subsanar las principales distorsiones identificadas en el sistema en su conjunto: 

1) regulación y flexibilización de los marcos institucionales, consolidando un sistema educativo mixto con marcada preeminencia sobre la iniciativa privada;
2) focalizar la inversión pública ampliando la cobertura de becas y originando un sistema crediticio único para el sistema en su conjunto; 
3) subsanar la desigualdad en la formación, la calidad de la enseñanza y la segmentación en clases sociales del sistema educativo a través de generar nuevos dispositivos de vigilancia, control y certificación de la oferta educativa; 
4) finalmente, en el marco de la avanzada mundial de la agenda neoliberal (Plan Bolonia y Proyecto Tunning en particular para Latinoamérica), ajustar la orientación y producción de conocimiento a los requerimientos estratégicos de la economía nacional, fortaleciendo el capital humano y desarrollando clusters económicos que permitan desarrollar las ventajas comparativas del país. 

 En esa fase de avanzada del neoliberalismo, las demandas estudiantiles por la gratuidad de la educación y fin al lucro, la democratización de la gestión universitaria, la reforma universal del acceso, la nacionalización de los recursos naturales y una reforma tributaria apuntan directamente a los fundamentos del neoliberalismo en educación. 

En términos políticos y la apertura de nuevos escenarios de movilización, el desbande político de la Concertación tras la salida del ejecutivo y la llegada de la derecha histórica liderada por Sebastian Piñera, deja al descubierto para amplios sectores sociales que cifraron sus expectativas de transformación en la actual administración, que las problemáticas sociales fundamentales en materia de derechos sociales no se modificarán debido a las condicionantes sistémicas del modelo de desarrollo neoliberal, trasladando directamente las repercusiones nefastas del neoliberalismo en educación y del resto de los derechos sociales a la clase política en su conjunto, perdiendo sustantivamente su base social de apoyo y abriendo el espectro político a la emergencia de nuevas fuerzas políticas. 

Esta situación se expresa con fuerza en la composición etárea de la clase política y del recambio generacional de la sociedad chilena, donde la juventud descontenta nuevamente toma la iniciativa de cambio y de crítica mordaz a los fundamentos del modelo en su conjunto; de esta manera, el movimiento estudiantil en sus más de tres meses de movilización actúa como un amplificador del descontento social generalizado ante los estragos del sistema de dominación, trasladando la crítica desde lo sectorial (la educación) a lo sistémico (el modelo de desarrollo económico, la institucionalidad del aparato del Estado y la cultura hegemónica) y constituyéndose como el actor social más dinámico y con mayor potencial histórico de cambio político y social en los últimos veinte años. 

Estos elementos explican la desaprobación del conjunto de la clase política, la autonomía del movimiento pero también su dispersión, falta de claridad programática y sus disputas internas entre los sectores políticos que intentamos impregnarle al desarrollo de la demanda política una identidad e intereses de clase y quienes bogan por una reforma ciudadana del aparato estatal en la lógica de la ampliación democrática y redistribución equitativa de la riqueza, modificando parcialmente el sistema educativo y no en sus fundamentos mismos. 

 Sobre el escenario actual. 

El desarrollo del conflicto estudiantil iniciado en mayo surgió con una tibia instalación del conflicto educativo por parte de la CONFECH (Confederación de Estudiantes de Chile) y por una nula respuesta por parte del gobierno, que durante los primeros meses apostó a desconocer la situación de crisis en la educación, desmovilizar al movimiento acusándolo de ideologizados, reprimiéndolo duramente y apostando a liderar el proceso de reforma con pomposos anuncios en materia educativa que en los sustantivo no daban respuesta a las demandas estudiantiles. 

Ante ese escenario, el movimiento apuesta a la movilización directa a través de la toma de liceos y universidades, novedosas formas de protesta y marchas nacionales que desde el 14 de junio comenzaron a copar las calles masivamente (200.000 manifestantes solo en Santiago y 500.000 a nivel nacional). En ese contexto, el gobierno comenzó a ser cercado puesto que el movimiento estudiantil concitó amplio apoyo por parte de la sociedad (80% aproximadamente), instalando el tema del fin del lucro y del endeudamiento con fuerza. Esto gatilló la salida del ex ministro de educación Joaquín Lavín y un nuevo anuncio presidencial. 

Pese a aquello, el movimiento no se da por vencido y se moviliza nuevamente suscitándose el llamado a movilización del 4 de agosto que recorrió la prensa internacional conocido como el “4-A o invierno chileno”, que debido a la prohibición de marchar y la represión policial ordenadas por el Ministerio del Interior, concluyó en una jornada de violentas protestas que copó con cacerolazos y barricadas todo el centro de Santiago y siete comunas, y arrojó como balance millonarias pérdidas y la quema de la multitienda La Polar, anticipando un nuevo periodo en la movilización de masas. 

Actualmente el conflicto estudiantil tras la paralización del 24 y 25 de Agosto convocada por la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), las fuertes jornadas de violencia política popular que paralizaron al país, la muerte de Manuel Gutiérrez, la permanencia de la masividad en las calles y la intransigencia de los estudiantes ha instalado nuevamente un escenario de conflictividad directa entre el ejecutivo y el movimiento social. 

El conflicto se mantiene latente y los universitarios los secundarios aceptan la mesa de diálogo con el ejecutivo. El movimiento social por su parte ha avanzado en ampliar sus bases de apoyo convocando a intelectuales y desarrollando programas políticos más claros y propuestas técnicas que sustentan las posiciones del movimiento. Por otra parte comienza a registrarse la emergencia de un nuevo fenómeno de organización y coordinación -gérmenes de Poder Popular- de las luchas de los sectores populares con marcado acento en la iniciativa local articulada con perspectiva nacional: las asambleas territoriales.

El capital político y la autoridad moral del movimiento concitan el más amplio apoyo visto por un movimiento social en la historia reciente del país. Paralelamente a ello, se ha experimentado una reactivación del movimiento de masas y de la conflictividad de los trabajadores que desde el 2006 ha venido modificando el escenario político popular que hoy por hoy se expresa en una fase de apertura y de flujo de la lucha de clases que, desde la perspectiva revolucionaria clasista y libertaria nos plantea el desafío de avanzar en la construcción de una alternativa política popular con amplio anclaje en la experiencia social de la clase obrera y los sectores populares. 

Hoy una vez más, como decía el sindicalista Clotario Blest, la juventud debe ponerse a la cabeza de los trabajadores y los estudiantes y el cambio social será posible; hoy una vez más, somos los jóvenes, trabajadores, estudiante y pobladores, quienes nos tomamos la política sin permiso, en las calles organizadamente y con la iniciativa directa de la mano de la claridad estratégica, quienes grano a grano vamos avanzando en la construcción de un pueblo organizado, consciente y contento que lucha por la dignidad. 

 Arriba los que luchan! 
Frente de Estudiantes Libertarios-Chile. 
el eme.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

De lo reivindicativo a lo estratégico

¡A pasar de lo reivindicativo a lo estratégico. Porque el modelo no cederá, avanzar en la lucha popular! 

septiembre de 2011 
el eme 
escrito para el periódico solidaridad 




El movimiento estudiantil habiendo transitado un largo camino de movilización -no exento de equivocaciones y aciertos- hoy más que nunca necesita consolidar todo lo avanzado de la mano del ímpetu rebelde y movilizador, en claridad programática, política, conciencia y organización.

Poco a poco para el grueso del movimiento estudiantil, la persistencia de las protestas nacionales (35 hasta la fecha), el dinamismo en las formas de movilización social (desde la histórica asonada callejera, la familiar convocatoria dominical a lo novedosas formas de movilización; de las clásicas ocupaciones de instituciones públicas, marchas y mítines hasta las extremas huelgas de hambre), la masividad histórica en las calles y el amplio apoyo social concitado por las demandas centrales comenzaron a estrellarse contra el frío paredón de la institucionalidad política del modelo de acumulación neoliberal, poniendo en el centro de la problemática la contradicción de los intereses en disputa en materia educacional (la contradicción entre los proyectos de sociedad que encarnan las propuestas educativas), la disparidad de poder de los actores en la contienda y lo dificultoso de que el horizonte político del movimiento (Educación gratuita como derecho social) se consiguiese en el desarrollo de la actual coyuntura de movilización. 

Si bien el movimiento estudiantil entre la jornada del 4 de agosto y el paro nacional del 24 y 25 pudo pasar a la ofensiva política, trasladando su demanda sectorial hacia una tensión de la institucionalidad generando un escenario de “ingobernabilidad política”, cercando al ejecutivo y la clase política en su conjunto, la ausencia de un movimiento social más decidido y consciente en sus interese que hubiese presionado desde el flanco de la producción económica acompañando al movimiento estudiantil, impidió la proyección del escenario de ingobernabilidad en una crisis sistémica, perdiendo el protagonismo político, pasando a la defensiva, permitiendo el reacomodo de las fuerzas políticas y quedando en la deriva de la iniciativa y los tiempos puesto por el ejecutivo. 

Fue en ese momento peak cuando el movimiento estudiantil debió haber puesto los términos mínimos para una mesa de negociación que le permitiese ganar sin validar la institucionalidad vigente, acumulando fuerza social y proyectando la movilización en un proceso mayor.

Sin embargo, la falta de una unidad al interior del movimiento y una conducción política fuerte y con claridad estratégica se hizo notar con fuerza y el peso del reformismo (JJ.CC.- Concerta-Autonomos) y la desidia de una izquierda “revolucionaria” marginal y sin foco político de perspectiva nacional preponderó, dilatando la fuerza del movimiento en una seguidilla de errores: cancelación de movilizaciones, convocatorias a marchas a última hora, semanas sin ninguna actividad, culminando en un movimiento desgastado, presionado por el cierre de semestre y la pérdida de beneficios, y emprendiendo una contraofensiva basada en establecer condiciones mínimas para un diálogo ad portas de la Ley Nacional de Presupuesto, desviando el foco político de las demandas de fondo a las garantías para poder negociar reformas mínimas a los aspectos considerados como estructurales. 

Si bien este escenario desfavorable para el movimiento estudiantil y popular está prácticamente cerrado sobre sí, la posibilidad de transformar la salida de esta coyuntura desde la derrota inminente en un avance sustantivo para el movimiento popular en su conjunto se posiciona como una tarea necesaria y estratégica.

Hoy por hoy la posibilidad de decantar esta experiencia social de lucha y movilización, sus límites y aciertos, en un aprendizaje sustantivo pasa por mantener y consolidar los avances subjetivos del movimiento en claridad y conciencia política de los intereses de clases en disputa. Esto deben quedar  expresados en la construcción y fortalecimiento de las organizaciones sociales de base, en la construcción por parte del movimiento social de un Programa o Proyecto Público de Educación que dote de horizontes desde el cual evaluar los avances y/o retrocesos de la lucha reivindicativa y a través del desarrollo y fortalecimiento de las herramientas de coordinación y de lucha –gérmenes del poder popular- hoy diseminados por distintas regiones del país: las asambleas territoriales. 

Esto supone como tareas prioritarias que: 

1) al interior del movimiento estudiantil los sectores de clase y de intención revolucionaria converjan hacia la construcción de plataformas de unificación táctica, que plantee la tarea de disputar la hegemonía al reformismo de la mano de la construcción de proyectos institucionales y/o de universidad, liceos, etc, lo más amplios y convocantes posibles, despojados de fórmulas y estereotipos ortodoxos y que avancen hacia el objetivo de fortalecer la organización democrática y de base como la herramienta básica de lucha en lo estudiantil; 

2) avanzar en la necesidad de que el sector emergente de los estudiantes de universidades privadas se organicen y se articulen al resto del estudiantado organizado en

3) una plataforma amplia, convergente y democrática con marcos reivindicativos diferenciados para cada actor y sus particularidades, pero articulables en torno a las demandas estructurales ; 

4) la necesidad de fortalecer e impulsar los distintos procesos de construcción de los Congresos Sociales de Educación (ejemplo de la VIII región), de tal forma de poder articular intersectorialmente las franja de pueblo organizado y dotar de procesos sociales de construcción política, que impulsen el empoderamiento y organización de franjas de pueblo desorganizado. 

En definitiva, constituir un movimiento y/o actor político-social que permita dinamizar el conflicto social hoy latente desde lo educativo a lo social en su conjunto, en el marco de un proceso de lucha y rearme de los trabajadores y los sectores populares. 

 ¡¡Por el Socialismo y la Libertad!!
 ¡¡Arriba los y las que luchan!! 
Venceremos. 
 eme.

lunes, 8 de agosto de 2011

Las Asambleas Territoriales

Las asambleas territoriales: sembrando germen de Poder Popular.
agosto de 2011, 
 Periódico solidaridad 
mzg


El movimiento estudiantil este año a través de la lucha y la movilización social (diversas formas de protesta) no sólo ha cuestionado las lógicas mercantiles consolidadas en el sistema educacional chileno, sino que también se ha constituido como un amplificador del descontento social, generalizando el malestar cotidiano de cientos de chilenos hoy víctimas de las peores consecuencias de los altos índices macroeconómicos y ha canalizado, de manera medianamente esboza, todo ese potencial transformador en una crítica directa a la institucionalidad política, económica, institucional y cultural hegemónica. La narrativa neoliberal ha comenzado a desmontarse: el libre mercado ha derivado en lucro (Educación), las ganancias privadas en estafas (caso La Polar), el crecimiento en desigualdad (índice de distribución de la riqueza) En estos más de tres meses de movilización social en la que los estudiantes han sido los actores centrales podemos apreciar como comienza progresivamente la apertura de un nuevo periodo de movilización social. Uno de sus principales indicios es la masividad histórica de las jornadas de protesta social, la originalidad en las formas de lucha que las ha caracterizado expresadas en un ímpetu movilizador y de protesta y la emergencia de nuevos espacios de construcción política y de organización social: las asambleas territoriales. 

Desde hace varias semanas en la Región Metropolitana comenzaron a surgir espontáneamente distintos espacios de coordinación territorial en más de once comunas en los que los efectos históricos de la desmovilización social, producidos por la desafección entre la política institucional -administrada por duopolio político concertación-coalición- y la sociedad civil comienzan a revertirse. Estos espacios sociales congregan desde juntas de vecinos, centros de estudiantes, federaciones, centros culturales, sindicatos, organizaciones políticas hasta vecinos, dueñas de casas, pobladores, jóvenes y toda la heterogeneidad de actores sociales. En estos espacios amplios y convergentes se han constituido como las instancias en las que los actores sociales comienzan a participar democráticamente en la construcción de propuestas políticas con marcado acento social y articulatorio entre la iniciativa local y la nacional. Pero también en la definición de iniciativas concretas como solidarizar con los estudiantes en huelga de hambre, la ayuda en el cierre de liceos, marchas locales y actividades culturales por mencionar algunas. 

En estas experiencias sociales el pueblo movilizado en calidad de actores políticos, comienza a recuperar progresivamente su capacidad gestora y de decisión política. Es en estos espacios cotidianos de construcción y coordinación donde se comienza a construir desde el aquí y el ahora la posibilidad del mañana a través de las mismas herramientas de poder que el pueblo escoge y construye. En otros términos, es el mismo pueblo en su capacidad creativa que comienza a construir sus espacios de poder político (el Poder Popular), rompiendo el blindaje político institucional y abriendo a través de la misma lucha la posibilidad de la transformación político-social.

En este sentido, hoy más que nunca se hace prioritario que todos los luchadores sociales de ayer y hoy contribuyan con su experiencia y dedicación en la tarea de construir una alternativa política y social efectiva, con vocación de poder y perspectiva de victoria. Para ello es prioritario al menos tener algunas consideraciones que nos permitan potenciar este trabajo, desarrollándolo en una perspectiva estratégica y dotándolo de la consistencia necesaria para vencer: 

 • Reconocer que el principal conflicto que atraviese la escena política es el educacional y que, por ende, la posibilidad que como pueblo movilizado triunfemos pasa por el reconocimiento en el actual escenario de la centralidad de dicha lucha, diagnosticando los aspectos que contribuyen a fortalecer políticamente el movimiento estudiantil, la cual pasa por construir Proyecto Educativo desde las experiencia del movimiento social y orientado a los fines y metas que el mismo movimiento social asigne. De esta manera la lucha por una nueva educación se inserta en la lógica de la construcción de una nueva sociedad. Para ello el movimiento estudiantil debe catalizar dicho proceso y la iniciativa de las federaciones universitarias de la VII y VIII región que para este 27 convocan a un Encuentro Nacional para la Construcción de un Proyecto Educativo son un claro ejemplo. De la iniciativa regional a la iniciativa nacional, son los actores sociales mimos lo que construyen y definen la claridad programática de su mismo movimiento.

 • Desde una perspectiva orgánica es necesario ir avanzado en asignar mayores grados de formalización y complejización de las estructuras de organización de las asambleas para impregnarle al trabajo político en red la efectividad necesaria. En ese sentido, el reciente encuentro realizado el sábado 20 en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile que convocó a más de once asambleas metropolitanas y algunas asambleas de la V región es un gran avance. Nuestra tarea es potenciar y fortalecer las confianzas fundadas en el trabajo, la seriedad y la responsabilidad colectiva. 

 • En el mediano plazo se hace necesario ir avanzando en definiciones programáticas que orienten las distintas luchas sectoriales y globales que pueden eventualmente canalizarse desde estas herramientas políticas. Hoy cuando el modelo de dominación comienza a fisurar nuestra tarea es construir un movimiento político popular con claridad estratégica programática, con herramientas de poder e instrumentos para vencer. La repercusión histórica de un triunfo en materia educativa allana el camino para que el movimiento social pueda arrancarle al calor de la lucha conquistas democráticas y sociales: la lucha por una educación, salud, trabajo, vivienda como derechos sociales, construyendo una nueva sociedad. 

 Arriba los que luchan.
 Por el socialismo y la Libertad.
 Eme, zeta y ge. Agosto 2011.

miércoles, 27 de julio de 2011

¿Plebiscito o Poder Popular?

“si votar cambiara algo estaría prohibido” 
Julio de 2011 
mzg

La reciente discusión sobre la necesidad de modificar la institucionalidad política chilena, cuestionándola y tensionándola a través de la generación de herramientas de participación ciudadana (Plebiscito), desde hace unas semanas viene progresivamente instalándose en el movimiento estudiantil como un paso táctico necesario para la consecución de las demandas estudiantiles de fondo. Salida necesaria, eso sí, desde la perspectiva de construcción reformista; insuficiente y nocivo, ante todo, para la estrategia de construcción de la alternativa social, radical y antiburocrática. 

Los términos argumentativos en los que se basa cualquier alternativa política reconoce 4 momentos analíticos. Primero hay un momento en el que se identifica el escenario de movilización actual; segundo, se lo diagnostica en función de señalar sus aspectos críticos; tercer momento, se identifican los aspectos sustantivos de dicho diagnóstico; y en última instancia, se plantea la perspectiva estratégica que resuelve las contradicciones identificadas. Esta distinción es fundamental de señalar puesto que la base de cualquier alternativa político estratégica se sostiene en premisas analíticas, las cuales a veces no están del todo clara por desconocimiento o sencillamente por desidia. 

Esclarecer dichos fundamentos es de vital importancia en estos momentos cuando el poder estudiantil del movimiento alcanza una fuerza histórica considerable (en masividad, acción directa y politización). Sobre el escenario: En primera instancia se identifica, que el movimiento estudiantil ha desarrollado una fuerza en el contenido y en las formas de sus movilizaciones sin repertorios desde la vuelta a la democracia. La masividad, la acción directa y su politización son sus aspectos a relevar. En términos de politización, el movimiento ha podido sacar el conflicto desde la demanda gremial para instalarla como una problemática social transversal. El fin al lucro y el endeudamiento, la gratuidad y la democratización han calado hondo .En términos de masividad, se han registrado cifras históricas de movilización cercanas a las 500.000 personas a lo largo de todo chile (30 de Junio). En términos de la acción directa, las formas creativas de movilización, la constancia y la pérdida del miedo a la violencia política y a la criminalización del descontento también se han diversificado y profundizado. En definitiva, el movimiento se ha desarrollado en su capacidad creativa y en su politización sustantiva sin precedentes. Por otra parte, la clase trabajadora y los sectores populares se encuentran en una situación de profunda desmovilización y letargo que podemos asociar a las bajas tasas de sindicalización (cercanas al 11%), la precariedad del empleo (subcontratación y semiproletarización) y a la casi ausencia de instancias organizativas. Sin embargo, esta situación desde las movilizaciones de los trabajadores forestales, salmoneros y mineros ha instalado nuevas formas de organización y horizontes de lucha que permiten constatar en el mundo social un periodo de reactivación del movimiento obrero y popular en una etapa de construcción y acumulación de fuerzas , por ende frágil, embrionario pero con potencialidad histórica. (Véase: “Voz negra no.1.boletín de opinión anarquista de la Federación Comunista Libertaria” http://www.anarkismo.net/article/20054)

En segunda instancia, en la esfera del poder político del aparato estatal, en la esfera del poder económico y en la opinión pública, la hegemonía del bloque dominante durante más de 30 años ha consolidado y administrado un modelo de desarrollo económico y social capitalista de tipo neoliberal; por lo tanto, la agenda programática en materia educativa ha estructurado un sistema educativo basado en el endeudamiento familiar y/o inversión individual y la integración de la educación al desarrollo de las ventajas comparativas de la economía nacional, orientando la producción de conocimiento hacia la integración de clúster económicos . En definitiva, la consolidación de la educación como un bien de mercado y la integración de los intereses de los mercados económicos en las orientaciones curriculares de la educación (véase: “Crisis en el sistema educativo. Elementos para un diagnóstico desde el mundo libertario”, Revista Política y Sociedad (Ex Hombre y sociedad) 

En términos del aparato de estado, la institucionalidad vigente (Constitución del Estado) consolida la educación como un bien de mercado (art. 10 de la constitución), estructura un sistema de composición mixta entre lo privado y lo público (LOCE y LGE) y focaliza el gasto social en educación en base a la dinámica de un Estado subsidiario de corte neoliberal; consolida un sistema de participación ciudadana excluyente en la toma de decisiones (Binominal) e inmune a las modificación es estructurales del mismo (El quórum contra mayorías). En ese marco, la clase política (Concertación y Coalición por el cambio) son administradores de los intereses capitalistas nacionales y trasnacionales consolidados en la legalidad vigente puesto que el margen de maniobra, por las limitaciones estructurales del aparato estatal, impide modificaciones sustantivas en las políticas macroeconómicas y en las político-institucionales (modificar sustancialmente la Constitución).

Sobre el diagnóstico: 

En relación a dicho escenario se observa con claridad que pese a la fuerza y la politización desarrollada por el movimiento estudiantil, sus posibilidades de instalar sus reivindicaciones tienen el techo del aparato del estado y del cerco político institucional administrado por la clase política. Se reconoce, por lo tanto, que la condición de posibilidad para que el movimiento estudiantil triunfe está dada por la articulación con otros sectores sociales –los trabajadores y los sectores populares-, construyendo una fuerza social organizada y consciente que permita romper dicho cerco político institucional. En otras palabras a través de la construcción del Poder Popular. 

En base a esa situación es que se diagnostica que las energías de la movilización no son infinitas y estas, tarde o temprano, declinarán si es que no se desarrollan adecuadamente. Lo sustantivo de dicho diagnóstico es que entre el gobierno y el movimiento estudiantil se ha llegado a un punto muerto en la discusión dado que las propuestas programáticas, tanto del movimiento estudiantil como de la clase política, están en abierta contradicción. 

 Lo estratégico: 
 En base a esta lectura por todos compartida se perfilan estrategias de construcción políticas que, si bien no parecen excluyentes, en términos reales son radicalmente distintas. Así la encrucijada del estudiantado hoy en día se ciñe entre ¿Plebiscito o Poder Popular?

 a) La estrategia de la Asamblea Constituyente: 
Esta opción se basa en plantear el horizonte del plebiscito como un “paso en el proceso constituyente (asamblea constituyente), [que] es un paso hacia la organización y el empoderamiento social, y la construcción de una alternativa para el pueblo chileno” . Esta alternativa estratégica se basa en el diagnóstico de que el problema de los movimientos sociales, en particular del movimiento estudiantil, es 1) la imposibilidad de que nuevas fuerzas políticas representen sus demandas en los espacios de poder del aparato estatal; 2) y la inexistencia de instancias de participación democrática en el mismo. De dicho diagnóstico el esquema político que construyen se basa en: 1) constituir fuerza social organizada (movimientos sociales, masivos y mayoritarios) y 2) desarrollar herramientas de poder que expresen el sentir de los mismos. 

Dichas herramientas de poder serían espacios democráticos de deliberación y participación (plebiscitos), que permitirían democratizar el aparato estatal y sus fundamentos (Constitución) y así, allanar el camino para que las fuerzas políticas progresistas que representan los intereses de las mayorías tengan representatividad y participación directa en el Estado. Por lo tanto su crítica se dirige hacia la constitución, puesto que esta es “reflejo de los principios básicos que rigen una sociedad y que debe ser hoja de ruta de la legislación”. 

Si bien esta estrategia "ciudadanista" (levantada por Creando Izquierda) en primera instancia parece la solución a los problemas de representatividad de los movimientos sociales, la premisa en la que se sostiene (constitución) como respuesta a las contradicciones del mercado en la educación es totalmente errada. Para esta alternativa, las problemáticas inherentes al capitalismo se desactivan bajo la dinámica democratización v/s neoliberalimso. 

Para ellos, a medida que se profundiza la democratización del aparato estatal se cerca progresivamente el neoliberalismo. Lo que no solo es una ingenuidad, sino un desatino teórico, histórico y político de considerable envergadura. Los principales errores conceptuales que presenta dicha premisa son: 

1) identifica al aparato estatal como una herramienta neutral, en la que los conflictos de poderes e intereses pueden dirimirse democráticamente, obviando que el Estado como aparato constituido históricamente es una herramienta de opresión del capitalismo y de las clases hegemónica sin importar su color ni orientación política; 
2) no reconoce el rol de las clases burocráticas (políticas) como delegaciones de los intereses sociales, por ende diferenciadas entre lo político y lo socia; 
3) en el sujeto mayoría, ciudadano o chileno se encubren las diferencias abismales de las clases sociales y sus intereses. En el sujeto “mayoría” caben desde la burguesía nacional, los trabajadores, dueñas de casas y pobladores, hasta la clase política; 
4) reducen la democracia a una actividad restringida a los parámetros institucionales del Estado, siendo que esta excede dicho espacio y se expresa en todas las esferas sociales en las que existe organización. 

Pese a estas diferenciaciones conceptuales, que en última instancia son elecciones que merecen su respeto, los agravantes más serios de dicha alternativa son de carácter político: 

1) La herramienta de poder es un instrumento de los movimientos sociales, pero ¿qué movimiento social están identificando?, ¿A caso el descontento en las calles es un indicador de ello o identifican al movimiento con sus instancias de representación?, o ¿acaso el movimiento estudiantil verbigracia es movimiento social transversal?; 
2) plantean que es una herramienta de empoderamiento, pero que lamentablemente requiere de la delegación de la voluntad de en la Concertación y en la Coalición, reduciendo el poder estudiantil a masa de maniobra de la rearticulación política de la concertación; 
3) requiere de un plazo considerable de tiempo para aplicarse (alrededor de unos años); 
4) el plebiscito no significa ningún avance del horizonte político que nos hemos planteado, puesto que re-direcciona el poder estudiantil hacia los vericuetos de la política institucional; y lo más peligroso y nocivo aún: 5) que plebiscitaremos, quién define eso, cuál será el contenido de la herramienta del movimiento.

 b) La estrategia del Poder Popular:
La estrategia del desarrollo y el fortalecimiento del Poder Popular hoy en día es la alternativa de los movimientos sociales que nos planteamos no solo la necesidad de erradicar el mercado económico de la educación, sino también de la salud, la vivienda y de todos los Derechos Sociales de los trabajadores y los sectores populares, hoy alienados y reducidos a mercancías con las cuales se puede lucrar. ¿Y esto porque se nos antoja? No, puesto que la estrategia del poder popular se basa en identificar que el problema del lucro y del endeudamiento en educación no es un reflejo aislado, sino que un signo sistémico de un modelo de desarrollo económico, político y social estructurado en torno a: 

1) apropiarse de las riqueza colectiva generada por todos, mercantilizando los derechos sociales de todos; 2) apropiarse de la capacidad y la gestión en la toma de decisiones políticas del conjunto de la comunidad. 

De esta manera su opresión se expresa tanto nivel político como económico. Por esta diferenciación teórica y política, la estrategia del Poder Popular apunta a fortalecer y desarrollar la capacidad política de los actores sociales mismos (desactivando la diferenciación entre lo político y lo social); esto implica 
1) claridad política programática (esto en lo que queremos), 
2) organización y articulación social entre todos los actores sociales y sobre todo 
3) la no delegación de los intereses sociales en la clase política. Y sobre todo, 
4) consciencia del momento histórico en que estamos, puesto que no se trata de re-crear la realidad en base a una declaración de buenas intenciones, sino hacerse parte activa de ella, transformándola grano a grano, creando poder estudiantil, acumulando fuerza expresada en organización, en politización, participación democrática en la toma de decisiones y desarrollando la organización socia articulada. 

 ¿Cuál es entonces la salida al diagnóstico? Eso no me compete decirlo a mí, sino que es algo que discutimos y construimos colectivamente en nuestras asambleas en base a argumentos claros 

 ¡Porque el modelo no cederá…avanzar en la lucha Popular! 
Arriba los y las que luchan
venceremos!

domingo, 17 de julio de 2011

Las movilizaciones estudiantiles: entre ruptura y reforma.


Julio de 2011 
Publicado en solidaridad.
mzg


Este 2011 ha sido el año de la re-articulación del movimiento estudiantil y las multitudinarias marchas del 16 y 30 de junio son un ejemplo elocuente de ello. En ese proceso lento y no exento de problemáticas y rencillas internas, el movimiento estudiantil ha podido posicionarse como un actor político-social relevante en la construcción de un Proyecto Público de Educación como alternativa y disputa del Proyecto de Educación de modelo de Desarrollo Económico y Social Neoliberal. Por primera vez desde la derrota de los estudiantes universitarios el 2005 y de los secundarios el 2006 con la creación de la LGE (Ley General de Educación) y su posterior aprobación el 2009, los estudiantes han podido sacar su lucha desde lo meramente estudiantil para instalarla como una problemática de toda la sociedad y vinculada a un proyecto ideológico de la clase política y, en estos momentos, dan pasos lentos pero seguros para transversalizar el descontento social, unificando las luchas y amenazando con romper el cerco político institucional dominante.

Los efectos de este proceso podemos identificarlos en la reciente encuesta Adimark, donde la aprobación al gobierno de Piñera se desplomó a un 31%, siendo el área de educación la más afectada y la aprobación a Joaquin Lavín disminuyó considerablemente; también podemos identificarla en las editoriales consecutivas de los medios de comunicación del duopolío Copesa-Edwards– Diario el Mercurio, La Segunda, La Cuarta, La Tercera, Las Últimas Noticias, entre otros– (Editoriales el mercurio del 1,2 y 3 de julio); y sobre todo, el pomposo y comunicacional G.A.N.E. (Gran Acuerdo Nacional Educación) que mantiene en lo sustancial la misma línea política del modelo neoliberal en política Educacional. 

En este proceso actualmente en desarrollo hay múltiples aristas que es necesario precisar para que todos y todas podamos movilizarnos con claridad y tengamos los elementos necesarios para que no nos pasen gato por liebre. El Programa en Educación del modelo neoliberal. 

Lo primero que tenemos que mencionar es que las actuales reformas en educación anunciadas el 21 de mayo y el 7 de Julio por Piñera mantienen, como principio estructurante, el comprender a la educación como una inversión individual y/o de cada familia y no como un Derecho Social Universal y para todos. Por ende el Estado no da ningún tipo de garantías constitucionales para asegurar ni el acceso, ni la retención, ni el financiamiento de un sistema de Educación Superior Público y de calidad (artículo 10, constitución de Chile).  

Por otra parte, el lucro en la educación está prohibido pero no penalizado. De estos dos grande principio se origina un sistema de educación basado en una composición mixta entre Universidades Tradicionales Públicas Estatales, Universidades Tradicionales Privadas y Universidades Privadas. En base a esta composición el sistema de Educación Superior creció desrreguladamente desde su creación en dictadura, se profundizó durante los gobiernos de la Concertación y actualmente se encuentra en un proceso de reajuste de sus distorsiones principales tales como la calidad de la enseñanza, la acreditación de las instituciones, el financiamienoto hacia las Universidades y los estudiantes, el acceso al sistema, el marco curricular y los gobiernos universitarios. 

Es en este momento histórico en el que el sistema de educación chileno se encuentra en una fase de privatización avanzada (entendido como un negocio en el que se puede lucrar) y en las que las Universidades Estatales Públicas se encuentran en retroceso, se insertan las actuales reformas anunciadas el 21 de mayo y el 7 de julio. 

Lo segundo que debemos mencionar es que la Educación en toda sociedad cumple un rol fundamental ya como “herramienta de ascenso social” o como derecho social de cada cual independientemente de sus situaciones, a través de la formación de sujetos críticos y de la producción de conocimiento. Por ello que cuando las universidades chilenas se crearon en el siglo XIX, Andrés Bello mencionaba que las Universidades tienen dos misiones: 1) la formación de ciudadanos conscientes y críticos a través de la docencia y 2) la producción de conocimiento a través de la investigación. A estas dos misiones desde hace unos años se comienza a agregar una “tercera misión” que correspondería a la integración de las universidades a las orientaciones económicas estratégicas de cada nación: en otras palabras, “la contribución que estas instituciones realizan al desarrollo económico de las naciones” (Agenda de Innovación y Competitividad 2010-202 ) 

En relación a estos elementos: 1) un sistema universitario basado en entender a la educación como una inversión individual y en el que se permite lucrar y que en 20 años generó múltiples distorsiones que deben ser remediadas y 2) entendiendo que la educación tiene la misión de contribuir al desarrollo económico de la nación, se entiende que las medidas de reforma del sistema significan la consolidación de los intereses y necesidades de los mercados económicos en un sistema basado en el endeudamiento familiar y/o de cada estudiante. ¿Y cómo sucede esto? 
1) condicionando la entrega de recursos del fisco a las universidades a través de Convenios de Desempeño, 2) focalizando las inversiones de investigaciones en áreas del conocimiento con alta calificación técnica, lo que implica, 
3) reformar las mallas curriculares favoreciendo al educación científico/técnica, 
4) generar una nueva modalidad de financiamiento a través de un sistema crediticio que asegure la devolución de los fondos asignados y que amplíe su cobertura; 
5) reformando las trabas institucionales que “burocratizan” los gobiernos universitarios, flexibilizando su gestión y favoreciendo su endeudamiento a largo plazo; 
6) aceptando el lucro y regulándolo a través de una nueva institucionalidad; 
7) reformando el acceso a la universidad, actualmente vía PSU, contemplando modalidades alternativas que consideren el mérito individual y la vulnerabilidad socioeconómica. 

Los actores político-sociales y sus intereses en juego: Ante esa arremetida privatizadora de la clase política en su conjunto y del modelo neoliberal la respuesta de los actores sociales no se hizo esperar. Y es que para todos queda más que en evidencia que este gobierno y los anteriores representan los intereses de los empresarios criollos y trasnacionales y que fueron los que nos vendieron la salud, la vivienda, la previsión social, los recursos naturales y la educación. 

En estos momentos los indignados nos hemos tomados las calles y avanzamos lentos pero seguros en la rearticulación del movimiento popular desde los barrios, desde nuestras casas de estudios y desde nuestros lugares de trabajo. Las masivas protestas contra la aprobación de Hidroaysen que postergaron la aprobación del megaproyecto, le sucedieron las manifestaciones iniciadas por los estudiantes Universitarios y Secundarios y que en estos momentos, granjea el apoyo de la CUT, el Colegio de Profesores, la ANEF, los trabajadores de CODELCO, las comunidades de académicos y los mismismos rectores de las Universidades Estatales del CRUCH. 

Pese a la masividad y el apoyo que han consignado las movilizaciones, las relaciones entre unos y otros actores no son del todo amigables. Fundamentalmente la relación entre el CRUCH y el CONFECH quienes en estos momentos están a punto de firmar un protocolo de acuerdo que evite cualquier negociación y, que de esta manera, coloque en jaque al gobiernos y a la clase política resulta primordial. 

En estos momentos los estudiantes universitarios en coordinación con los estudiantes secundarios han instalado como horizonte posible la necesidad de construir un Proyecto Público de Educación que exprese y responda a los intereses de la sociedad organizada, que entienda la Educación como Derecho Social, por ende gratuita, de libre acceso y retención y que sea administrada democráticamente por las comunidades educativas. 

Es por estas razones es que la clase política tiembla de miedo, porque el recuerdo de la rearticulación del movimiento de la reforma universitaria de 1967 está fresca en la memoria y la posibilidad de que toda esa energía juvenil de descontento y bronca contra la clase política se canalice en una alternativa revolucionaria y desde la experiencia histórica de los trabajadores y de los sectores populares está a la vuelta de la esquina.

Lo que piden los universitarios y los secundarios: 
Podemos decir que las demandas de los universitarios contempla la construcción de un sistema de Educación Público Estatal de calidad y para todos, en la que la educación sea entendida como Derecho Social Universal. En términos de financiamiento implica apoyar 
 1) aumentos progresivos en los Aportes Fiscales de Libre Disposición como mínimo un 50% con miras a la gratuidad total del sistema, 
2) modificar los criterios de asignación de las becas y créditos; 
3) Reforma universal del Acceso universitario que contemple modalidades alternativas y apunte al horizonte del libre acceso, 
4) la Derogación de los DFL (decreto con Fuerza de Ley) 1 y 2 que impiden la creación de Centros de Estudiantes y Federaciones y la participación de las comunidades educativas en las eleccioes de las autoridades unipersonales de cada institución; 
5) eliminar el lucro a través de su prohibición y penalización efectiva y asegurar la calidad de la educación; 
6) creación de mallas curriculares multiculturales y que respete la diversidad sociocultural, con marcado acento en el respeto por los pueblo originarios; 
7) creación de una Red de Educación Técnica Estatal de calidad. Para conseguir esto piden la nacionalización de los recursos naturales, reformas tributarias y –la demanda que atemoriza a la clase política– la creación de una nueva Constituyente Social que cree una Constitución. 

Por su parte los secundarios están exigiendo T.N.E (Tarjeta Nacional Estudaintil) nacional y los 365 días del año con tarifa única, la desmunicipalización sin privatización de los liceos y estatización de los mismos, además de acelerar la reconstrucción de los liceos dañados por el terremoto del 2010. 

 Un pequeño balance:  
Lo primero que es positivo a considerar es que el movimiento estudiantil le disputó la hegemonía en materia educativa a la clase política, transversalizó sus demandas a toda la sociedad y articuló a su favor el descontento social generalizado. De esta manera la batalla ideológica le es favorable (pero falta mucho por avanzar), puesto que instala la necesidad de construir un Proyecto Público de Educación para una nueva sociedad no neoliberal, sino que solidaria, justa e igualitaria con marcado acento en los intereses de la sociedad. 

Lo segundo, por los mismos motivos lo que importa no es buscar un “hito” que cierre las movilizaciones sino instalar una perspectiva de proceso de construcción de una nueva fuerza social organizada, que apunte a fortalecer, unificar y democratizar las organizaciones gremiales como el CONFECH, la CUT, la ANEF y el Colegio de profesores y que tienda lazos de articulación en la sociedad. Lo cual no es excluyente con ganar reivindicaciones que apunten a construir y desarrollar el horizonte estratégico. 

Y por último, deja una fractura histórica en la institucionalidad política –que recién dimensionaremos en unas décadas– y que instala como horizonte que la única salida a los conflictos sociales son sociales a través del desarrollo y el fortalecimiento del Poder Popular. 

 Por el Socialismo y la Libertad! 
¡Arriba los y las que luchan!

jueves, 23 de junio de 2011

La rearticulación del movimiento estudiantil y el escenario político actual



emezetage
junio de 2011 
Miembro del Frente de Estudiantes Libertarios
Publicado en:
http://www.anarkismo.net/article/19864?search_text=La+rearticulaci%F3n+del+movimiento+estudiantil+y+el+escenario+pol%EDtico+actual


Las movilizaciones sociales durante este 2011 se han apoderado de la escena pública con fuerza. El surgimiento de nuevos actores colectivos y el desgaste del sistema político institucional en su conjunto han puesto en jaque al modelo neoliberal por distintos flancos. Protestas ciudadanas en defensa de los recursos naturales, la lucha por condiciones laborales más dignas y las recientes protestas estudiantiles son claros ejemplos de ello, terminando con el repliegue iniciado con la derrota del 2005 (Crédito con aval del Estado), 2006 (LGE) y el 2008-2009 (Aprobación LGE). Durante este extenso proceso de derrotas estudiantiles se experimentó un recambio considerable en las formas de luchas y en las maneras de hacer política estudiantil. De este proceso surgen con fuerzas las denodadas críticas a las dirigencias estudiantiles que elaboran los petitorios del conjunto de los estudiantes entre cuatro paredes, respondiendo a los requerimientos de sus respectivos partido políticos y la ya conocida práctica de negociaciones a espaldas del movimiento estudiantil. 

Es en ese marco en el que una nueva manera de hacer política comienza a posicionarse con fuerza, expresada en el movimiento secundario durante el 2006( revolución pingüina) y en el universitario durante el 2008 (ACEUS). Una cultura política centrada en el diálogo entre los estudiantes de base, de manera horizontal, y en la que los representantes son voceros de las posiciones acordadas por el conjunto de los estudiantes. Ese recambio en parte es propiciado por el descrédito de los referentes políticos partidarios tradicionales y por el avance del modelo neoliberal en materia educativa. 

Esa situación comienza a revertirse desde la derrota electoral de la concertación en las presidenciales y con el repliegue sistemático de ésta al mundo social para recuperar base de apoyo electoral. En ese marco de reconfiguración del sistema político partidista, los acercamientos entre la concerta y el PC son más contingentes, dejando claro el rol histórico de la concertación y el PC como contenedores políticos del descontento popular en los canales institucionales del Estado. 

En ese proceso general es que desde el 2010 el PC y la concertación a través de plataformas electorales, se insertan con fuerza en las federaciones estudiantiles, pasando al 2011 con un control político en las dirigencias de las federaciones del CONFECH (alrededor de 15 federaciones d ellas 27) y en el movimiento secundario con fuerte presencia en la FEMES (Federación Mestropolitana Estudiantes Secundarios) que agrupa a los liceos emblemáticos. Sin embargo, ese control relativo de las dirigencias estudiantiles no se ha manifestado claramente y la disputa actual por la hegemonía del movimiento estudiantil sigue en pie de lucha.

En el plano universitario, la contienda la lidera la FEUTEM (con presencia rodriguista) y una serie de federaciones alineadas en el bloque “regionalista”; en los secundarios, la disputa es aún más fuerte y se diferencia entre liceos emblemáticos “FEMES” y los liceos periféricos agrupados en la ACES (Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios). Y la disputa no sólo se manifiesta por las maneras de hacer política, sino que también en la profundidad y radicalidad de la misma. 

La reaticulación del movimiento estudiantil este año ha permitido disputar la hegemonía a la clase política en materia educacional, puesto que ha permitido sacar el conflicto estudiantil de lo meramente gremial para convertirlo en un problema transversal de toda la sociedad, convocando a diferentes actores sociales a las manifestaciones públicas (la protesta de hoy, 16 de junio, convocó a más de 70 mil manifestantes); sin embargo, la actual disputa interna y la presión gubernamental hacen que hoy cualquier tipo de salida al conflicto educacional sea dificultosa y que los sucesos del CONFECH del 18 y 19 y el llamado al Encuentro Educacional a realizarse este viernes 17 y lunes 20 sean fundamentales para poder evaluar el rumbo que tomará el conflicto. 

Tanto la incapacidad política de las actuales dirigencias estudiantiles (reformistas) como el desatino y la ortopedia de la izquierda de intención revolucionaria han dejado más que evidente el actual vacío en la conducción política de los estudiantes más conscientes. Las principales falencias de la alternativa revolucionaria son la ausencia de una perspectiva global del conflicto (la mayoría de los referentres solo tienen presencia en una región) dada por la ausencia de estructuras orgánicas nacionales, lo que se traduce en una incapacidad política sustancial. 

Hoy por hoy los referentes de la izquierda revolucionaria confunden la “radicalidad abstracta” con la “radicalización sustantiva”; se confunde lo reivindicativo que nos permite construir poder estudiantil y avanzar en la disputa de la hegemonía en materia educacional, construyendo unidad a interior del movimiento estudiantil y al exterior, con el resto de los actores sociales, con lo reivindicativo en abstracto. Puesto que, ¿de qué manera el movimiento estudiantil puede instalar políticamente sus demandas si no tiene un poder estudiantil que permita construir fuerza social de apoyo? ¿A caso esa izquierda “revolucionaria” que hoy por hoy nos plantea la alternativa de la ruptura con el CONFECH tiene la fuerza suficiente para poder instalar una alternativa real y no formal para el movimiento estudiantil en su conjunto? 

Hoy nosotros, los estudiantes de intención revolucionaria, debemos plantearnos con altura de miras este conflicto entendiendo que la construcción del poder estudiantil es una tarea de todos y que se construye políticamente con organización y claridad programática no de un día para otro, sino que disputando la hegemonía real del movimiento estudiantil en sus estructuras de representación, subvirtiéndolas y volcándolas al trabajo de los estudiantes de base. 

Para avanzar hacia eso debemos plantear una política reivindicativa que genera unidad al interior del mismo movimiento, fortaleciéndolo política y orgánicamente. Sólo la unidad de los de abajo es el poder que hace temblar a los poderosos; una unidad efectiva y no mezquina, una unidad real. Y para poder construir una unidad real debemos avanzar en las distintas formas de lucha que permitan la radicalización política de nuestras demandas. ¿De qué nos sirve una forma de lucha ,como una toma de una facultad periférica, si es que esta no potencia el desarrollo del poder estudiantil y la disputa por la hegemonía en política educacional? Solo la ortopedia de la izquierda periférica y enceguecida con el poder milita en nuestra contra como movimiento estudiantil.

Hoy nosotros, los estudiantes de base y de intención revolucionaria, debemos evaluar políticamente este desafío y plantearnos la tarea de avanzar en la construcción del poder estudiantil. Debemos tener claridad de que la salida política de este callejón en el que nos encontramos necesita de perspectiva histórica, necesita aprender de los errores de ayer con miras al fortalecimiento del movimiento en su conjunto. En ese panorama debemos tener al menos las siguientes precauciones y/o consideraciones: 

1) el movimiento estudiantil necesita una plataforma de lucha única que unifique a secundarios, universitarios de u'es privadas electas democráticamente y u'es públicas y que apueste a instalar programáticamente el horizonte político común: la educación como un derecho social y que responsa a los intereses del conjunto de la sociedad y no del mercado; 
2) necesitamos establecer una política de lucha mínima para el conjunto del movimiento estudiantil que permita la convergencia con otros actores sociales vinculados a la educación como docentes, funcionarios y familias; 
3) evitar cualquier tipo de negociación política con las autoridades antes del establecimiento de los punto 1 y 2 y sobre todo, antes de haber conquistado al menos las reivindicaciones de avanzada; 
4) debemos cuidarnos de no aislarnos políticamente. Ante ello es necesario denunciar el rol práctico de la izquierda marginal que de facto nos lleva a la ruptura y a la fragmentación del poder estudiantil; 
5) en el marco del repliegue de la concertación y del rol práctico del PC como partido pivote de la rearticulación política de la centro-izquierda, debemos evitar cualquier salida política que coopte al movimiento social y al movimiento estudiantil en su conjunto. Para ello es necesario establecer como horizonte posible, una salida social al conflicto social a través de las modalidades democráticas vigentes. Sólo la democracia social y radical nos permite disputar la construcción de un proyecto público de educación que responda a la necesidades de la clase trabajadora y de los sectores populares. 

 ¡¡Arriba los y las que luchan.!! 
¡Por el Socialismo y la libertad!!